Reforma eléctrica en México

Soberanistas o globalistas y el futuro de la nación

 

José Ojeda Bustamante

@ojedapepe

 

A manera de introducción sobre la reforma eléctrica en México preguntémonos:

¿Qué tienen en común el expresidente Felipe Calderón y la que fue su secretaria de Energía, Georgina Kessel, así como Carlos Ruiz Sacristán, exsecretario de Comunicaciones, y Luis Téllez, también exsecretario de Energía en México?

¿Qué tienen en común otros políticos españoles como el expresidente del Gobierno José María Aznar o el exmandatario Felipe González?

La respuesta es que estos personajes ya sea los nuestros o bien los de España han sido empleados o “asesores” en momentos posteriores a su desempeño como servidores públicos o bien como jefes de gobierno emanados de una elección popular o una decisión parlamentaria, de empresas energéticas privadas.

En concreto nos referimos a las siguientes empresas:  Avangrid, Iberdrola, IEnova y Sempra Energy y la manera en la cual emplearon con salarios y compensaciones exorbitantes a dichos funcionarios en una muestra clara de connivencia entre el poder político y las gigantes energéticas.

Esto, dicho sea de paso, podría resultar asunto menor si no fuera por el carácter estratégico y de soberanía energética que implica el manejo de un bien cuya gestión y propiedad reviste de un matiz fundamental para la vida de una Nación y de aquellos que toman decisiones sobre de ellos, como el caso de los mencionados ex-funcionarios.

La historia así lo demuestra y no tanto en su carácter interpretativo o de curiosidad intelectual sino con hechos; con evidencia que nos grita tan fuerte, que es imposible no escucharla sobre los peligros de poner en manos privadas, bienes públicos sin mediar de por medio acuerdos claros o instituciones fuertes.

Proféticas en este sentido han sido las palabras de un presidente mexicano, Adolfo López Mateos expresadas un 27 de septiembre de 1960 a propósito de la nacionalización de la industria eléctrica mexicana:

“Les devuelvo la energía eléctrica, que es de la exclusiva propiedad de la Nación, pero no se confíen porque en años futuros algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros… Hoy le tocó por fortuna a la energía eléctrica. Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a sus futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la Nación que conformamos”

Pero si el pasado nos grita, nuestro presente también nos habla. Basta mirar a nuestra nación hermana, España y la manera en la cual estas mismas empresas que se beneficiaron de la reforma energética en México durante Peña y Calderón, tienen al borde de un colapso a sus propios compatriotas donde en tres años, el precio de la luz se ha disparado en un impresionante 500%.

Y es que el fenómeno de puertas giratorias entre grandes grupos empresariales y políticos o funcionarios de alto nivel quizás tampoco importaría demasiado si el mercado hubiese demostrado su carácter efectivo en pos del consumidor final o del ciudadano de a pie y su bolsillo. Lamentablemente no ha sido así. Sino lo contrario.

Ciertamente mucho se ha dicho sobre los perjuicios o los beneficios que podría provocar la iniciativa que ha presentado el Ejecutivo para darle a la CFE mayor injerencia en el manejo de la energía.

Pero también y este es el revés de la moneda a la cual hay que detenernos un momento, la reforma energética y la liberalización eléctrica que de manera paulatina se dio con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieta tampoco ha tenido resultados que se hayan visto reflejados en la mejora del nivel de vida de los mexicanos.

Al contrario, la desigualdad en el mundo y en México ha tenido un saldo claro: muchos perdedores y pocos, realmente poquísimos ganadores. Pero también en el proceso histórico de nuestra nación no ha demostrado lo siguiente:

Que el modelo Neoliberal mexicano que tuvo en el salinismo a su figura más representativa apostó por la modernización del país a través de un modelo de liberalización de sectores estratégicos.

Que en el camino esto implicó una fórmula política y económica que dio la espalda a los sectores sociales y ramas económicas tradicionales.

Que se partió de la premisa de que los sectores punta sacarían al resto del país de la pobreza. Pero que al final, después de más de 30 años de gobiernos neoliberales, esto no fue así, ya que si bien la propuesta de liberalización mexicana obedecía a una tendencia internacional en boga en ese entonces posterior a la caída del muro de Berlín, en México, esto tuvo su particularidades, ya que ante instituciones débiles se favoreció un amasiato entre élites empresariales y personajes políticos que dieron pie a una corrupción alarmante de la cual todo mexicano habría de estar seriamente indignado.

López Obrador ha señalado con cierta razón que cada uno de los legisladores priistas tendrá que decidir si actúa de acuerdo con los principios priistas de Lázaro Cárdenas y López Mateos, o los de Carlos Salinas. Preeminencia del Estado en materia energética o, por el contrario, predominio de las fuerzas privadas.

Una reedición de un nuevo debate. El dilema que ahora se plantea entre globalistas y soberanistas. Disyuntiva en la cual México y el presidente Andrés Manuel López Obrador se decanta por esta última. Buscar que México en la medida de lo posible sea independiente y soberano.

Por ello la ley que será discutida en fechas próximas advierte que el suministro eléctrico es un servicio de interés público en un régimen de libre competencia. Y que la CFE se convertirá en un organismo del Estado ya no será una empresa productiva del estado.

Dice un afamado economista que ostentó el cargo de secretario de Hacienda al inicio del mandato de López Obrador que “jugar a cambiar las reglas del sector eléctrico es mucho más riesgoso que jugar a cambiar las reglas del sector petrolero. Jugar con la electricidad es jugar con fuego.”

Y puede que tenga razón, pero que hay de esos más de 30 años de Neoliberalismo rapaz que durante 30 años se han implementado en México convirtiéndola en una nación altamente desigual. Más que un juego. Eso fue un verdadero despojo incendiario.

Al final, en este debate si existe indignación por parte de la oposición, conveniente es que esto se encamine a alguna solución política y no a la mera complacencia en el descontento.

Venga, que desde las antípodas hemos apuntalado precisamente que para eso sirven las Instituciones. Hay que aprovecharlas.

 

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