Con un discurso de menos de 50 minutos en el Patio de Honor de Palacio Nacional, Andrés Manuel López Obrador encabezó el esperado discurso sobre el plan de recuperación económica ante la crisis por la pandemia de Covid-19. En el acto, el mandatario anunció más inversión pública, la consolidación de los Programas del Bienestar y la profundización de la “austeridad republicana”, el eufemismo que usa la 4T para su sostenido ajuste al gasto público.
En los últimos días, la ruta de López Obrador parecía ya definida. El cabildeo de Arturo Herrera, líderes empresariales y economistas de todas las escuelas ideológicas no surtieron efecto. El Presidente no quiso financiar un amplio plan contra-cíclico basado en un pronunciado déficit. Tampoco garantizar cierto aire a las empresas con beneficios impositivos, ni recursos para cubrir parte de los salarios de la IP.
“Aún con la depreciación del peso estimada en 23% en lo que va de nuestro gobierno, por esta crisis del coronavirus y los efectos en la economía mundial, a pesar de todo eso estamos haciendo hasta lo imposible para mantener el compromiso de no aumentar la deuda pública”, dijo López Obrador.
Y agregó: “Para financiar este plan sin aumentar impuestos ni decretar gasolinazos, se recurrirá a utilizar los ahorros del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) y los recursos que se mantenían guardados en fideicomisos”.
Desde el jueves, las cámaras patronales -sobre todo el líder del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar- ya daban por perdida la batalla: no habría estímulos fiscales para los grandes sectores económicos. En cambio, para ellos, López Obrador anunció que se avanzará con el demorado plan para la infraestructura energética, que se calcula en 339,000 millones de pesos.
“Entiendo que los conservadores y quienes han medrado con el llamado modelo económico neoliberal, que está por cierto en crisis en el mundo, estén molestos. Entiendo que quienes durante mucho tiempo aplicaron la política de privatizar ganancias y socializar pérdidas no compartan nuestra visión de desarrollo con justicia y democracia. Ya rompimos el molde”, afirmó.
En su Informe Trimestral de Gobierno, AMLO repasó todos los logros de su gestión. Y luego anunció que los recursos que se liberen desde los fideicomisos y productos de un nuevo ajuste, se destinarán a más programas sociales, a la contratación de más trabajadores públicos -para el sector salud y seguridad- y también a ampliar la ayuda a Pemex.
Los primeros en sufrir este ajuste serán los empleados de mayor categoría en el Gobierno. AMLO anunció un recorte a sus salarios y confirmó que no recibirán tampoco el aguinaldo correspondiente a 2020. Un riesgo, para muchos especialistas, porque podría paralizar las labores de los burócratas una vez levantada la cuarentena.
“En esta crisis, subrayo, transitoria, a cada quien le toca hacer su parte. De manera específica informo que he hecho una consulta y hay un consenso: se bajarán los sueldos de los altos funcionarios públicos y se eliminarán los aguinaldos desde el cargo de subdirectores hasta el del Presidente de la República”.
AMLO anunció una inyección de 25,000 millones de pesos para mejorar el sistema de drenaje, de agua y para la construcción de 50,000 viviendas en zonas vulnerables. Con ese plan, según explicó, se crearían unos 228,000 empleos directos.
También confirmó que el Programa Sembrando Vida se ampliaría para otros 200,000 campesinos. Lo mismo para el plan de apoyo a los pescadores: ahora lo recibirían otros 190,000 nuevos beneficiarios. “Se entregaran apoyos adicionales a las sociedades de padres para el mantenimiento de 31,000 planteles escolares”, agregó, aunque sin dar mayores detalles.
