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El descenso de Kukulcán: el fenómeno que marca la llegada de la primavera en Chichén Itzá

Por: Rocío Rios

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  • Durante 4 o 5 días en las horas anteriores a la puesta de sol, las nueve plataformas del edificio proyectan sobre la escalera norte la sombra sobre la escultura de la serpiente y dibujan siete triángulos sobre la misma

Cada año, el equinoccio de marzo marca el inicio de la primavera en el hemisferio norte. Se trata de un evento astronómico que ocurre cuando los rayos solares inciden perpendicularmente sobre el ecuador, provocando que el día y la noche tengan prácticamente la misma duración.

En 2026, la primavera llegará a México el 20 de marzo a las 8:46 horas (tiempo del centro). En esa fecha, miles de visitantes se congregarán en la zona arqueológica de Chichén Itzá, en Yucatán, para presenciar el llamado “descenso del dios Kukulcán”, un espectáculo de luz y sombra que convierte a la pirámide principal en escenario de un fenómeno único.

Un prodigio arquitectónico y astronómico

La pirámide de Kukulcán —conocida también como El Castillo— es considerada una obra maestra de la arquitectura maya. Su diseño responde a avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos desarrollados por esta civilización.

Durante cuatro o cinco días alrededor del equinoccio, en las horas previas a la puesta del sol, las nueve plataformas escalonadas proyectan sombras triangulares sobre la escalinata norte. Estas sombras forman la silueta de una serpiente que parece descender hasta la base del templo, donde se encuentran esculpidas dos monumentales cabezas del reptil.

El efecto óptico dura alrededor de 10 minutos y simboliza la llegada de Kukulcán —la serpiente emplumada— a la tierra para fertilizarla con la promesa de lluvias y abundancia.

Centro sagrado de la élite maya

Levantada en torno a un cenote sagrado, la ciudad de Chichén Itzá fue uno de los principales centros políticos, religiosos y económicos del mundo maya a partir del siglo X. El propio nombre alude a su origen: “Chichén” significa “boca del pozo”, mientras que “Itzá” hace referencia a los itzaes, antiguos pobladores de la región.

El cenote, de aproximadamente 35 metros de profundidad, fue lugar de peregrinación y ritual durante siglos. En sus aguas se han hallado restos de ofrendas como oro, jade y obsidiana, así como vestigios humanos asociados a ceremonias religiosas.

La pirámide estaba conectada al cenote mediante una calzada y formaba parte de un complejo urbano que incluía edificaciones emblemáticas como el Gran Juego de Pelota y el Templo de los Guerreros. Al noroeste se ubicaba el Templo de los Jaguares y el tzompantli, altar donde se exhibían cráneos como parte de rituales sagrados.

Un calendario tallado en piedra

El Castillo no solo destaca por su simbolismo, sino por su precisión numérica. Está conformado por nueve plataformas que representan los niveles del inframundo maya. Cada una de sus cuatro escalinatas cuenta con 91 peldaños: en total 364, que sumados a la plataforma superior dan 365, número equivalente a los días del año solar.

En la parte superior, el templo rectangular estaba coronado por 20 almenas, cifra que coincide con los días del mes en el calendario maya. De esta manera, el edificio integra referencias al año solar, el calendario mesoamericano, los rumbos del universo y la cosmovisión religiosa.

De ciudad próspera a ruina cubierta por la selva

A partir del siglo XIII, Chichén Itzá inició un proceso de decadencia que culminó con su abandono. Durante siglos permaneció oculta bajo la vegetación hasta que fue redescubierta por exploradores europeos en el siglo XIX. En 1843, el artista y viajero Frederick Catherwood realizó detallados dibujos que dieron a conocer al mundo la majestuosidad de sus construcciones.

Hoy, cada equinoccio, el “despertar de la serpiente” reafirma la conexión entre astronomía, arquitectura y espiritualidad que caracterizó a la civilización maya. El descenso de Kukulcán no solo marca el inicio de la primavera, sino que revive una cosmovisión en la que el movimiento del sol y el paso del tiempo estaban profundamente entrelazados con la vida cotidiana y el orden del universo.

FUENTE: National Geographic