LONDRES.– Pinceladas desbordantes, la huida de París bajo la amenaza nazi y una etapa marcada por la experimentación radical. Tres momentos distintos en la trayectoria de Pablo Picasso confluyen en una subasta que promete captar la atención del mercado internacional del arte. La casa Christie’s pondrá a la venta el próximo 5 de marzo, en su sede de Londres, tres obras pintadas entre 1929 y 1964, reflejo del amplio abanico estilístico del artista español y de su permanente capacidad de reinvención.
La pieza que encabeza la puja es La peintre et son modèle (1964), con una valoración estimada de entre siete y diez millones de libras (entre ocho y 11,5 millones de euros). Perteneciente a la serie Artistas y modelos, la obra resume la energía y libertad con que Picasso abordó sus últimos años creativos. Las pinceladas amplias y vibrantes dominan un lienzo de gran formato —casi dos metros de altura— que, según explicó Michèle McMullan, especialista en Arte Moderno de la galería, es el más grande que el malagueño pintó en la década de los sesenta. “Es impresionante por su tamaño y por la fuerza que transmite”, subrayó.
La segunda obra en subasta, Nu debout et femmes assises (1939), aspira a alcanzar entre tres y cinco millones de libras (3,5 a 5,74 millones de euros). Este cuadro forma parte de una colección más amplia compuesta por 230 piezas, de las cuales se considera una de las 34 más relevantes. Para Olivier Camu, subdirector de Arte Moderno e Impresionismo de Christie’s, se trata incluso de la mejor de su conjunto.
La historia detrás de esta pintura añade un componente histórico de alto voltaje. Fue realizada en Burdeos, adonde Picasso se trasladó tras abandonar París ante la expansión nazi. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadía Polonia, detonando la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto de incertidumbre, el artista produjo ocho pequeños cuadros en Burdeos; Nu debout et femmes assises es uno de ellos, testimonio íntimo de un periodo convulso tanto en lo personal como en lo histórico.
Completa la terna Figure (1929), con un valor estimado más moderado —entre 600.000 y 800.000 libras (casi 690.000 y 918.000 euros)—, aunque no menos significativo desde el punto de vista artístico. Pintada durante una etapa de intensa transformación personal y creativa, la obra representa la percepción del artista sobre la forma humana y se inscribe en un periodo marcado por la experimentación con la metamorfosis y la distorsión. En esos años, Picasso exploraba nuevas posibilidades formales, dando paso a un lenguaje plástico innovador que ampliaba los límites de la representación tradicional.
La subasta confirma la vigencia del genio español en el mercado internacional y la solidez de su cotización décadas después de su muerte. Más allá de las cifras, que podrían dispararse el día de la puja, las tres piezas revelan capítulos menos difundidos de su biografía: la monumentalidad expresiva de sus últimos años, la resiliencia creativa en tiempos de guerra y la audacia experimental de finales de los años veinte.
En conjunto, la venta no solo promete resultados económicos sobresalientes, sino también reavivar el interés por la inagotable capacidad de reinvención de Picasso, un artista cuya obra continúa marcando el pulso del arte moderno más de medio siglo después.