Encuestas públicas e internas colocan a Pepe Chedraui, Laura Artemisa García y José Luis García Parra como los nombres con mayor posicionamiento rumbo a la alcaldía, una antesala clave para la sucesión estatal de 2030.
Aunque el calendario electoral marca que aún estamos a inicios de 2026, en Puebla capital la sucesión municipal ya está en marcha. Las elecciones intermedias de 2027 comienzan a sentirse en el ambiente político y, tanto en encuestas públicas como en mediciones internas de cada grupo político, el escenario empieza a cerrarse en torno a tres perfiles dentro de Morena.
No es una novedad: la alcaldía de la capital poblana siempre ha sido un espacio clave de poder, no solo por su peso político y presupuestal, sino porque históricamente ha funcionado como trampolín rumbo a la gubernatura. Quien gobierne Puebla de 2027 a 2030 inevitablemente entrará en la conversación sucesoria del estado.
José Chedraui Budib, “El guapo”
El alcalde que busca repetir. Uno de los principales punteros —aunque algunos sectores eviten admitirlo— es el actual presidente municipal de Puebla capital, Pepe Chedraui, quien buscaría la reelección.
En buena parte de las encuestas aparece como el perfil con mayor nivel de posicionamiento y conocimiento ciudadano, una ventaja que no es menor en un proceso donde el voto urbano suele ser volátil.
Pero su fortaleza no se limita a los números. La cercanía de Chedraui con el empresario Carlos Slim es un factor que no puede ni debe minimizarse. Se trata de un alcalde con respaldo desde el centro del poder político y económico del país, con interlocución directa en Palacio Nacional y con un equipo que entiende cómo se construyen estructuras duraderas.
Desde la capital, Chedraui ha venido tejiendo apoyos con sectores empresariales que concentran buena parte del poder económico del estado, lo que le otorga una base sólida no solo electoral, sino también de gobernabilidad. A ello se suma un elemento menos medible, pero igualmente relevante: el carisma. No es casualidad que una periodista lo bautizara como “El Guapo”, un apodo que conecta con un sentimiento real, particularmente entre sectores femeninos del electorado.
Aunque no forma parte del grupo político original del gobernador Alejandro Armenta, la relación entre ambos ha transitado de la tensión a la pragmática institucional. Las diferencias existieron y fueron evidentes para cualquier analista, pero con el paso del tiempo la necesidad de gobernabilidad ha llevado a lijar asperezas. Hoy, Chedraui es un actor que nadie puede ignorar rumbo a 2027.
Las dos “corcholatas” del gobernador
En paralelo, el gobernador Alejandro Armenta tiene dos perfiles propios claramente posicionados en la conversación pública.
Laura Artemisa García Chávez, “La Maestra”
La primera es Laura Artemisa García Chávez, actual secretaria de Bienestar y ex presidenta del Congreso local. Su perfil combina factores estratégicos de peso: formación académica, trayectoria legislativa y una narrativa que apuesta por la educación como vía de transformación social.
Pero más allá del discurso, Artemisa cuenta con una de las estructuras más eficaces en términos electorales: el magisterio. Sabe convocar, organizar y movilizar a maestras y maestros en Puebla, y en la política local hay una certeza compartida: el magisterio sabe ganar elecciones.
A ello se suma que, desde su nuevo encargo en la Secretaría del Bienestar, Artemisa ha comenzado a tejer una estructura territorial distinta, apoyada en delegados y operadores sociales que le permiten llegar a las zonas más vulnerables de la capital. Programas, apoyos y presencia territorial le están dando una base social que trasciende al círculo político tradicional.
Su imagen también está claramente definida. El mensaje del “examen sorpresa” no es improvisado: refuerza una identidad política donde la educación aparece como el eje central. En un contexto donde la paridad ya no es opcional, Artemisa representa para el armentismo una carta doblemente estratégica: competitiva y alineada a la lógica de género que hoy marca la ley electoral.
José Luis García Parra, “El Choco”
El tercer nombre inevitable es José Luis García Parra, actual coordinador de gabinete del gobierno estatal. Su nivel de conocimiento en la capital es alto y su presencia constante en espectaculares, medios y publicaciones impresas ha reforzado su posicionamiento.
Pero recientemente dejó de ser solo una lectura entre líneas. En la pasada conferencia matutina del gobernador, García Parra “sacó el hacha” al afirmar, con convicción, que en 2027 “vamos a ganar todo”. La frase no pasó desapercibida: fue un mensaje político claro de que está en competencia y de que se asume como parte del tablero electoral.
Cercano al gobernador, con control de información estratégica y una estructura operativa sólida, García Parra es un perfil que combina poder interno y ambición política, una mezcla que suele pesar en las definiciones finales.
Una contienda cerrada… y negociable
Lo relevante es que estos tres perfiles comparten una característica poco común: saben dialogar, conciliar y negociar. No se trata de una guerra abierta, sino de una competencia contenida, donde todos entienden que el proyecto que quede deberá integrar —o al menos no confrontar— a los otros dos.
Si hoy se saliera a la calle a preguntar por posibles candidatos de Morena en Puebla capital, estos tres nombres aparecerían con mucha mayor frecuencia que cualquier otro. Hay más aspirantes, sí, pero el nivel de conocimiento y posicionamiento los mantiene a distancia.
En el radar político también aparecen figuras como Alejandro Carvajal, Gaby “La Bonita” Sánchez, la exalcaldesa Claudia Rivera Vivanco, o Rodrigo Abdala. Sin embargo, hoy no les alcanza en encuestas o no les conviene destaparse.
La elección intermedia no es solo por la alcaldía. Es la antesala de la gubernatura de 2030. En la lógica política mexicana —sin importar partido o estado—, los gobernadores buscan que su sucesor sea su heredero político.
Alejandro Armenta no es la excepción. Por eso, aunque el alcalde en funciones encabece encuestas, dos de los tres principales punteros pertenecen a su grupo político, lo que le da margen de operación. Y en ese contexto, el factor género vuelve a jugar un papel central.
La contienda por Puebla capital ya está en marcha, aunque todavía no se nombre así. Las encuestas, los espectaculares, los recorridos y las narrativas públicas no son casualidad. El 2027 está más cerca de lo que marca el calendario y, por ahora, la carrera en el partido guinda parece concentrarse en solo tres nombres.
Todo lo demás, por ahora, es ruido.
Por Adriana Colchado
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