Adán Domínguez y Eduardo Rivera buscan las dirigencias estatal y nacional de Acción Nacional
Este fin de semana, el alcalde de la capital poblana, Adán Domínguez, convocó a un desayuno con liderazgos del Partido Acción Nacional (PAN) para entregar resultados de su gestión como alcalde sustituto.
Desde la convocatoria, la reunión estaba envuelta en controversia. Algunos perfiles panistas, opositores al grupo de Eduardo Rivera y Adán Domínguez, rechazaron la invitación alegando “agenda previa”. Entre los ausentes se destacaron Mónica Rodríguez, Rafael Micalco y Lupita Leal, quienes sospechaban que el evento sería una plataforma de promoción partidista para el alcalde, especialmente después de que expresara su interés en la dirigencia estatal del PAN.
Lo que realmente sorprendió fue el giro inesperado del evento. Felipe de Jesús Mojarro Arroyo, un peso pesado del Yunque poblano, levantó la mano de Eduardo Rivera Pérez para la dirigencia nacional del PAN. Rivera, el ex candidato a la gubernatura de Puebla, que sufrió una aplastante derrota y una disminución significativa del apoyo panista, fue propuesto como relevo de Marko Cortés.
Este respaldo a Eduardo Rivera sorprendió a muchos, considerando que ya era ambicioso aspirar a la dirigencia estatal después del 2 de junio. Sin embargo, para quienes conocen las ambiciones del grupo Yunquista que controla el partido en Puebla, la propuesta no resultó tan inesperada. Eduardo Rivera, aunque cauteloso, expresó su respeto por los tiempos y por los otros aspirantes a la dirigencia nacional, confirmando su disposición a participar en la contienda.
Que @eduardorivera01 fue destapado el fin de semana como aspirante a dirigir el CEN del #PAN y relevar a @MarkoCortes.
Y aunque la prensa poblana trata de ensalzar el ridículo que hizo al hacer un destape casi solo, la jugada no es mala, pues le permitirá al grupo de Rivers… pic.twitter.com/5EdWTWjFu9— Tonny soprano (@soprano_tonny) July 8, 2024
La estrategia del yunquismo es, en apariencia, clara: van “los compadres alcaldes”, Adán Domínguez para la dirigencia estatal y Eduardo Rivera para la nacional. Pero aquí viene el verdadero truco: Rivera no espera ni calcula realmente lograrlo. Su ruidosa campaña por el puesto nacional es una táctica para asegurarse un lugar en el consejo nacional. En resumen, está haciendo suficiente ruido para negociar una posición dentro del PAN tanto a nivel local como nacional. El viejo truco de “perro con hueso ni ladra ni muerde”.
La prensa poblana, por supuesto, intentó ridiculizar este movimiento, pero la jugada es astuta. Rivera y su grupo buscan sobrevivir y prosperar después de una derrota, negociando posiciones clave en el PAN. La sucesión azul se perfila como una batalla brutal, gracias a las innegables divisiones internas.
No solo las críticas vienen del ámbito local, sino también del nacional.La falta de asunción de responsabilidades y el lanzamiento de culpas, como la de Marko Cortés a Felipe Calderón -muy al estilo AMLO- por la derrota del 2 de junio, reflejan una estrategia más enfocada en el pasado que en afrontar el presente. Mientras Morena puso todas las carnes en el asador y la oposición se durmió en sus laureles.