Cuando las fuerzas estadounidenses arrestaron a Nicolás Maduro la madrugada del 3 de enero de 2026, no fue solo la captura del hombre más poderoso de Venezuela lo que recorrió el mundo, fue la imagen del líder esposado y vestido en ropa deportiva Nike lo que detonó una discusión global que mezcla política, moda e ironía.
La fotografía viral, compartida por Donald Trump en redes, mostró a Maduro escoltado, con los ojos y oídos cubiertos mientras era trasladado y cuya vestimenta no coincidía con el dramatismo del momento: un conjunto gris compuesto por una sudadera Windrunner y joggers, los cuales ahora pertenecen a esa categoría incómoda donde la moda hace más ruido que el discurso, porque no solo es un conjunto gris ¡es Nike!
La ironía no se escapó de la atención global, pues un presidente conocido por su retórica anti-estadounidense y en contra de “imperialismo” y de su hegemonía cultural occidental, termina viralizado con un outfit producido por una empresa estadounidense icónica, en el mismo momento en que es llevado bajo custodia de agentes estadounidenses. Esa una contradicción que nos hace pensar ¿estamos ante una captura real, o ante una escena cuidadosamente construida para ser leída de cierta manera?
Ese outfit es común en la cultura urbana y deportiva, pues la línea Tech Fleece está diseñada para confort, con materiales ligeros y cálidos pensados para uso casual o ligas atléticas, no para la solemnidad de un arresto internacional. Nike que viste cuerpos atléticos, ídolos del consumo global y campañas de “just do it” es, ante todo, emblema del capitalismo cultural estadounidense que durante años fue señalado desde el poder venezolano como enemigo ideológico. La ironía no es sutil, el antiimperialismo también viste Nike, porque es ropa de confort, asociada a lo cotidiano, a lo doméstico, incluso a lo vulnerable… Si el objetivo era demostrar control, la ropa cómoda ayuda, si era humanizar, también ¡hasta si el objetivo era ridiculizar, aún más! El outfit termina operando como un mensaje perfecto… casi demasiado perfecto para ser real.
Lo que también llamó la atención no fue solo que un líder político fuera capturado con ropa deportiva gringa, sino que ese atuendo, evaluado en conjunto con un valor que ronda entre los $200 y $500 dólares en el mercado global y entre 3 000 y 6 000 pesos mexicanos según disponibilidad y modelo, (accesible para muchos pero para la mayoría no tanto) se convirtió en el centro de atención antes incluso que las acusaciones o los cargos legales que enfrenta. Y esto no se quedó ahí, tras la difusión de las imágenes, el conjunto gris de Nike se agotó en muchas tiendas online y provocó un aumento abrupto en búsquedas del producto en Google, fenómeno de cómo lo visual (y la moda) puede sobrepasar lo político en la narrativa digital.
Y es que tal vez no hubo estilista, ni guion, ni intención consciente, pero en una era donde cada gesto se vuelve símbolo, hasta la ropa más cómoda puede funcionar como discurso involuntario. La sudadera gris, el logo visible, la idea del “outfIt de confort” frente al rigor del momento abren una grieta incómoda ¿fue solo lo que traía puesto, o fue el reflejo de una forma de habitar el poder cuando ya no hay que representarlo? La respuesta no es concluyente, y quizá por eso resulta tan inquietante, porque no se puede ignorar que en la política contemporánea la imagen rara vez es inocente. El poder aprende a vivir frente a la cámara incluso cuando no la controla y cuando una escena es capturada y viralizada deja de ser solo circunstancial para convertirse en narrativa.
La moda, en este caso, funciona como espejo de contradicciones políticas profundas, pues un hombre que gobernó durante años bajo discursos de soberanía y administración del pueblo, es mostrado ante el mundo en prendas de una corporación global estadounidense. Esa imagen resuena porque no solo describe un arresto, sino que cuenta una historia visual sobre poder, caída y consumo global. Y esa historia se ha contado en otras ocasiones como cuando capturaron a “La Barbie” en tenis Nike, a Hernán Bermúdez Requena con sudadera Jordan o al “El Mayo” Zambada con una camisa Boss.
Lejos de la superficialidad, este episodio desnuda cómo, en la era digital, la moda compite con lo sustantivo, pues mientras expertos jurídicos discuten la legitimidad de su captura, muchos internautas preferían hablar del “outfit de Maduro”, marcando tendencia y aumentando las ventas.
Sin duda, vestir a un dictador con outfit casual no es inocente…