Lo ocurrido ayer en el Senado merece una explicación mucho más profunda que la cómoda historia de un grupo de románticos defendiendo el “mérito deportivo”. Porque cuando uno empieza a revisar quiénes participaron, quiénes no fueron invitados, quiénes tienen intereses económicos, quiénes mantienen relaciones políticas desde hace años y quién terminó utilizando la tribuna del Senado para atacar públicamente a quienes han construido esta industria, aparecen demasiadas preguntas. Y alguien debería contestarlas.
UNA MESA CON LA CONCLUSIÓN ESCRITA
El propio título del encuentro lo decía todo: “¿Por qué es injusto cancelar el ascenso y descenso?” No preguntaron si era injusto. Preguntaron por qué. La conclusión estaba escrita antes de comenzar la discusión. Pero existe algo todavía más sorprendente: los 18 clubes de Liga MX no fueron invitados. Se invitó a representantes institucionales, pero no a los 18 clubes que invierten, arriesgan su capital y sostienen buena parte de la estructura sobre la que funciona el fútbol profesional mexicano. Tampoco estaban representados todos los clubes de Expansión. Entonces la primera pregunta es elemental: ¿Quién decidió quién podía sentarse en esa mesa y quién no? Porque si realmente se pretendía discutir el futuro del fútbol mexicano, resulta extraño organizar una conversación en el Senado dejando fuera a los 18 clubes de Primera División. Eso no parece un debate. Parece la presentación de una posición.
LOS 18 NO MANTIENEN SOLAMENTE 18 PRIMEROS EQUIPOS
Hay otra parte de esta historia que convenientemente desaparece cuando se habla de “mérito deportivo”. Los clubes de Liga MX están obligados a sostener una estructura que va muchísimo más allá de los once futbolistas que aparecen en televisión cada fin de semana. Mantienen distintas divisiones masculinas y femeninas. Fuerzas básicas. Procesos formativos. Cuerpos técnicos. Médicos. Preparadores físicos. Instalaciones. Academias. Viajes. Competencias. Infraestructura. Desarrollo de futbolistas. Miles de jugadores, entrenadores y trabajadores viven dentro de ese ecosistema. Todo cuesta. Y buena parte de ello no es opcional para los clubes de la Liga MX. Por eso resulta demasiado sencillo exigir el derecho de llegar a Primera División hablando exclusivamente de lo que sucede durante 90 minutos. El mérito deportivo también consiste en construir una institución capaz de cumplir las obligaciones de estar ahí.
EL EXTRAÑO REPRESENTANTE DE LOS FUTBOLISTAS
Entre las personas elegidas para tomar el micrófono en el Senado apareció Roberto María Galán de Morales, portero español recientemente registrado por Atlético Morelia. Conviene revisar su trayectoria antes de escuchar sus lecciones sobre la Primera División mexicana. Los registros deportivos disponibles en España lo ubican en clubes como La Solana, Marchamalo y Alovera. Tercera Federación. Fútbol autonómico. Sin experiencia en la Primera División española. Sin experiencia en la Segunda División profesional española. Y después de nueve jornadas de Expansión MX: cero minutos jugados. Pero ayer Galán finalmente fue titular. No en una cancha. En el Senado de la República. Ahí sí tuvo minutos. Ahí sí encontró micrófono. Y desde esa tribuna recurrió incluso al ejemplo de un equipo de Primera División, utilizado con evidente tono de burla e ironía, para desacreditar el nivel de la Liga.
La pregunta es inevitable:
¿Por qué un portero extranjero recién llegado a México, sin un solo minuto disputado en nueve jornadas y sin trayectoria en las principales categorías profesionales españolas fue escogido para representar la problemática de los futbolistas mexicanos?
¿No había un capitán mexicano?
¿Un futbolista con diez años en Expansión?
¿Un jugador formado en fuerzas básicas?
¿Alguien que hubiera vivido durante años la realidad que supuestamente se estaba denunciando?
¿Quién eligió a Galán?
¿Quién lo invitó?
¿Quién decidió que debía hablar?
Y existe otra pregunta que merece ser investigada:
¿Qué relación existe entre Galán y José Luis Higuera más allá de la estrictamente deportiva?
Si existe una relación empresarial o societaria, que se conozca. Si no existe, que se descarte. Pero entender quién llevó a este personaje a México y por qué terminó convertido tan rápidamente en vocero mediático es perfectamente pertinente. Hasta ahora no ha encontrado minutos oficiales en Expansión. Pero sí encontró un lugar privilegiado para golpear mediáticamente a la Primera División desde el Senado. Curiosa contratación.
