TRUMP Y BIDEN PONEN EN JUEGO EL ALMA DE ESTADOS UNIDOS

Los votantes jóvenes representan el alma de Estados Unidos, porque han aprendido a ver más allá de la coyuntura, los partidos y los colores. “Si este martes esos jóvenes llegan a las urnas, el alma de Estados Unidos estará a salvo”. #Análisis de EILEEN TRUAX.

Por Eileen Truax

ELECCIONES 2020Este martes Trump y Biden dirimirán la Presidencia de los Estados Unidos. Fotos: Facebook.

 

EMEEQUIS.– Llegó el día. Por casi un año en Estados Unidos, y por extensión en buena parte del mundo, las miradas, conversaciones, y hasta algunas esperanzas, han estado puestas en las elecciones de este 3 de noviembre. Si consideramos que la mayor parte de estos meses transcurrieron bajo una pandemia y sus consecuencias en la salud, la economía y la vida pública del país, es comprensible que los estadounidenses esperen el día de la elección con una mezcla de angustia y alivio: lo que vaya a ser, que sea ya.

Las elecciones estadounidenses no suelen ser complicadas. A diferencia de lo que ocurre en países como México, la preocupación por un fraude, robo de votos, manipulación de resultados, o la posibilidad de un conflicto postelectoral, son una cosa que se ve lejana, poco probable. Salvo la elección de George W. Bush en 2000, cuando se ordenó un recuento de votos en Florida, y Bush ganó el estado –y la presidencia– por menos de 600 votos, rara vez se han visto movilizaciones cuestionando la legalidad de una elección. Pero en esta ocasión, por primera vez se ha oído con insistencia el término “elección amañada” (rigged election), puesto en la mesa nada más y nada menos que por el presidente de Estados Unidos.

CALUMNIA, QUE ALGO QUEDA

Dice la sabiduría popular que cuando levantas falsos a alguien, aunque después se compruebe la mentira, el daño está hecho. Esa parece haber sido la regla de Trump durante los últimos cuatro años. Sin ningún prestigio político o diplomático que perder –porque nunca ha contado con uno–, el presidente se ha sentido en libertad de decir lo que cree que le conviene, aunque sea falso, para dominar la narrativa mediática y política. Más tarda algún medio en desmontar la mentira de turno, que Trump en decir un nuevo disparate, o varios.

El espacio que de suyo tiene el presidente de Estados Unidos, solo por serlo, en la prensa nacional e internacional –y además en Twitter– ha hecho que Trump sea su propio portavoz; él lo dice, los medios lo repiten. Y así es como, durante todo este año, ha filtrado la idea de que la elección presidencial podría ser fraudulenta; no hay nada que pruebe que esto será así, pero en el discurso ha estado la idea por meses.

Más allá de quién gane la presidencia, una elección percibida como turbia, impugnada por alguno de los candidatos, puede tener graves consecuencias de largo plazo. La gran virtud de Estados Unidos como país, es la confianza de la mayoría de sus ciudadanos en el orden institucional. La gente puede estar de acuerdo, o no, con los resultados electorales, pero no duda de la legitimidad del triunfo de quien gana, sea esta una autoridad municipal, estatal, o federal. En general, el sistema de pesos y contrapesos entre los poderes funciona; de ahí que un presidente como Trump, no haya podido hacer gran cosa de lo que prometió en su primera campaña electoral. Las iniciativas xenófobas fueron paradas por las cortes, y sus

Una prueba de esta confianza en las instituciones, incluso desde los grupos que más cuestionan al establishment político, es lo ocurrido en las elecciones intermedias en 2018. Muchos de los jóvenes que se abstuvieron de votar en 2016, decepcionados del Partido Demócrata, o por no sentirse identificados con los candidatos, apostaron al 2018 para recuperar espacios vía el Congreso y las elecciones locales. El caso más representativo es el de Alexandria Ocasio-Cortez, la joven mesera del Bronx que ese año ganó un sitio en la Cámara de Representantes; pero casos similares ocurrieron en congresos estatales y elecciones municipales por todo el país. Los jóvenes desconfiaron de los políticos, pero confiaron en el sistema y pelearon electoralmente por esos espacios.

La pérdida de la legitimidad institucional en un país polarizado, en el que asuntos como el racismo, la xenofobia, y la desigualdad, están a flor de piel, puede llevar a la sociedad estadounidense a caer en una espiral de desconfianza del sistema democrático, de la cual resultaría muy difícil salir.

Así luce el perímetro de la Casa Blanca, totalmente cercado, a un día de la elección. Fotos: Eileen Truax.

EL ALMA DE UN PAÍS

Estados Unidos es epicentro de grandes contrastes. El país que en el siglo pasado fue sacudido por el movimiento de derechos civiles, hoy sigue negando espacios y derechos a las comunidades no blancas. Casi sesenta años después de legalizar la paridad salarial entre hombres y mujeres, este sigue siendo un pendiente a nivel nacional. El gobierno que garantiza la educación básica y media a cualquier niño, sin importar su origen o estatus social, obliga a estos mismos chicos a endeudarse para acceder a la educación superior, y a sus padres a pagar miles de dólares al año por un seguro de salud.

En sus últimos días de campaña, Joe Biden ha repetido con insistencia que lo que está en juego en esta elección es el alma y la decencia de este país. Sobre la decencia ya di mi opinión en este espacio, Trump vs. Biden. La lucha por la decencia de Estados Unidos”, pero cuando Biden habla del alma de Estados Unidos, no habla solo de las instituciones, sino de los ciudadanos, que son quienes finalmente les otorgan legitimidad.

Es la gente que llevó a la presidencia a un hombre de una minoría racial –cosa que no ha ocurrido en ninguno de los países occidentales considerados “desarrollados”– y más tarde a un hombre con discurso xenófobo, la que mantiene el equilibrio a pesar de los extremos. Este vaivén solo es posible en una sociedad democrática, donde las opiniones y diferencias se dirimen respetando el pacto social.

Estados Unidos tiene muchos, muchísimos pendientes con la democracia: el trato a sus naciones indígenas, a sus comunidades afroamericanas, latinas, inmigrantes; pero en cada uno de los casos, hay una parte de la sociedad que sale a denunciarlo y a exigir que sus instituciones respondan. Por cada Trump que llega a la presidencia, hay millones de personas que organizan una Women’s March. Por cada Muslim Ban, hay aeropuertos que se saturan con abogados voluntarios y ciudadanos que dan la bienvenida a quienes vienen de países de mayoría musulmana. Por cada familia separada en la frontera, hay una sociedad que denuncia, investiga, se moviliza y pide cuentas.

Creo que esa es el alma de Estados Unidos a la que se refiere Biden, al reconocimiento de que a veces se dan pasos atrás, pero también se pueden dar pasos adelante; a la convicción de que sirve denunciar lo que está mal, porque hay una posibilidad real de estar mejor. 

Personalmente, estoy segura de que quienes mejor representan al alma de este país, son los votantes jóvenes, que han aprendido a ver más allá de la política de coyuntura, de los partidos y de los colores, para construir la democracia que quieren para su generación. Si este martes esos jóvenes llegan a las urnas, el alma de Estados Unidos estará a salvo.

 

@eileentruax

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