Solo cambiamos de amo’ Me dijo -la patona- mientras guardaba en su bolsa un poco de mercancía que iría a dejar a unas calles del zócalo de la ciudad.
Hace meses unos vatos se presentaron en las calles y nos dijeron: ‘Ya compramos la plaza’
Y nos empezaron a leer la cartilla.
Las cuotas por metro.
Las cuotas para los comerciantes establecidos.
El derecho de piso y lo que les teníamos que dar de inicio para poder trabajar.
Estoy obligada a vender, no se hacer otra cosa, dice.
La patona me da un beso y se va a llevar la mercancía a una caseta de periódicos que esta a un par de calles. Sin duda su vaivén hipnotiza.
Muchos voceadores han dejado sus casetas al crimen para que las conviertan en narcotienditas.
Solo los ingenuos creen que, de ser legal, esos negocios puedan sobrevivir con la venta de dulces, cigarros sueltos y revistas viejas.
La patona es una mujer que no pasa los 35 años, alta, cabello negro, nariz respingada y dañada (por tanto, talco), y como su apodo lo dice: con unas piernas que hacen ver el cielo cuando uno las carga.
Hace meses me dijeron que la maña que opera en el centro de la ciudad se ha amafió con el gobierno de Lalo Rivers.
Que la operación la controla LP desde palacio municipal, que están involucrados: El higadito, Pp Mndez, Ulises, Naranjas, y un regidor al que en los drenajes conocen como el ALF.
A las calles llegaron también nuevos operadores, algunos con acento colombiano y otros con acento del norte.
Casualmente comenzaron a aparecer embolsados y desmembrados por toda la ciudad: Como si estuvieran limpiando la zona.
La patona me dice que las cuotas van de 1500 por semana a los ambulantes y de a mil los establecidos. Quien dice, no, aparece con un racimo de ratas muertas frente a su negocio o se le da una calentadita en el cuarto de una vecindad para que afloje.
Los operativos que se ven no son un combate al ambulantaje, son ajustes de cuentas y mensajes del crimen, hoy aliado de Lalo Rivers.
Es común ver en la Cinco de Mayo a tempranas horas, gente midiendo las calles y a los inspectores de vía pública, solo mirarlos, mientras le entran a unos tamales y champurrados, decomisados.
Pero los negocios de la maña y Lalo Rivers no terminan solo en la extorsión a los comerciantes y las narcotienditas disfrazadas de puestos de periódicos. Los negocios incluyen también la venta de carne: buena y barata, como la de la gata, esta mercancía la encuentra desde la 4 poniente hasta la 14, las mujeres, aunque tratan de cubrirse sus carnes, son inconfundibles: por su aroma y su chicle.
Algunos comerciantes han querido abandonar la zona, pero no es tan sencillo, hace meses fueron obligados a pedir un préstamo a la maña, un préstamo que se ha hecho más largo y lucrativo que los de Elektra.
La Patona ha regresado, masca chicle y lleva en su bolso semi abierto un poco de papel higiénico y tres bolsitas con talco, me toma la mano y juntos nos perdemos en la cinco de mayo.
Seguro me dará lo mío.
Una ex.
Cuando una ex regresa es solo por una cosa: Buen sexo.
Una de mis Lolitas regresó.
No se angustien si de pronto me ven: demacrado, cansado y ojeroso. La mujer se ha convertido en una máquina de tirar.
Cuando le pregunté ¿por qué ?
Me respondió: Contigo siento dolor, como si fuera mi primera vez y entonces recuerdo cuando era virgen.
Mi cuenta en tuiter: @soprano_tonny
Columna ficción