SEIS AÑOS DESPUÉS: ABRAMOS LAS CUENTAS
Durante los años en los que estuvo suspendido el ascenso existieron recursos destinados a ayudar a los clubes de Expansión a fortalecerse. Perfecto. Entonces hagamos algo muy sencillo: Abramos las cuentas. ¿Cuánto recibió cada club? ¿Cuánto aportaron adicionalmente sus propietarios? ¿Cuánto invirtieron en infraestructura? ¿Cuántas canchas construyeron? ¿Cuánto invirtieron en fuerzas básicas? ¿Cuántos jugadores desarrollaron? ¿Cuántas instituciones se fortalecieron realmente? ¿Cuáles son autosuficientes? ¿Cuáles dependen de recursos públicos o de terceros? ¿Y cuánto aumenta el valor de determinadas franquicias el día en que recuperan la posibilidad de ascender? Porque recuperar el ascenso también representa un evidente interés económico para los propietarios de esos clubes. Perfectamente legítimo. Pero llamémoslo por su nombre. No disfracemos todo interés empresarial de la cruzada romántica por el mérito deportivo.
Y ENTONCES APARECE LA POLÍTICA
¿Por qué esta disputa entre determinados propietarios y la estructura del fútbol mexicano terminó convertida en una causa política dentro del Senado? ¿Por qué Movimiento Ciudadano decidió abrazarla? ¿Por qué Clemente Castañeda? ¿Quién llevó la iniciativa hasta ahí? ¿Quién habló primero con quién? Aquí la historia empieza a ponerse interesante. Porque algunos de sus protagonistas no se conocieron ayer. Ni los presentó el fútbol.
OCEAN VIEW: UNA HISTORIA QUE VIENE DE 2007
En 2007 se constituyó Ocean View, una sociedad inmobiliaria encabezada por Arturo Lomelí, empresario tequilero y fundador de Clase Azul. Entre quienes participaron estuvo Enrique Alfaro. También aparecieron otros empresarios y personajes relacionados con la vida política de Jalisco. Alfaro tenía una participación minoritaria del 13.33%. Cuando aquella sociedad se convirtió en una controversia política durante la campaña de 2012, hubo una persona que apareció públicamente junto a Arturo Lomelí para defender y explicar la operación: Clemente Castañeda. El mismo Clemente Castañeda que hoy impulsa desde el Senado la discusión sobre el ascenso y descenso. Pero Ocean View no generó únicamente una polémica política. En 2012, el entonces diputado Raúl Vargas presentó una denuncia ante la PGR contra Alfaro y otros socios de Ocean View, planteando sospechas relacionadas con lavado de dinero y evasión fiscal en operaciones inmobiliarias en Los Cabos. Una denuncia no demuestra un delito. Eso debe quedar claro. Pero tampoco desaparecen por ello las preguntas que la originaron. Se habló de adquisiciones inmobiliarias por aproximadamente 28 millones de pesos. Se cuestionaron diferencias entre valores de referencia y precios pagados. Se cuestionaron las fechas de determinadas operaciones frente a la capitalización de la sociedad. Y apareció una pregunta bastante elemental: ¿de dónde salió el dinero? Los involucrados rechazaron las acusaciones y defendieron la legalidad de las operaciones. Eso ocurrió hace catorce años. Pero la relación pública entre algunos de sus protagonistas no terminó ahí.
CATORCE AÑOS DESPUÉS
En agosto de 2026, Clemente Castañeda participó públicamente en la inauguración de La Hacienda Clase Azul y reconoció la trayectoria empresarial de Arturo Lomelí. Es decir: Castañeda y Lomelí no se conocieron por el fútbol y su relación pública tampoco terminó con Ocean View. Y Arturo Lomelí aparece relacionado con el proyecto de Atlético La Paz, precisamente uno de los clubes interesados en recuperar la posibilidad de ascender. Nada de esto demuestra por sí mismo una irregularidad. Pero produce una serie de preguntas que cualquier periodista debería hacer: ¿Habló Arturo Lomelí con Clemente Castañeda sobre el ascenso y descenso? ¿Quién propuso llevar este asunto al Senado? ¿Quién organizó la mesa? ¿Quién confeccionó la lista de invitados? ¿Por qué no fueron invitados los 18 clubes de Liga MX? ¿Quién seleccionó a los clubes de Expansión? ¿Quién seleccionó a los futbolistas? ¿Participaron propietarios de clubes en la elaboración de la propuesta legislativa? ¿Qué reuniones ocurrieron antes del foro? ¿Quiénes estuvieron presentes? No son acusaciones. Son preguntas. Y tratándose del Senado de la República y de una iniciativa que puede incrementar sustancialmente el valor de activos privados, deberían tener respuestas transparentes.
