Durante cuatro días, las calles empedradas del Pueblo Mágico de Huejotzingo dejarán de ser simples vías de tránsito para transformarse en un gran escenario colectivo. Del 14 al 17 de febrero de 2026, esta localidad poblana celebrará una nueva edición de su emblemático Carnaval, una de las expresiones culturales más complejas y vibrantes del país, donde la historia se representa, la memoria se dispara con pólvora y la comunidad toma el papel protagónico.
Lejos de ser una festividad convencional, el Carnaval de Huejotzingo es una obra teatral de dimensiones urbanas. Con más de 150 años de historia, esta celebración combina dramatización popular, música de viento, vestuarios elaborados a mano y narrativas históricas que han sobrevivido al paso del tiempo gracias a la participación constante de generaciones enteras.
Un carnaval que cuenta historias
La singularidad del carnaval radica en su estructura narrativa. A diferencia de otros festejos centrados en desfiles o carrozas, Huejotzingo recrea episodios clave de su pasado a través de representaciones colectivas que se desarrollan simultáneamente en distintos puntos del municipio.
Una de las escenas más emblemáticas alude al primer matrimonio indígena celebrado bajo el rito católico en la Nueva España. Este acto simbólico, profundamente arraigado en la identidad local, representa el encuentro de culturas y la resignificación comunitaria de la historia colonial.
Otra de las representaciones revive la leyenda del bandolero Agustín Lorenzo y el rapto de la hija del corregidor. Con tintes románticos y rebeldes, este episodio aporta dramatismo y emoción al carnaval, integrando al público en una historia que se renueva cada año con nuevas interpretaciones.
La tercera escena, y quizá la más reconocida, recrea la Batalla del 5 de mayo de 1862. Inspirada en la gesta heroica poblana, esta dramatización se expresa a través de batallones que marchan, disparan pólvora y entonan música marcial, evocando resistencia, identidad y orgullo histórico.
Batallones que marchan con identidad propia
El corazón del carnaval late al ritmo de los batallones. Zapadores, Indios Serranos, Zacapoaxtlas, Turcos y Zuavos, entre otros, recorren la ciudad con trajes de inspiración militar, mosquetones de utilería y coreografías ensayadas durante meses. Cada grupo conserva códigos, vestimentas y estilos propios, transmitidos de generación en generación.
A su paso, la música de banda —tambores, trompetas y percusiones— se mezcla con el estruendo controlado de la pólvora, creando una atmósfera única que oscila entre la solemnidad histórica y la euforia festiva. A este desfile se suman comparsas tradicionales como el Señorío Huexotzincatl, el Casamiento Indígena o los Negritos, que aportan diversidad rítmica, visual y narrativa.
“Las Mascaritas”, antesala de la gran fiesta
El carnaval no comienza en febrero. Desde enero, Huejotzingo vive un proceso de preparación colectiva con el ciclo conocido como “Las Mascaritas”, que se celebra en domingos consecutivos. Estas jornadas funcionan como un preludio festivo en el que barrios y batallones salen a las calles sin pólvora, pero con la misma pasión que caracteriza al carnaval principal.
Durante estas fechas, el municipio se llena de actividades culturales, talleres infantiles, presentaciones artísticas y conciertos gratuitos en espacios públicos. Es un tiempo de ensayo, convivencia y transmisión de saberes, donde la fiesta se construye desde la comunidad y para la comunidad.
Tradición que une generaciones
Más allá del espectáculo, el Carnaval de Huejotzingo cumple una función social profunda. La elaboración artesanal de trajes y máscaras, la organización de los batallones y la participación activa de niños, jóvenes y adultos refuerzan un tejido comunitario que se mantiene vivo gracias al trabajo colectivo.
Para muchas familias, el carnaval es una herencia que se transmite con orgullo. No solo se heredan trajes o instrumentos, sino relatos, valores y una forma de entender la historia desde lo local. Esa transmisión intergeneracional es la clave de la vigencia de una tradición que se adapta sin perder su esencia.
Fiesta abierta al mundo
Con el paso del tiempo, el carnaval ha despertado el interés de visitantes nacionales y extranjeros, atraídos por la intensidad de la experiencia y la autenticidad de sus representaciones. Aunque el turismo ha crecido, la celebración conserva su carácter comunitario, convirtiéndose en un puente entre lo local y lo global.
La edición 158 del Carnaval de Huejotzingo promete ser, una vez más, una afirmación de identidad. Del 14 al 17 de febrero de 2026, la historia volverá a caminar por las calles, la pólvora marcará el ritmo del recuerdo y la comunidad demostrará que la tradición no es pasado, sino presente en constante movimiento.