Vietnam, racismo, protestas, asesinatos y caos social marcaron uno de los años más convulsos en la historia moderna de Estados Unidos.
Cuando se recuerda 1968 en Estados Unidos, es fácil caer en los clichés del “verano del amor”, las flores en el cabello y la música psicodélica. Pero más allá de las postales hippies de San Francisco y los sonidos suaves de The Beach Boys, la realidad del país fue mucho más oscura y violenta. Ese año, Estados Unidos vivió una crisis profunda que entrelazó guerra, racismo, represión y una fractura generacional irreparable.
El país empezó el año en guerra y lo terminó con un nuevo presidente, Richard Nixon, elegido en noviembre. En el medio, la historia avanzó a ritmo de tragedia: la Ofensiva del Tet en Vietnam, el asesinato de Martin Luther King Jr. en abril, y luego el de Robert F. Kennedy en junio. Calles en llamas, universidades en rebelión, y barrios enteros convertidos en campos de batalla urbanos.
Vietnam: una guerra que ya no podía esconderse
La Guerra de Vietnam se convirtió en el gran telón de fondo del drama estadounidense. En 1967, las cifras ya eran desalentadoras: más de 9.000 soldados estadounidenses muertos solo ese año. Pero 1968 comenzó aún peor. Apenas una semana después de Año Nuevo, 185 soldados norteamericanos habían caído, en medio de una escalada que parecía no tener fin.
El golpe más mediático llegó el 31 de enero, con la Ofensiva del Tet, una serie de ataques sorpresa del Vietcong en puntos estratégicos de Vietnam del Sur, incluida la embajada de Estados Unidos en Saigón. La operación no cambió el curso militar del conflicto, pero sí derrumbó la narrativa oficial de que la guerra estaba bajo control. Las imágenes de combate, difundidas por televisión por primera vez a gran escala, sacudieron la confianza del pueblo estadounidense.
El 1 de febrero, una ejecución pública captada por las cámaras —la del jefe de policía de Vietnam del Sur disparando a un prisionero del Vietcong— se convirtió en una imagen icónica que ayudó a volcar la opinión pública contra la guerra. La foto, tomada por Eddie Adams, recorrió el mundo y cambió percepciones en segundos.
Protestas y rebelión estudiantil
En paralelo a la crisis militar, la situación en casa se volvía insostenible. El presidente Lyndon B. Johnson, presionado por la necesidad de más soldados, eliminó las prórrogas para estudiantes de posgrado. Esto encendió una ola de protestas estudiantiles sin precedentes. Sentadas, huelgas de hambre y quema de cartillas militares se volvieron acciones comunes en campus como los de Harvard o Columbia.
Algunos estudiantes huyeron del país. Otros, como un joven Bill Clinton, aprovecharon becas para estudiar en el extranjero y organizar manifestaciones internacionales contra la guerra. Mientras tanto, el país se dividía cada vez más entre quienes apoyaban el conflicto y quienes lo consideraban un error moral y estratégico.
El conflicto racial se intensifica
Pero la guerra no era el único frente abierto. En casa, la lucha por los derechos civiles se transformaba en algo más explosivo. En 1967, ya se habían producido 159 disturbios raciales en ciudades del norte y del sur, incluyendo el devastador motín de Detroit. Sin embargo, 1968 sería aún peor.
El 4 de abril, el asesinato del líder pacifista Martin Luther King Jr. en Memphis encendió protestas en más de 100 ciudades. Muchas se convirtieron rápidamente en disturbios violentos. Casi un mes después, el 5 de junio, Robert F. Kennedy, otro símbolo de esperanza para las minorías y la juventud, fue asesinado tras ganar las primarias demócratas en California. Dos muertes en apenas 60 días que sumieron al país en la desesperanza.
Una brecha generacional sin precedentes
A medida que las protestas crecían, la distancia entre jóvenes y adultos se volvía abismal. El rector de la Universidad de Columbia, Grayson Kirk, describió su desconcierto en un mensaje memorable:
“Nuestros jóvenes, en cantidades alarmantes, parecen rechazar cualquier forma de autoridad… No sé de ningún otro período de nuestra Historia en que el abismo generacional haya sido mayor o más potencialmente peligroso.”
Los jóvenes ya no creían en el sistema, en sus líderes ni en sus guerras. La desobediencia civil se convirtió en un modo de vida para muchos.
El final del año: Nixon y la promesa del “orden”
Frente al caos, una parte del país reclamó estabilidad. Esa necesidad fue capitalizada por Richard Nixon, que ganó las elecciones de noviembre prometiendo “ley y orden” y el fin honorable de la guerra. Su llegada al poder marcó el inicio de una nueva etapa, en la que el péndulo político se movía hacia la derecha, pero las heridas de 1968 tardarían décadas en cerrarse.
Un año que cambió a Estados Unidos para siempre
1968 no fue un año más. Fue un punto de inflexión. El mito de la invulnerabilidad estadounidense se desmoronó, y el país quedó marcado por traumas que todavía resuenan: desigualdad racial, militarismo, polarización política, represión y fractura social.
Es cierto que hubo música, flores y juventud, pero también hubo balas, bombas, luto y rabia. Y todo eso convivió, minuto a minuto, en un país que parecía al borde del colapso.
📌 Hechos clave de 1968 en EE.UU.:
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31 enero: Ofensiva del Tet en Vietnam
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1 febrero: Ejecución televisada en Saigón
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4 abril: Asesinato de Martin Luther King Jr.
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5 junio: Asesinato de Robert F. Kennedy
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Noviembre: Richard Nixon gana las elecciones
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Protestas estudiantiles, disturbios raciales, aumento del rechazo a la guerra