AHORA QUE TERMINÓ EL MUNDIAL… México acaba de vivir un Mundial. Gobernadores, legisladores y políticos disfrutaron del fútbol desde estadios y zonas VIP. También políticos de Movimiento Ciudadano. Qué bueno. Si existe ahora semejante interés por el fútbol, aprovechémoslo. Pero hagámoslo para todo el deporte mexicano. ¿Por qué no presentar una iniciativa fiscal que incentive a empresas y particulares a invertir en deporte? ¿Por qué no otorgar mayores deducciones a quienes construyan instalaciones deportivas? ¿Por qué no financiar la seguridad pública alrededor de los estadios? ¿Por qué no crear miles de becas para deportistas? ¿Por qué no apoyar a niños y jóvenes que abandonan una disciplina porque sus familias no pueden pagar viajes, entrenadores o equipamiento? ¿Por qué no incentivar el fútbol femenil? ¿Por qué no construir canchas? ¿Por qué no apoyar a los entrenadores? ¿Por qué no invertir en deporte escolar? ¿Por qué no hacer algo por atletismo, natación, basquetbol, beisbol y decenas de disciplinas que jamás tendrán propietarios tocando las puertas del Senado? Eso sería una política pública. Eso beneficiaría a millones de mexicanos.
LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE HACER
Al final, detrás de toda la retórica del “mérito deportivo”, lo que estamos viendo parece bastante más sencillo. Un grupo de cinco propietarios recién llegados al fútbol pretende imponer condiciones a una industria que otros llevan décadas construyendo. Algunos llegan acompañados de antecedentes empresariales y políticos controvertidos. Otros han administrado proyectos vinculados a recursos públicos. Alrededor de algunos aparecen viejas prácticas de presión política y cuestionamientos que poco tienen que ver con la romántica defensa del futbolista que hoy pretenden vender. Y ahora quieren ganar a periodicazos, desde los micrófonos y utilizando las tribunas políticas, lo que todavía no han construido con inversión, infraestructura, formación y tiempo. Porque ésa es la parte de la historia que nadie parece querer contar. Mientras unos llegaron recientemente a exigir su lugar en la mesa, otros llevan décadas poniendo su patrimonio en riesgo. Construyendo estadios. Academias. Fuerzas básicas. Equipos femeniles. Infraestructura. Generando miles de empleos. Pagando nóminas cuando se gana y cuando se pierde. Formando futbolistas. Capitalizando clubes. Perdiendo dinero muchas veces y volviendo a invertir. Arriesgando, invirtiendo y sudando durante años para construir una industria. Nadie puede pretender que ese esfuerzo otorgue a los clubes de Primera División el derecho a no cambiar. Claro que el fútbol mexicano debe cambiar. Claro que debe mejorar. Y claro que el ascenso y descenso puede discutirse. Pero una cosa es discutir cómo mejorar el sistema y otra muy distinta es que cinco recién llegados pretendan apropiarse de la narrativa del fútbol mexicano, presentarse como víctimas y utilizar presión mediática y política para capturar valor que otros tardaron décadas en construir.
Si realmente creen en el mérito deportivo, extraordinario. Que empiecen por practicarlo. Que inviertan. Que construyan. Que formen jugadores. Que desarrollen fútbol femenil. Que levanten infraestructura. Que transparenten los recursos públicos que hayan recibido. Que pongan capital propio en riesgo. Que demuestren sostenibilidad. Que ganen en la cancha. Y después que exijan. Porque el mérito no puede funcionar solamente cuando sirve para reclamar los activos, mercados y oportunidades construidos por otros.
El mérito también consiste en construir algo. El futbol mexicano no se construyó ayer en una conferencia de prensa ni en una mesa del Senado. Se construyó durante décadas. Con dinero. Con trabajo. Con derrotas. Con inversión. Con riesgo. Y con mucho sudor.
Eso no se arrebata a periodicazos. Mucho menos utilizando al Senado como cancha alterna para intentar ganar el partido que todavía no se ha ganado ni con inversión, ni con instituciones, ni en el terreno de juego.
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