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‘La crisis en Colombia tiene su raíz en el descontento, la guerra y la desigualdad’: documentalistas, Jenni Kivistö y Jussi Rastas

Los realizadores plantean cuatro visiones distintas sobre el proceso de paz en el documental ‘Colombia fue nuestra’.

 

Por Héctor González

¿Por qué a dos finlandeses les interesaría contar los encuentros y desencuentros de los procesos de paz en Colombia? Habría que empezar por decir que Jenni Kivistö vivió más de siete años en el país latinoamericano y que Jussi Rastas ha recorrido la región durante un buen tiempo.

Dicho esto, los cineastas encontraron en aquel episodio que tuvo en el plebiscito de 2016 uno de sus momentos culminantes, un trampolín idóneo para hablar de la polarización y sus efectos sociales. A partir de entonces, se cuestionaron cómo es que la mayoría de los colombianos dijeron “No” a la pacificación en 2016 después de décadas de guerra. Ahí se encuentra la semilla de Colombia fue nuestra, documental que expone a través de cuatro posiciones las distintas aristas que puede encerrar una palabra como “paz”.

¿Qué tipo de perspectiva aportó no ser colombianos para al hablar del proceso de paz en el país?

Jussi Rastas: Pudimos estar cinco meses dentro del campamento de las FARC y después de los primeros treinta días descubrimos que las cosas no iban necesariamente bien con los procesos de paz. A fin de identificar lo que sucedía nos pusimos a buscar a personajes que nos permitieran entender el problema. Entrevistamos a mucha gente antes de seleccionar a nuestros cuatro protagonistas.

Cada uno aporta una posición distinta, sin embargo, Ernesto tiene especial relevancia porque es un guerrillero que intenta incorporarse a la política.

Jenni Kivistö: Hablamos a profundidad con quince guerrilleros y es verdad que Ernesto destaca. Fue muy accesible y abierto. Conforme se dificultaron los acuerdos de paz muchos desaparecieron, pero él se mantuvo. Creemos que la grave crisis que hoy atraviesa Colombia tiene su raíz en el descontento, la guerra y la desigualdad. Las comunidades rurales necesitan mayor presencia política.

¿Qué papel jugó o juega el perdón para una auténtica pacificación en Colombia?

JR: En el plebiscito de 2016 los colombianos votaron por el “No” a la paz. Curiosamente la mayoría de quienes eligieron el “Sí” se encontraban en las áreas rurales, es decir, donde tenía lugar la guerra. La oposición estuvo en las ciudades y eso demuestra las diferencias entre ambos universos. No se entienden. Todavía en los circuitos urbanos hay gente a la que le cuesta perdonar a pesar de no haber convivido tan cerca con el conflicto.

¿Cuál es el mayor obstáculo para la coincidencia entre el área rural y el círculo urbano?

JK: Colombia es un país grande y cada territorio tiene diferentes etnias. La realidad de los afros en las costas es muy distinta a de los blancos de las ciudades. En el Parlamento hay pocos indígenas. No hay un racismo abierto, pero no han alcanzado una representación equitativa.

JR: Para mucha gente de las áreas rurales las únicas opciones son unirse al Ejército o a los grupos que siembran la hoja de coca. A la gente de las ciudades le falta entender esta realidad.

Colombia fue nuestra plantea también una reflexión sobre las distintas formas de entender la paz en mundo muy polarizado.

JR: Es verdad. Nos interesaba hablar de esto en un contexto global. Todos los protagonistas del documental quieren la paz pero a partir de su propia visión del país. Actualmente hay mucha polarización no solo en Colombia sino en casi todo el mundo. Nos gusta el título Colombia fue nuestra porque refleja la división, la existencia de un “nosotros” y un “ellos” dentro de un mismo país. Creemos que esto viene desde la llegada de los españoles al continente.

JK: Cuando comenzamos a escribir el guion se hablaba mucho de Donald Trump y el muro con México. Nos interesaba preguntarnos: ¿Qué tan posible es encontrar la paz en medio de realidades tan polarizadas? Hoy algunas etnias colombianas están tumbando símbolos españoles lo que muestra una reflexión alrededor de su representación.

¿Cómo construir nuevas narrativas para entender los procesos de paz en sociedades como las latinoamericanas?

JK: La educación a los jóvenes es esencial confrontar el aislamiento social. La gente necesita conocimiento para tener las mismas posibilidades de desarrollo.

JR: Y esto necesita ir de la mano con cerrar las brechas de desigualdad. Es difícil la pacificación cuando prevalece un ambiente de corrupción y muchos grupos se disputan el poder.

¿Qué virtudes encuentran en el documental en contraste con la ficción a la hora de abordar historias vinculadas al narcotráfico o la guerrilla?

JR: La mayoría de lo que se hace desde la ficción en términos de narcotráfico se queda en entretenimiento. Las historias casi siempre están alejadas de la realidad. Las series de narcos no hablan de la problemática de los cultivadores de coca ni de la desigualdad, por ejemplo. En Finlandia hay un bar llamado Cartel Room y en el vidrio pone “Plata o plomo”, para mí es el equivalente a tener un bar nazi. El planteamiento de las series termina siendo surrealista.

JK: Al final, la mayoría de las series transmiten una imagen positiva del narcotraficante y eso puede ser malinterpretado por las audiencias.

 

Vía: Aristegui Noticias

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