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Posadas mexicanas: tradición, historia y comunidad en la época navideña

Por: Rocío Rios

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“De ritual religioso a fiesta comunitaria: cómo las posadas mexicanas unen historia, cultura y diversión”

“En el nombre del cielo, os pido posada, pues no puede andar mi esposa amada…”. Casi todos hemos recitado alguna vez esta letanía, ya sea en la niñez o en la vida adulta, durante las posadas, una de las celebraciones más significativas de México que se llevan a cabo del 16 al 24 de diciembre. Más que recrear el peregrinaje de María y José, estas fiestas reflejan el sincretismo cultural que caracteriza al país, fusionando ritos europeos con prácticas festivas mesoamericanas.

El origen de las posadas

Según la investigadora María Angélica Galicia Gordillo, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, las posadas originalmente se referían a un alojamiento o espacio de hospedaje, en tiempos en que no existían hoteles. Esta idea se vinculó directamente con el pasaje bíblico del peregrinaje de María y José, quienes buscaban un lugar donde hospedarse antes del nacimiento de Jesús. De esta búsqueda simbólica surgió la tradición de “pedir posada”.

Cuando la tradición llegó a América, adquirió nuevas dimensiones. El concepto dejó de centrarse únicamente en el alojamiento y comenzó a asociarse con fiestas comunitarias. Durante el periodo colonial, especialmente en San Agustín Acolman, Estado de México, los frailes agustinos la formalizaron como herramienta pedagógica para enseñar a los pueblos originarios el relato del nacimiento de Jesús, mediante escenificaciones teatrales y actos litúrgicos.

Sincretismo cultural: la fusión de dos mundos

El desarrollo de las posadas en México estuvo marcado por la interacción con celebraciones prehispánicas, como las festividades dedicadas al nacimiento de Huitzilopochtli. Aunque los calendarios europeos y mesoamericanos no coincidían exactamente, se creó una ventana temporal que permitió integrar ambas tradiciones:

  • Los europeos introdujeron novenas, misas de aguinaldo y ritos de adviento, con velas, luces y rezos para preparar espiritualmente los días previos al nacimiento de Jesús.

  • Los pueblos indígenas aportaron el carácter festivo y comunitario, donde el canto, el baile y la convivencia eran prácticas fundamentales.

Así, las posadas evolucionaron desde las misas coloniales hasta las celebraciones actuales, donde lo religioso, social y festivo se entrelazan sin perder su esencia original.

Posadas en la actualidad

Hoy en día, la celebración varía según el contexto social y económico:

  • Urbanas: La participación ha disminuido debido al alto costo de los preparativos y a la fragmentación de la vida urbana. Las iglesias conservan parte del ritual mediante novenarios y misas, pero la celebración colectiva es menor.

  • Rurales y pueblos: La vida comunitaria sigue siendo fuerte; se celebran los nueve días completos, se adornan las calles y la participación colectiva continúa siendo central.

“La diferencia entre ambos contextos no es una pérdida, sino una adaptación; la tradición se ajusta sin dejar de existir”, explica Galicia Gordillo.

La evolución de la piñata

Paralelamente, la piñata, elemento indispensable de las posadas, también ha evolucionado. Durante la evangelización, los frailes la usaron como recurso didáctico: sus siete picos representaban los pecados capitales, y romperla simbolizaba el triunfo de la virtud. Los dulces y frutas eran la recompensa por el buen comportamiento. Con el tiempo, esta carga simbólica se diluyó, y la piñata pasó a asociarse principalmente con el juego y la alegría, manteniendo su esencia como símbolo de celebración compartida.

Una tradición de unión y comunidad

A pesar de las diferencias entre la ciudad y el campo, la función esencial de las posadas se mantiene: crear espacios de encuentro y fortalecer los lazos comunitarios. Esta vocación festiva, reconfigurada con el tiempo, convierte a las posadas en una celebración vigente y significativa, que reúne a millones de personas en México cada diciembre. La tradición sigue viva porque responde a una necesidad humana fundamental: la convivencia como eje de la vida social.