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Estudios científicos replantean el papel del ejercicio en la pérdida de peso

Por: Rocío Rios

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  • La Ciencia cuestiona el mito: dieta tendría mayor impacto que el ejercicio en la pérdida de peso

Durante décadas, la idea de que el ejercicio físico es el principal factor para adelgazar ha dominado recomendaciones de salud y rutinas personales. Sin embargo, nuevas investigaciones internacionales comienzan a cambiar esa percepción al señalar que, si bien la actividad física es fundamental para el bienestar general, su impacto directo en la reducción de grasa corporal sería menor frente al papel determinante de la alimentación, especialmente del consumo de productos ultraprocesados.

Un análisis que reunió información de más de 4 mil 200 personas en 34 países concluye que el cuerpo humano posee mecanismos de adaptación metabólica que limitan el efecto del ejercicio sobre el gasto energético total. Los estudios, difundidos por publicaciones científicas especializadas, indican que el organismo tiende a compensar el aumento de actividad física reduciendo el consumo de energía en otras funciones internas, lo que disminuye el efecto esperado sobre la pérdida de peso.

Los investigadores Herman Pontzer y Eric Trexler, de la Universidad Duke, analizaron diversos ensayos clínicos y observaron que el incremento del gasto calórico mediante ejercicio no se traduce necesariamente en una reducción proporcional del tejido graso. Este fenómeno, conocido como efecto compensatorio, explica por qué el cuerpo puede ajustar su metabolismo para mantener un equilibrio energético, incluso cuando se incrementa la actividad física.

De acuerdo con los especialistas, gran parte de la energía diaria se destina a funciones vitales como la respiración, la circulación o el mantenimiento celular, mientras que el ejercicio representa solo una fracción del consumo energético total. Esto ayuda a entender por qué personas con niveles de actividad muy distintos pueden presentar gastos calóricos similares cuando se consideran variables como el tamaño corporal o la composición física.

El análisis también destaca que no todos los ejercicios generan la misma respuesta metabólica. Mientras el ejercicio aeróbico muestra una mayor tendencia a la compensación energética, el entrenamiento de resistencia o levantamiento de pesas puede producir efectos distintos al favorecer el aumento de masa muscular, aunque sin garantizar una reducción significativa de grasa corporal por sí solo.

En contraste, la evidencia científica apunta a la alimentación como el factor central en el control del peso. Investigaciones recientes subrayan que el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados —caracterizados por altos niveles de azúcares, grasas y sal, así como baja densidad nutricional— está estrechamente relacionado con el aumento del sobrepeso y la obesidad. Estos productos, diseñados para resultar altamente apetecibles, facilitan un mayor consumo calórico sin generar suficiente saciedad.

Especialistas en nutrición coinciden en que reducir la ingesta de ultraprocesados suele derivar en una disminución natural del consumo energético, lo que favorece la pérdida de peso de manera más efectiva que el ejercicio aislado. No obstante, aclaran que los datos provienen en gran medida de análisis poblacionales, por lo que aún se requieren estudios más prolongados para establecer relaciones causales definitivas.

Pese a estos hallazgos, la comunidad científica insiste en que el ejercicio mantiene un papel esencial en la salud integral. La actividad física regular contribuye a la prevención de enfermedades cardiovasculares, mejora la salud mental, fortalece huesos y músculos, y favorece la calidad y expectativa de vida, aunque su impacto en la balanza sea limitado.

El debate continúa abierto entre especialistas, quienes señalan la necesidad de profundizar en estudios que analicen la interacción entre dieta, actividad física y metabolismo a largo plazo. Mientras tanto, la evidencia actual apunta a un cambio de enfoque: más que centrarse únicamente en el ejercicio para adelgazar, la combinación de hábitos alimenticios saludables y actividad física constante aparece como la estrategia más efectiva para mejorar la salud y el bienestar general.