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El impacto psicológico de los propósitos de Año Nuevo y las claves para lograrlos

Por: Rocío Rios

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Por qué fracasan muchos propósitos y qué dice la psicología para cumplirlos sin culpa ni autosabotaje

Con la llegada de un nuevo año, millones de personas se plantean propósitos de Año Nuevo con la intención de mejorar su salud, su bienestar o su estilo de vida. Comer más sano, hacer ejercicio, leer más o reducir el estrés suelen encabezar la lista. Sin embargo, estos objetivos, pensados para sacar nuestra mejor versión, no siempre se cumplen y pueden tener un impacto psicológico complejo, marcado por la frustración, la culpa y el autosabotaje.

La frase “este año sí voy a ir al gimnasio” se ha convertido en un chascarrillo popular que refleja una realidad común: el entusiasmo inicial suele diluirse con el paso de las semanas. Al mirar atrás, muchas personas sienten que han fallado repetidamente y se preguntan si sus metas eran demasiado ambiciosas o si simplemente “no son capaces” de lograrlas.

Las creencias autolimitantes: el enemigo invisible

Según la Dra. Debar, médica general de la Clínica Mayo de Londres, existe un factor clave detrás del fracaso de muchos propósitos: las creencias autolimitantes. “Son verdades fundamentales que creemos sobre nosotros mismos y que resultan perjudiciales”, explica.

Estas creencias suelen manifestarse en pensamientos como “no puedo perder peso porque me encantan los dulces”, “soy demasiado perezoso para hacer ejercicio” o “odio el gimnasio”. Para la especialista, se trata de ideas autoimpuestas que, vistas desde fuera, son fácilmente cuestionables. “Si no te gusta el gimnasio, puedes hacer ejercicio en otros espacios donde te sientas cómodo”, señala.

El problema es que creer que no podemos lograr algo crea una barrera mental entre la persona y su objetivo. Con el tiempo, estas creencias pueden derivar en conductas autodestructivas que minan la autoestima. “Las personas terminan convenciéndose de que no se lo merecen y generan falsas evidencias para sabotearse”, advierte la Dra. Debar.

La narrativa interna y el autosabotaje

Frases como “¿para qué voy a comer sano si no valgo la pena?” o “¿por qué poner límites si no soy importante?” son ejemplos de cómo la narrativa interna puede volverse en contra del bienestar personal. En la mente, estas ideas “tienen sentido”, pero refuerzan un ciclo de abandono y culpa.

Para romperlo, la especialista recomienda aprovechar cualquier situación con carga emocional para reflexionar sobre los pensamientos automáticos. Una estrategia útil es escribir todo lo que pasa por la mente —lo que ella llama “flujo de conciencia”— y releerlo con distancia. “Ahí se detectan las distorsiones y se empieza a conocer la propia narrativa interna”, explica.

Cómo formular los propósitos para tener éxito

Más allá del aspecto emocional, la forma en que se plantean los propósitos también influye en su cumplimiento. Un estudio de las universidades de Estocolmo y Linköping, realizado con 1,066 personas, reveló que quienes formulaban sus objetivos con frases como “comenzaré a” tenían más éxito que quienes los planteaban como “voy a dejar de”.

Este enfoque positivo, centrado en adquirir un hábito en lugar de evitar uno, facilita el cambio. Por ejemplo, es más efectivo proponerse “comenzar a leer antes de dormir” que “dejar de usar el celular en la cama”.

El profesor Per Carlbring, del Departamento de Psicología de la Universidad de Estocolmo, explica que reformular un objetivo puede marcar la diferencia. “Si alguien quiere dejar de comer dulces, probablemente tenga más éxito si se propone comer fruta varias veces al día”, señala. Así, se sustituye una conducta por otra más saludable, en lugar de enfocarse solo en la prohibición.

Pequeños cambios, grandes resultados

Aunque no todos los propósitos pueden reformularse con facilidad —como dejar de fumar—, los especialistas coinciden en un punto clave: la constancia es más importante que la perfección. Cambiar comportamientos arraigados requiere tiempo, paciencia y esfuerzo sostenido.

“Hay que empezar con cambios pequeños, graduales y constantes”, subraya la Dra. Debar. Los errores ocasionales no deben interpretarse como fracasos definitivos, sino como oportunidades para retomar el camino. Al final, el año es largo y ofrece múltiples momentos para ajustar hábitos y avanzar.

Más que una lista de exigencias, los propósitos de Año Nuevo pueden convertirse en una herramienta de autoconocimiento y cuidado personal, siempre que se formulen desde la comprensión, la flexibilidad y la empatía con uno mismo.