Prepárate para retrasar tu reloj la noche previa al 26 de octubre. Disfruta de esa hora extra de sueño… aunque tu cuerpo quizás tarde unos días en agradecerlo
Una vez más, el calendario marca una cita con una de las costumbres más antiguas —y discutidas— de nuestras rutinas anuales: el cambio al horario de invierno. En este 2025, el ajuste se producirá en la madrugada del sábado 25 al domingo 26 de octubre, momento en el que deberemos atrasar los relojes una hora, es decir, a las 03:00 volverán a marcar las 02:00.
Aunque para muchos esto significa dormir una hora más, lo cierto es que el cambio de hora genera más impacto del que parece. Nuestro reloj biológico, o ritmo circadiano, se ve afectado por esta alteración, y puede provocar desde insomnio hasta irritabilidad, fatiga o desajustes metabólicos, especialmente en niños, personas mayores o quienes ya sufren trastornos del sueño.
Una historia marcada por guerras, ahorro energético y desacuerdos
El origen del cambio de hora no es reciente. De hecho, se remonta al siglo XVIII, cuando Benjamin Franklin propuso aprovechar mejor la luz solar para ahorrar velas. Sin embargo, fue en el siglo XX, y particularmente tras la crisis energética de los años 70, cuando esta práctica se institucionalizó como una estrategia para ahorrar energía.
Hoy, más de 50 años después, su utilidad está más cuestionada que nunca. Con tecnologías eficientes como la iluminación LED, horarios laborales flexibles y el auge del teletrabajo, muchos expertos consideran que el ahorro es simbólico y los efectos negativos sobre la salud y el rendimiento no justifican su mantenimiento.
¿Por qué no se ha eliminado?
Aunque en 2018 la Comisión Europea propuso terminar con el cambio horario, los países miembros no lograron llegar a un acuerdo. En España, una comisión de expertos tampoco encontró suficiente consenso, por lo que, al menos hasta 2026, seguiremos ajustando el reloj dos veces al año.
¿Cómo afecta realmente a tu cuerpo?
Más allá de lo que marca el reloj, el verdadero impacto es interno. El cuerpo humano funciona en sintonía con la luz solar, y mover una hora el ciclo diario puede compararse a un pequeño “jet lag”. Esto puede alterar el sueño, la concentración e incluso la salud cardiovascular.
España, además, tiene un huso horario desajustado con su ubicación geográfica real, ya que vivimos con el horario de Europa Central, cuando por longitud deberíamos compartir zona horaria con Reino Unido o Portugal. Esto agrava aún más los efectos del cambio estacional.
Consejos para adaptarte mejor al horario de invierno
Aunque no podemos evitar el cambio, sí podemos suavizar su impacto:
-
Adapta tus rutinas con antelación, ajustando horarios de sueño, comida y exposición a la luz gradualmente.
-
Aprovecha la luz natural por las mañanas para ayudar a tu cuerpo a sincronizarse.
-
Mantén horarios regulares incluso los fines de semana, especialmente para dormir y comer.
-
Escucha a tu cuerpo: si te sientes más cansado los días posteriores, baja el ritmo y prioriza el descanso.
¿Estamos ante el último cambio de hora?
Cada vez más países están eliminando el cambio horario: Rusia, México y Turquía ya han apostado por un horario fijo durante todo el año. En España, aún no hay una decisión definitiva, pero el debate sigue abierto y todo indica que esta práctica podría tener los días contados.