Entre recuerdos y sonrisas: la ciencia revela por qué la Navidad nos hace sentir felices y nostálgicos
La Navidad es una época que genera simultáneamente felicidad y nostalgia en gran parte de las personas. Este fenómeno se explica porque, durante estas fechas, suele reunirse la familia y fortalecerse los vínculos afectivos, activando memorias emocionales vinculadas con la infancia y las tradiciones familiares.
La nostalgia: un sentimiento positivo
“La nostalgia no necesariamente implica tristeza; es extrañar algo y, al mismo tiempo, recordar momentos agradables”, explica Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Departamento de Biología Celular y Fisiología del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM y académico de la Facultad de Psicología.
Según Gutiérrez Ospina, aunque las familias pueden ser disfuncionales en el día a día, en Navidad “todo el mundo tiene una vocación de cuidado por el otro”, que se manifiesta en la comida, los regalos y los gestos considerados. Esta atmósfera genera un ambiente de felicidad y “apapacho”, un sentimiento de bienestar que todos desearían que durara todo el año.
La biología de la felicidad navideña
Durante la Navidad, el organismo responde físicamente a los estímulos familiares y festivos. Recibir regalos genera expectativa y gozo, especialmente en los niños. Este “estrés bueno” se traduce en liberación de hormonas como la oxitocina y la dopamina, que proporcionan felicidad y reducen la inflamación. Al mismo tiempo, disminuye el cortisol, hormona asociada al estrés, permitiendo un estado fisiológico más equilibrado.
El cerebro también participa activamente. Los estímulos visuales como el árbol de Navidad, las luces y los regalos activan los ganglios basales, la corteza prefrontal, el hipocampo, la amígdala y la corteza entorrinal, generando recuerdos agradables y bienestar transitorio. Estos estímulos pueden provocar respuestas físicas como aceleración del corazón, aumento de la respiración, sudoración y tensión muscular.
Diferencias entre infancia y adultez
La percepción de la Navidad cambia con la edad. “De niños nos hacen creer en cosas extraordinarias, que todo es maravilloso”, comenta el investigador. La magia de Santa Claus, los Reyes Magos y los regalos crea emociones intensas y memorias duraderas.
En contraste, los adultos pueden experimentar estrés por la organización: buscar regalos específicos, lidiar con multitudes o estacionamientos complicados. Sin embargo, también disfrutan de un ambiente más relajado y de las interacciones familiares sin la presión de la fantasía infantil.
Más allá de la Navidad
Gutiérrez Ospina señala que otras celebraciones como cumpleaños, eventos deportivos, Día de la Independencia o Día de Muertos pueden generar efectos emocionales similares. Estas fechas forman parte de una simbología social que permite a las personas modificar temporalmente su rutina y experimentar bienestar emocional.
La Navidad no es solo una festividad; es un fenómeno emocional y biológico. Las memorias afectivas, los vínculos familiares y las respuestas cerebrales se combinan para crear un sentimiento de felicidad y nostalgia que fortalece los lazos y genera recuerdos que perduran más allá de la temporada.