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Bajo las calles de Xiutetelco emerge una ciudad ancestral que reescribe su historia

Por: Rocío Rios

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Lo que hoy es el corazón de San Juan Xiutetelco, en la Sierra Nororiental de Puebla, alguna vez fue una ciudad prehispánica de gran relevancia regional. Bajo el trazo urbano actual, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han comenzado a desenterrar evidencias que revelan la profundidad histórica de este asentamiento, cuyas raíces se extienden por más de mil años.

Desde diciembre de 2025, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del INAH, lleva a cabo un rescate arqueológico derivado de las obras de modernización impulsadas por el Ayuntamiento de Xiutetelco, encabezado por el presidente municipal Baltazar Narciso Baltazar. Los trabajos de repavimentación, drenaje, captación de agua pluvial y cableado subterráneo en la calle Cuauhtémoc abrieron la puerta a un hallazgo inesperado: los vestigios de una antigua ciudad que abarcó alrededor de 28 hectáreas.

Las primeras evidencias arquitectónicas localizadas corresponden a basamentos monumentales que apuntan a la existencia de un amplio complejo ceremonial. De acuerdo con los especialistas, este espacio no solo cumplió funciones rituales, sino que también habría operado como un nodo estratégico en las redes de intercambio de bienes suntuarios, conectando a Xiutetelco con grandes centros urbanos como Teotihuacan y Tula.

El proyecto está coordinado por el arqueólogo Alberto Díez Barroso Repizo, quien destaca que esta intervención da continuidad a investigaciones iniciadas en la década de 1940 por José García Payón, así como a diversas inspecciones realizadas en los años noventa. “Estamos frente a una oportunidad excepcional para comprender la evolución histórica de Xiutetelco a largo plazo”, señala.

El equipo de investigación, integrado por Edwin Pineda González, José Álvarez Ramírez, Gerardo Navarro Valencia y Ángel Aguilar Pacheco, ha recuperado materiales que permiten reconstruir el modo de vida de los antiguos habitantes del lugar. Los hallazgos indican una ocupación continua que abarca desde periodos previos al Clásico (100–650 d.C.) hasta el Posclásico Temprano (900–1200 d.C.), lo que evidencia un prolongado desarrollo cultural.

Uno de los descubrimientos más significativos ocurrió a inicios de enero de 2026: una olla globular de aproximadamente 30 centímetros de diámetro, asociada a la plataforma de un basamento y fechada tentativamente en el periodo Epiclásico (600–900 d.C.). Este tipo de vasijas suele relacionarse con prácticas funerarias, particularmente con entierros de infantes recién nacidos, una costumbre documentada en diversas regiones de Mesoamérica.

Para Díez Barroso, el contexto del hallazgo es clave. “La asociación de la olla con una gran plataforma nos permitirá avanzar en la hipótesis del culto a los ancestros dentro del recinto ceremonial”, explica. Debido a su fragilidad, la pieza fue extraída en bloque para su análisis detallado y posterior resguardo en el Museo Comunitario de Xiutetelco.

Este museo, administrado por una asociación civil que colabora con el INAH, ha protegido durante dos décadas una valiosa colección de piezas prehispánicas de la región. En este sentido, el director del Centro INAH Puebla, Gustavo Donnadieu Cervantes, respaldó que los nuevos materiales recuperados se integren a su acervo, fortaleciendo uno de los espacios culturales más importantes de la Sierra Nororiental.

Aunque la temporada de investigación apenas comienza, los especialistas anticipan que los trabajos arrojarán nuevas pistas sobre la relación de Xiutetelco con la cultura huasteca y su posible papel como núcleo poblacional totonaca. Por ahora, cada capa de tierra removida confirma que, bajo las calles del presente, permanece viva la memoria de una ciudad ancestral que aún tiene mucho por contar.