Por Tamalito Rosa
Hoy se cerró la terna para elegir a la próxima persona titular de la Auditoría Superior del Estado de Puebla. Así, sin drama aparente, sin jaloneos públicos, sin golpes de pecho… pero con todo el olor a acuerdo planchado que ya conocemos en la política poblana.
El Congreso aprobó la terna y los nombres sobre la mesa son: Germán Reyna y Herrero, Román Sánchez Zamora y Bibiana González Pérez. Quien resulte electo estará en el cargo del 15 de enero de 2026 al 14 de enero de 2033. Siete años. Siete. No es un cargo menor, es un asiento estratégico. Es quien decide a quién revisar, cuándo revisar y -sobre todo- con qué lupa.
Y sí, antes de que lo digan: Juan Carlos Moreno Valle Abdala no aparece.
¿Fallamos los columnistas con aires de pitonis@s? ¿Nos ganó la especulación? ¿Se nos fue el olfato político?
No.
Aquí no fue error de nariz, fue caída de ficha.
Moreno Valle era el favorito en el círculo de poder, y no por capricho: era impulsado por una de las voces que más fuerte le habla al oído al gobernador. El problema no fue su currículum, fue su lealtad presunta.
Las orejas se hicieron para escuchar y el gobernador Alejandro Armenta tiene un oído muy entrenado para los rumores del poder. En los pasillos se habló, se cuchicheó y se comentó —mucho— que Juan Carlos Moreno Valle Abdala no llegaría con una sola línea de mando. Los rumores fueron suficientes para entender que esa candidatura no garantizaba obediencia directa al 01, y cuando se trata de la Auditoría, la lealtad pesa tanto -o más- que el currículum.
Y ojo: además del ruido político, había un elefante en la sala que nadie (salvo la oposición) quería ver. Moreno Valle forma parte del gobierno estatal. Que alguien del gobierno aspire a auditar al gobierno en el que tiene hueso… pues ilegal quizá no, pero moralmente cuestionable sí, y políticamente incómodo también. El Congreso, esta vez, decidió -o mejor dicho: le dieron permiso- de no cargar con el costo político y mediático de elegir al favorito del poder. (Aunque cabe recordar ya lo habían dejado pasar de etapa, pese a que no cumplía con los requisitos)
Congreso de Puebla deja pasar a Juan Carlos Moreno Valle pese a estar impedido por ley en elección de la ASE
La terna que sí pasó… y por qué da lo mismo
Ahora vayamos a lo que sí quedó.
Los tres perfiles que integran la terna le sirven al gobernador. Así, sin rodeos.
La mayoría de los comentarios apuntan a que Germán Reyna y Herrero sería el elegido: muy 4T (estilo de vida lujoso pero con discurso austeridad), asesor político, sabe hacer cuentas y, sobre todo, tiene lealtad clara. Román Sánchez Zamora tampoco desentona en ese esquema, es cercano a AA y es competente. Y Bibiana González Pérez -además del currículum y la obediencia- entra en una lógica que no es menor: la tendencia del gobierno de Alejandro Armenta a rodearse de mujeres.
Pero seamos honest@s: quien sea que elijan, responderá al gobernador. Mañana el nombre será noticia, pero políticamente ya está todo dicho.
La pregunta no es quién será el auditor.
La pregunta es qué es lo primero que va a hacer el auditor.
Y aquí entra el dato incómodo: el gobernador ya ha mostrado que concibe a la Auditoría como una extensión de su poder. No se nos olvida cuando, públicamente, el gobernador Alejandro Armenta frenó en seco una obra de 450 metros de pavimento por un presunto sobrecosto y amenazó con una auditoría directa al alcalde Carlos Barragán, como si la ASE fuera una dependencia más de Casa Aguayo y no un órgano autónomo.
En la superficie, muchos aplaudieron el gesto como una muestra de transparencia y cero tolerancia a la corrupción. Pero en la lectura política —esa que no se dice en boletines— el mensaje fue otro: si las obras no se hacen bajo el esquema, el ritmo y la bendición del gobernador, el órgano “autónomo” puede activarse como herramienta de presión. No se trata de defender malas obras ni sobrecostos —eso jamás—, sino de advertir que la fiscalización comienza a parecer menos un mecanismo técnico y más un lenguaje político. Y cuando la Auditoría se convierte en advertencia velada, deja de ser árbitro y empieza a jugar en el tablero, sobre todo en vísperas del año electoral.
Auditar no es malo. Al contrario, es necesario.
Lo preocupante es quién decide a quién sí y a quién no.
Porque el gobernador tiene una lista mental muy clara donde figuran sobre todo alcaldes heredados del grupo de Sergio Salomón que no son bendecidos con su gracia política; figuras que sueñan con reelegirse en 2027 y que sobre todo, les alcanza.
Ahí es donde la Auditoría se vuelve moneda de negociación. No para castigar corrupción —ojalá—, sino para alinear lealtades y frenar aspiraciones.
“¿Quieres repetir? Primero resolvemos tus observaciones y revisamos tus lealtades; o “¿Quieres caminar tranquilo? bájate de esa candidatura que le pienso dar a alguien que se sepa la letra completa de “Por amor a Puebla”
No es teoría conspirativa, es manual básico de poder.
Los órganos autónomos… que no lo son tanto
Y no es solo la Auditoría. Ahí está el ejemplo de la Comisión de Derechos Humanos, que debería ser contrapeso y terminó siendo silencio institucional frente al poder. Órganos que en el papel son autónomos, pero en la realidad tienen mano del Ejecutivo.
La Auditoría no será distinta.
Mañana se elegirá un nombre.
Pasado mañana se hablará de “legalidad”, “institucionalidad” y “consensos”.
Y en el fondo, el mensaje será claro: el tablero rumbo a 2027 ya se empezó a mover.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.
Por Adriana Colchado
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