Bernhard Schmidt transformó la astronomía moderna sin disfrutar el reconocimiento en vida
El 30 de marzo de 1879 nació en Estonia Bernhard Woldemar Schmidt, uno de los grandes innovadores del diseño óptico del siglo XX. Desde niño dejó ver su talento excepcional: construyó su propia cámara fotográfica, impulsado por una curiosidad que marcaría toda su vida.
Esa misma inquietud lo llevó a sufrir un accidente que le costó el antebrazo derecho. Lejos de rendirse, convirtió la adversidad en motor creativo. Trabajó en la empresa Volta Electric Motor Works, pero hacia 1901 encontró su verdadera vocación: el diseño y fabricación de piezas ópticas de alta precisión para aplicaciones astronómicas.
Entre 1904 y 1914, sus lentes y espejos ya eran altamente cotizados por astrónomos aficionados y profesionales. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial lo llevó a la quiebra y lo obligó a vender herramientas y equipos. A pesar del golpe, Schmidt persistió.
Desde 1916 mantuvo contacto con el astrónomo Richard Schorr, director del Observatorio de Hamburgo en Bergedorf. En 1926, tras varios intentos fallidos por impulsar sus propias patentes —incluida una hélice impulsada por viento para barcos— aceptó instalar un modesto taller en el sótano del observatorio. Allí reparaba instrumentos mientras sobrevivía con ingresos mínimos.
La cámara que cambió la astronomía
El momento decisivo llegó en 1929, cuando presentó al astrónomo Walter Baade un diseño revolucionario: una cámara reflexiva de gran angular que transformaría la observación del cielo profundo.
La llamada “Schmidtspiegel” o Cámara Schmidt combinaba un espejo esférico con una innovadora placa correctora asférica colocada en el centro de curvatura del espejo. Con esta solución eliminaba aberraciones ópticas que hasta entonces limitaban a los telescopios de gran campo.
El resultado fue un instrumento capaz de fotografiar amplias regiones del firmamento con gran nitidez y tiempos de exposición mucho menores. Su primer modelo, construido en 1930, tenía una apertura de 360 milímetros y una relación focal de f/1.75. El avance marcó el inicio de la era de los telescopios catadióptricos modernos.
Para fabricar la compleja placa correctora, Schmidt ideó el llamado “método de la cazuela de vacío”, una técnica inédita que demostró su extraordinaria capacidad de innovación técnica y conceptual.
Paradójicamente, la invención coincidió con la Gran Depresión. No llegaron suficientes encargos y el científico nunca logró estabilidad económica.
El legado que no alcanzó a ver
Bernhard Woldemar Schmidt murió el 1 de diciembre de 1935 en Hamburgo, víctima de una infección pulmonar, a los 56 años. Nunca vio el impacto real de su creación.
Tras su muerte, gracias al impulso de Walter Baade, la idea del telescopio Schmidt se expandió rápidamente. En 1936 se construyó uno de 18 pulgadas, y más tarde el célebre telescopio Schmidt de 48 pulgadas del Observatorio Palomar, que produjo una avalancha de descubrimientos astronómicos. En Alemania también se levantó un gran telescopio Schmidt en el Observatorio Karl Schwarzschild, considerado durante años el más grande de su tipo.
Su influencia llegó hasta México. La Cámara Schmidt del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla fue construida en los talleres de Harvard e instalada en 1942. Vio su primera luz científica la noche del 13 al 14 de octubre de 1944, contribuyendo a importantes estudios del cielo profundo.
Hoy, el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) resguarda alrededor de 15 mil placas astrofotográficas obtenidas con esta cámara, correspondientes a diversas regiones de la bóveda celeste, principalmente de las constelaciones de Orión, Tauro, Cáncer, Escorpio, Sagitario y Osa Mayor, entre otras.
El INAOE, institución científica cuya existencia en Tonantzintla, Puebla pasa desapercibida para muchos visitantes e incluso para los propios poblanos, cuenta con un programa de visitas guiadas dirigido a estudiantes de todos los niveles. Además, la temporada de observaciones nocturnas en la histórica Cámara Schmidt se realiza de octubre a marzo, periodo en el que suelen organizarse veladas astronómicas.
Aunque en vida no recibió el reconocimiento que merecía, hoy un cráter lunar y un asteroide llevan su nombre. Con una sola mano y una mente brillante, Bernhard Schmidt cambió para siempre la forma de mirar el universo.
El genio que revolucionó el cielo… y no lo vio brillar, pero cada vez que una cámara Schmidt apunta al cielo, su ingenio vuelve a iluminarlo.