Barbosa, incapacitado física, moral y psicológicamente para gobernar

La contradicción entre el decir y el hacer del gobernador de Puebla, Luis Miguel Barbosa, es evidente y diametralmente opuesta en sus resultados. En sus maratónicas locuciones, el mandatario estatal manifiesta que pretende “un gobierno cercano, humano, austero, tolerante, incluyente y que aguante la crítica”.
Para sustentar lo que parece ser un intento de gobierno diferente, Barbosa en alusión directa al PAN y a sus acérrimos enemigos Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, manifestó “que nunca más en Puebla se usará el poder con fines de venganza, espionaje, infamia, persecución o como modelo de negocio y enriquecimiento”.
Miguel Barbosa miente o no sabe quiénes son sus nuevos colaboradores.
La solo presencia en Puebla de Juan Sabines Guerrero, ex gobernador de Chiapas y la incorporación de Raciel López Salazar, ex procurador de Manuel Velasco, sepulta todo el discurso barbosista de la renovación y transparencia.
Pero más allá de la recolección del cascajo chiapaneco, el gobernador de Puebla tiene severos pasivos personales que lo incapacitan para gobernar a pesar de los atributos que el mismo se ha proclamado. Como todo gobernador novato se propone hacer todo lo que sus antecesores no pudieron, y ya puede adivinarse en su primer informe de gobierno que en un sólo año realizó todo lo alcanzado en los 30 años anteriores.
Lo malo para el joven gobernador es que en poco más de cinco años no le va a alcanzar el tiempo para desvirtuar que está incapacitado física, moral y psicológicamente para gobernar a partir de sus propios actos y decires:
1.- Un buen gobernante debe de estar en condiciones óptimas para tomar las mejores decisiones. Un buen estado de salud física acompaña a un buen estado de salud mental. Evita decir y hacer cosas que son irreversibles y con el tiempo se convierten en un lastre para el resto del gobierno y que perduran más allá de la conclusión del período sexenal. Miguel Barbosa no es un portento de salud como se evidencia en cada una de sus intervenciones públicas.
El mejor ejemplo lo tiene el gobernador Barbosa a su lado. Cuando Juan Sabines usurpaba el cargo de gobernador de Chiapas cometió los excesos y las atrocidades más graves en contra de Chiapas y los chiapanecos. Producto de sus aficiones etílicas y sus alucinaciones llegó al extremo de arraigar a más de uno de sus colaboradores por la sola ocurrencia de que hacían mal las cosas o no le reportaban cuentas exactas de los dineros clandestinos. Obvio, bajo sus deplorables condiciones no tenía la salud mental necesaria para tomar buenas decisiones de gobierno.
2.- Moralmente Barbosa no tiene como acreditar un discurso mediano de honestidad y transparencia, base de todas las demás virtudes que deben acompañar a todo buen gobernante.
Miguel Barbosa se ha definido como un hombre de izquierda, austero, republicano y pobre. Lo malo es que la realidad de su vida riñe con su discurso de ficción. Mintió ante la opinión pública al asegurar que la casa del ex Presidente Miguel de la Madrid, la adquirió en 10 millones de pesos, cuando que más de uno de sus antiguos correligionarios (Guadalupe Acosta Naranjo) le salió al paso para corregirle el discurso y espetarle en la cara que la propiedad está valuada en 45 millones de pesos. La respuesta fue el silencio.
Está incapacitado moralmente porque toda su vida se condujo como abogado, repetidas veces firmó como profesionista e incurrió en el delito de usurpación de profesión, previsto y sancionado por el artículo 258, fracción II, del Código Penal del Estado de Puebla. La cédula profesional 11653251 del gobernador es de apenas noviembre de 2019, adquirida de emergencia como gobernador en funciones.
Pero el atentado más grave a las instituciones republicanas en Puebla, es la inclusión del ex procurador de Chiapas, Raciel López Salazar, como el artífice de la seguridad pública en Puebla. Con esa decisión, Miguel Barbosa ya dio el anticipo de un gobierno represivo como lo fue el de Juan Sabines en Chiapas.
Como primer acto emitió un decreto para que la seguridad pública en la capital poblana quede a cargo del gobierno del estado con Raciel López Salazar como su titular. El argumento de Barbosa Huerta es que en la secretaría de Seguridad Ciudadana, los mandos medios tienen vínculos con la delincuencia organizada. Frágil y fútil argumento. El nuevo secretario López Salazar es un reconocido hampón. Entonces la delincuencia quedará a cargo de los altos mandos estatales en sustitución de los mandos medios municipales.
Por eso la presidenta municipal de Puebla, Claudia Rivera Vivanco, debe combatir ese acto arbitrario a partir de su notoria inconstitucionalidad. Se viola la autonomía del municipio libre como lo previene la fracción VII, del artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “La policía preventiva estará al mando del presidente municipal (…) Aquélla acatará las órdenes que el gobernador del estado le transmita en los casos de fuerza mayor o alteración grave del orden público”.
En concordancia con este dispositivo de la Carta Magna, la Constitución de Puebla previene en su artículo 79, fracción X, como facultad del gobernador: “Asumir el mando de la policía preventiva municipal en aquellos casos que este juzgue como de fuerza mayor o alteración grave del orden público”.
Según el gobernador Miguel Barbosa, todo fue legal y apegado a derecho. Sólo que se le olvidó decir que la legalidad no necesariamente está investida de legitimidad. A partir de los dos mandatos constitucionales, hasta hoy no hay un solo argumento jurídico ni social de inseguridad para entregarle al bandido de Raciel López la seguridad de la capital poblana.
Dice Miguel Barbosa que se acabaron las venganzas, espionajes e infamias en su gobierno. No hay tal. La presencia de López Salazar anuncia excesos de poder. Raciel fue el brazo armado de la venganza, el espionaje a líderes y disidentes, y el policía político del sabinato persecutor de críticos y opositores, lo mismo que del gobierno de Manuel Velasco Coello. La historia de Raciel en Chiapas trituró la procuración de justicia.
3.- Las desafortunadas declaraciones del gobernador de Puebla evidencian signos de desorden mental. Hay dos que preocupan gravemente cuando no puede ocultar su satisfacción por la muerte de la gobernadora Martha Erika Alonso y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle.
No puede entenderse su pronunciamiento fuera de lugar, lejos de la política y con una carga necesaria de análisis psiquiátrico: “Dios castiga a quienes me robaron la elección”. “Pero la justicia divina me dio la razón al ganar la elección”. Esa sola percepción de su propia realidad, porque además se la cree, lo inhabilitan para continuar como gobernador.
El otro dislate retórico le viene bien a su rara personalidad, cuando asegura que el coronavirus solo les dará a los ricos. “A nosotros los pobres no nos puede dar”. Expresión también sujeta a escrutinio psicológico. Si su profecía médica resulta cierta, Barbosa es directo destinatario del virus. Con una casa de 45 millones de pesos, aunque en realidad puede costar 100 millones, el virus le llegará por su riqueza. Ampliaremos…

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Vía: IMPACTO

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