La cena de Nochebuena en México: una tradición más reciente de lo que parece
Aunque hoy la cena de Nochebuena es considerada una de las tradiciones familiares más arraigadas en México, su origen es mucho más reciente de lo que se suele pensar. De acuerdo con el historiador Antonio Rubial García, investigador de la UNAM, el concepto de una cena navideña abundante —centrada en el pavo y otros platillos festivos— se consolidó apenas en el siglo XX, impulsado por transformaciones económicas, urbanas y culturales.
En entrevista con UNAM Global, Rubial explica que esta práctica se afianzó con la expansión de los supermercados, el crecimiento de la clase media urbana y la adopción de modelos culturales provenientes de Estados Unidos, particularmente del Thanksgiving Day. Antes de ese periodo, una cena abundante en Nochebuena era poco común para la mayoría de los hogares mexicanos.
Antes del siglo XX: frugalidad y celebración pública
Hasta la década de 1940, la realidad era muy distinta. “Para muchos, la cena no iba más allá de frijoles”, señala Rubial. En ese contexto, la idea de preparar una comida especial en casa la noche del 24 de diciembre resultaba impensable para amplios sectores de la población.
Durante la época colonial y buena parte del siglo XIX, la Navidad no se vivía principalmente en el ámbito familiar ni alrededor de la mesa. Las celebraciones se desarrollaban en espacios públicos, como plazas y templos, donde la convivencia colectiva tenía mayor peso que la reunión doméstica.
Un ejemplo de ello es el cuadro Celebridad de Nochebuena en México (1720), de Manuel Arellano, que muestra la Plaza Mayor repleta de puestos, faroles y carruajes la víspera de Navidad. Crónicas como El Carmelo regocijado (1729) describen paseos por la plaza, la compra de dulces, frutas, pescados o jamón y la asistencia a la misa de gallo como los principales rituales de la fecha. No existen registros de cenas familiares especiales dentro de los hogares.
Raíces prehispánicas y resignificación colonial
Antes de la llegada de los españoles, en el mundo mesoamericano se celebraba entre el 17 y el 26 de diciembre la festividad de Panquetzaliztli, dedicada al nacimiento de Huitzilopochtli, deidad solar y guerrera mexica. La iconografía narra su surgimiento armado del vientre de Coatlicue, así como su enfrentamiento con Coyolxauhqui, representación de la Luna.
Estas festividades incluían procesiones, sacrificios y ofrendas, así como figuras rituales elaboradas con amaranto y miel de maguey, que al final solo eran consumidas por los nobles. Con la colonización, estas celebraciones fueron resignificadas por los frailes, especialmente los franciscanos, quienes promovieron representaciones del nacimiento de Cristo como estrategia de evangelización.
Documentos como los Anales de Juan Bautista, escritos en náhuatl, registran que en el convento de San Francisco se realizaban pesebres vivientes durante la Nochebuena, con actores indígenas que representaban a María, José y el Niño Jesús.
¿Por qué el 25 de diciembre?
La fecha misma de la Navidad tampoco es originaria del cristianismo primitivo. Según explica Rubial, muchas culturas antiguas celebraban el inicio del año en torno al equinoccio de primavera, asociado al renacimiento de la vida y del sol.
Con la consolidación del cristianismo como religión oficial del Imperio romano, el calendario fue modificado para coincidir con el solsticio de invierno, cuando la luz comienza a aumentar tras el periodo más oscuro del año. El 25 de diciembre se estableció así para sustituir antiguas festividades dedicadas a Mitra, una deidad solar de origen persa.
“Para reemplazar ese culto, el cristianismo fijó el nacimiento de Jesús en esa fecha”, explica el historiador, subrayando que muchas tradiciones navideñas actuales son el resultado de procesos de adaptación y sincretismo cultural.
Una tradición en constante transformación
La cena de Nochebuena, tal como hoy se conoce en México, no es una práctica ancestral sino una construcción moderna influida por cambios económicos, culturales y sociales. Sin embargo, su rápida adopción demuestra cómo las tradiciones se transforman y adquieren nuevos significados con el paso del tiempo.
Más que una costumbre inmutable, la Navidad refleja la historia viva del país: una mezcla de herencias prehispánicas, coloniales y contemporáneas que continúan redefiniendo la forma en que los mexicanos celebran, conviven y se reúnen alrededor de la mesa.