Los ataques a Scherer

El banderazo para adelantar la sucesión presidencial está obligando a todas las tribus a pintarse muy anticipadamente el rostro con los colores de una guerra civil morenista plagada de ataques: el último caso es el de Julio Scherer Ibarra

POR RAMÓN ALBERTO GARZA

El presidente Andrés Manuel López Obrador tendría que ponerle más atención a lo que sucede hacia el interior de su más cercano equipo de trabajo, aun con los que ya abandonaron sus estratégicos cargos, pero continúan cerca.

El banderazo para adelantar la sucesión presidencial, abriendo un juego entre Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, está obligando a todas las tribus a pintarse muy anticipadamente el rostro con los colores de la guerra.

Es una guerra civil morenista plagada de ataques, descalificaciones, filtraciones y fake news que propician el llamado “fuego amigo”.

Lo que se busca es meter zancadillas entre los de la misma estirpe política, elevando la temperatura de la confrontación para sacar adelante proyectos políticos personales por la ruta de la descalificación.

El último caso es el de los ataques desde distintos frentes a Julio Scherer Ibarra, quien fuera hasta principios de septiembre el jefe de la Consejería Jurídica de la Presidencia.

A quien es calificado como el hombre más cercano en los afectos, las decisiones y las complicidades con el presidente -quien el día de su despedida incluso lo llamó “mi hermano”- es blanco de una intriga más.

En algunas columnas políticas que circularon en los últimos días se pretendió vincular a Scherer como el poderoso funcionario tras el multimillonario escándalo de presunta evasión fiscal y lavado de dinero del facturero Víctor Álvarez Puga y la actriz Inés Gómez Mont.

Se intenta imputar que la estrategia de defensa para librar el voluminoso expediente del hombre del outsourcing habría transitado por abogados ligados al ex Consejero Jurídico de la Presidencia.

El hecho es que Scherer dice no solo no conocer ni a Álvarez Puga ni a Gómez Mont, sino que rechaza que exista alguna reunión o recomendación que lo liguen al caso.

Lo que sí parece estar claro es que alguien pretende descalificar al amigo del presidente, ante la posibilidad de que -en un futuro inmediato- pueda ser llamado a ocupar alguna posición estratégica en el terreno de lo jurídico o lo judicial.

Hacer el mayor ruido posible sobre “relaciones inconfesables” que nunca existieron, buscando sembrar la duda para dejar injugable al personaje.

Hechos similares se tejen en torno a las historias que rodean a Claudia Sheinbaum, a quien acusan de patrocinar una granja de ‘bots’ que presuntamente se dedica a golpear por las redes sociales, lo mismo a Marcelo Ebrard que a Ricardo Monreal.

Ni qué decir de la batería de ataques en contra del Canciller, a quien acusan lo mismo de traicionar al presidente, insertando sin avisar el discurso del mandatario chino en la Cumbre Latinoamericana, que de hacer presuntos e inconfesables “negocios humanitarios” con Venezuela.

La ola de “fuego amigo” alcanza al Senado, en donde se filtra que Ricardo Monreal solo opera de la mano de Ebrard para la sucesión y que ambos están decididos a sacar de la pista 2024 a Claudia Sheinbaum.

Tan cierto como que para desmentir que exista un ring morenista de descalificaciones se planeó una reunión en la Secretaría de Gobernación, en la que aparecieron en la foto Adán Augusto López, Sheinbaum y Monreal, hablando de un pacto de “no agresión”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Pero de ese cónclave fue excluido Marcelo Ebrard. ¿Será porque el encono entre Sheinbaum y Ebrard es tan grande que no califica para una sentada a fumar la pipa de la paz?

Y ni qué decir de todas las especulaciones que se desataron en los días de la salida de Olga Sánchez Cordero de la Secretaría de Gobernación para irse a incorporar al Senado, donde ya despacha como Presidenta.

Que si el presidente le había perdido la confianza, que si la confrontación entre ella y Scherer había rebasado el límite, que si su única asignatura -el Caso Ayotzinapa- se le había estancado. Especulaciones sobre especulaciones.

Y si se voltea a la Fiscalía General de la República, Alejandro Gertz Manero no está exento también de ese “fuego amigo”, desde las entrañas del morenismo, que claman por su relevo ante la falta de resultados.

Lo que pretendemos advertir es que, detrás de los ataques orquestados contra Scherer, se esconden otros intereses que no vacilan en dar por hecho situaciones que jamás ocurrieron, porque los involucrados simplemente ni se conocían.

Pero eso solo puede suceder cuando desde Palacio Nacional se alienta el golpeteo y la descalificación entre “hermanos”, que como modernos Caínes asesinan a periodicazos o en las “benditas redes sociales” a los Abeles. Todo en detrimento del gobierno al que sirvieron unos y del que se sirven otros.

Y eso, al final del día, solo debilita la de por sí frágil estructura de un gobierno de la Cuarta Transformación que frente a la difícil realidad, nacional e internacional, tendría que estar haciendo causa común para sacar adelante los grandes retos nacionales, no las falaces intrigas personales.

¿Alguien pondrá orden, antes de que se aniquilen los unos y los otros?

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