#BUAP Tiberio II: La caída (Alfonso Esparza)

Por: Capodecina

Hace algún tiempo publiqué una columna en este mismo espacio, la cual se titulaba “Tiberio el gran emperador de la BUAP”, y hoy los hechos me han dado la razón. El rector de la BUAP, al estilo de Tiberio, el emperador romano al que le interesaba una vida de lujos que todo pasaba por alto para satisfacer sus deseos, se perdió entre sus aduladores, porros y la vida de lujos. En esa ocasión advertí cómo usaba al consejo universitario de súbditos y señalé que, así como Tiberio fue visto al principio como hábil y prudente, y después como un emperador cruel, el rector también fue visto al principio como un cambio sano para la BUAP y hoy hemos visto su corrupción, su nepotismo, su falta de trasparencia, su crueldad contra estudiantes y profesores, la torre de rectoría es un claro ejemplo de su necesidad de símbolos de poder, aunque también lo es del desperdicio de dinero y de su corrupción, por eso hoy que lo persiguen sus acciones se dice perseguido.

Sus aliados se apuran en defenderlo, aunque surge la duda ¿lo defienden a él o defienden sus prebendas? Basta revisar los beneficios recibidos por sus escuderos con puestos administrativos o direcciones, con transformaciones de plazas o con viajes al extranjero, por eso es que están atentos a las órdenes de su rector.

No faltan sus porros, de los que también hablé en repetidas ocasiones y que hoy sabemos perciben mayor salario que docentes y administrativos. Estos porros hablan de una universidad incluyente y de la fuerza de la misma, cuando ellos aplican sus tácticas de amenazas, chantajes y golpes, a maestros y alumnos. Hablan de autonomía, de transparencia y de la honorabilidad de su rector como si ellos fueran blancas palomas que con su presencia no hunden más al rector.

Que quede claro, el rector no es la BUAP, la universidad va más allá de ellos. Muchos universitarios saben qué clase de personas la dirigían, y no saldrán nunca a la calle a defender lo indefendible, pues no están de acuerdo que se hable a nombre de la BUAP.

A los consejeros universitarios se les olvida que tienen un voto mandatado y que no sólo están para defender, sin pudor, a su rector. Los universitarios no olvidan que los porros de rectoría los amenazaron y golpearon cuando se organizaron para pedir su salida junto con la de profesores acusados de acoso, y que el rector no corrió a ninguno de estos, sino que aprovechó la coyuntura para deshacerse de sus críticos usando las acusaciones para citarlos y recordarles quien manda.

Siempre el control con base en el miedo y la necesidad. Los jubilados, que ya se manifestaron en un comunicado contra el rector,  tampoco olvidan cuando los citaron en la Preparatoria Calderón y los porros comenzaron a tomarles fotos y amenazarlos, mientras el rector hacia un acto de escapismo.

El rector ya cuenta sus horas y a sus aliados. Algunos ya empiezan a salir corriendo buscando a los Barbosistas. Otros aún confían en que el gobierno federal los salve y con ellos a sus beneficios. Lo único verdadero es que el rector, como Tiberio, sufre la pérdida de poder y el miedo de la traición de sus incondicionales pues ¿quién sino uno de ellos presentó las pruebas y dijo dónde buscar?

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