Durante miles de millones de años, la Luna ha sido la compañera silenciosa de la Tierra, marcando el ritmo de las mareas, inspirando mitologías y protagonizando eclipses que han maravillado a la humanidad. Sin embargo, un fenómeno imperceptible a simple vista está transformando lentamente la relación entre ambos cuerpos celestes: la Luna se aleja de nuestro planeta aproximadamente 3,8 centímetros por año.
Gracias a experimentos iniciados durante las misiones Apolo en los años 60 y 70, los científicos han podido medir con precisión casi milimétrica este alejamiento. Los cálculos revelan que, si retrocediéramos en el tiempo, la Luna habría estado extremadamente cerca de la Tierra hace más de 1.500 millones de años, aunque su órbita no ha sido constante y ha experimentado períodos de mayor estabilidad y otros de aceleración. Evidencias de este fenómeno se encuentran en fósiles marinos, corales y capas sedimentarias, que muestran que hace 70 millones de años un día terrestre duraba apenas 23,5 horas. Hoy, los días se alargan gradualmente gracias al alejamiento lunar.
El fenómeno está vinculado directamente a las mareas. La gravedad de la Luna provoca que los océanos se abulten, pero como la Tierra gira más rápido que la órbita lunar, estos “abultamientos” actúan como un freno que transfiere energía a la Luna, empujándola hacia una órbita más alta. Este proceso ralentiza la rotación terrestre, modifica la duración de los días y mantiene un delicado equilibrio cósmico que se desarrolla lentamente a lo largo de millones de años.
El futuro del sistema Tierra-Luna apunta a un curioso equilibrio conocido como “acoplamiento mareal total”, donde un día terrestre duraría tanto como un mes lunar y la Tierra mostraría siempre la misma cara al satélite. No obstante, este escenario no se completará, ya que dentro de unos 1.000 millones de años el aumento de brillo del Sol evaporará los océanos y, en 5.000 millones de años, el Sol se convertirá en una gigantesca estrella roja que engullirá a la Tierra y a la Luna.
Entre los efectos más visibles del alejamiento lunar se encuentra la desaparición futura de los eclipses solares totales. Actualmente, el tamaño aparente de la Luna permite cubrir por completo al Sol durante estos eventos, pero conforme se aleje, solo serán posibles los eclipses anulares, en los que un aro de luz solar rodea al satélite.
Aunque el proceso es extremadamente lento y sus efectos no se perciben en la vida humana, los cambios podrían influir en el clima y la estabilidad de los ecosistemas a largo plazo. Desde los primeros seres vivos hasta las civilizaciones humanas, la Luna ha marcado calendarios, ciclos y tradiciones. Hoy, sigue desempeñando un papel crucial en la dinámica planetaria, recordándonos que incluso los movimientos más sutiles del cosmos tienen un impacto profundo en nuestro mundo.