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Descubren que la mayoría de los perros modernos conservan ADN de lobo salvaje

Por: Rocío Rios

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Un descubrimiento reciente está redefiniendo la historia de los perros tal como la conocemos. Un estudio internacional publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences reveló que la mayoría de los perros domésticos actuales —incluidos los más pequeños, como los chihuahuas— conservan fragmentos de ADN de lobos salvajes debido a cruces repetidos a lo largo de miles de años.

Durante décadas, la narrativa científica ampliamente aceptada señalaba que los perros descendían exclusivamente de un antiguo linaje de lobos grises que, hace más de 20 mil años, se acercó a los primeros asentamientos humanos en busca de comida. Con el tiempo, los lobos más dóciles se integraron a la vida humana, dando inicio al proceso de domesticación. Sin embargo, los nuevos hallazgos sugieren que la historia es mucho más compleja.

El estudio, llevado a cabo por expertos del Museo Americano de Historia Natural y el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, analizó más de 2,700 genomas de perros y lobos, tanto antiguos como modernos. Los resultados revelan que casi dos tercios de las razas de perros actuales tienen material genético heredado de lobos salvajes. Esta influencia no proviene del linaje ancestral que dio origen a la domesticación, sino de múltiples episodios posteriores de cruce entre perros y lobos a lo largo de los siglos.

La presencia de este ADN “extra” es aún más evidente en los perros llamados “de aldea” o “salvajes”, aquellos que viven en estado semidomesticado cerca de comunidades humanas, como ocurre en varias regiones de África. Estos animales mantienen un contacto más frecuente con lobos u otros cánidos salvajes, lo que facilita el intercambio genético.

Los científicos señalan que este descubrimiento no sólo reescribe parte de la historia evolutiva del perro, sino que también podría ayudar a entender mejor características conductuales, fisiológicas y de salud presentes en diversas razas actuales.

El hallazgo confirma algo sorprendente: incluso el más pequeño y aparentemente indefenso de los perros lleva en su código genético un fragmento del lobo que fue alguna vez. Una herencia salvaje que, al parecer, nunca se perdió.