La estatuilla dorada que cada año simboliza el máximo reconocimiento del cine mundial es conocida en todo el planeta como el Oscar. Sin embargo, detrás de ese nombre popular existe una historia poco conocida que combina anécdotas internas, influencia periodística y el paso del tiempo hasta convertirse en uno de los símbolos culturales más reconocibles de Hollywood.
Aunque el público la identifica simplemente como “Oscar”, su nombre oficial es Premio de la Academia al Mérito, denominación con la que fue concebida originalmente por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas cuando decidió, a finales de la década de 1920, crear un galardón que distinguiera lo mejor del séptimo arte. La primera ceremonia se realizó en 1929, cuando el reconocimiento aún era anunciado únicamente como los Premios de la Academia.
El diseño de la estatuilla fue ideado por Cedric Gibbons, director de arte de Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), quien imaginó la figura de un caballero sosteniendo una espada sobre un carrete cinematográfico. Desde entonces, la imagen se mantuvo prácticamente intacta y se convirtió en un emblema del éxito en la industria cinematográfica.
El origen del apodo “Oscar”, sin embargo, sigue rodeado de versiones distintas. Una de las historias más difundidas atribuye el nombre a Margaret Herrick, bibliotecaria y posteriormente directora ejecutiva de la Academia, quien habría comentado que la figura le recordaba a su tío llamado Oscar. El sobrenombre comenzó a circular de forma informal entre el personal de la institución.
Otra teoría involucra a la actriz Bette Davis, quien aseguró que la estatuilla le recordaba a su entonces esposo, Harmon Oscar Nelson. No obstante, investigadores del cine han señalado que el término ya era utilizado antes de esta anécdota, lo que debilita esa explicación.
La hipótesis con mayor respaldo histórico apunta al periodista Sidney Skolsky, columnista especializado en Hollywood, quien utilizó el nombre “Oscar” en una publicación de 1934 al cubrir la victoria de Katharine Hepburn. Su intención habría sido restar solemnidad a la ceremonia con un tono más cercano y humorístico. La rápida difusión del término en la prensa contribuyó a que el público adoptara el apodo de manera definitiva.
Finalmente, en 1939, la Academia oficializó el nombre Oscar, consolidando una denominación breve y memorable que terminó por reemplazar al título formal en el imaginario colectivo.
Hoy, a las puertas de la edición número 98 de los premios, la estatuilla mantiene intacto su peso simbólico. Más allá de su diseño o su nombre, representa décadas de historia cinematográfica, reconocimiento artístico y aspiraciones profesionales. Cada año, nuevas producciones compiten por obtenerla, reafirmando el lugar del Oscar como el galardón más influyente del cine internacional y un símbolo que ha logrado trascender generaciones.