Más allá de las supuestas “ofertas de trabajo” de grupos criminales en redes sociales, la realidad es que un 70 por ciento de los jóvenes en Michoacán que se acercaron a actividades delictivas lo hicieron de la mano de un conocido, afirmó Juan Carlos Quirarte, responsable del análisis de contexto de trata y reclutamiento en esa entidad.
En el caso de las mujeres menores de edad, se convertirían en víctimas de trata y de explotación sexual a través de una pareja sentimental; los varones, serían reclutados para actividades criminales a través de familiares y empleadores.
Quienes reclutarían a los menores serían personas admiradas en sus círculos debido a que los delincuentes manipulan sus imágenes con los niños y adolescentes con acciones como entregar juguetes y regalos en fechas como el Día de Reyes o el Día del Niño, como se ha documentado frecuentemente.
Una de esas ocasiones fue el 30 de diciembre de 2024, cuando el Ayuntamiento de Coalcomán, en Michoacán, celebró una fiesta en la que se colgaron mantas con un agradecimiento para Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), tras la supuesta entrega de juguetes a niños en ese poblado.
Pese a que la primera respuesta de los adolescentes para participar es una aspiración económica, estos continuarían con actividades criminales para consolidarse en sus comunidades donde la violencia tiene un rol significativo.
El respeto a estas figuras también es reforzado por varias muestras de la narcocultura como los corridos y otros contenidos multimedia que se encuentran en redes sociales como podcasts y videos creados por influencers que utilizan códigos con los que los cárteles se identifican.
Grupo REFORMA documentó el uso de estas señas y códigos que los cárteles usan en las redes sociales para introducirse de manera discreta entre los jóvenes.
Los emojis se utilizarían para diferenciar a los grupos criminales como es el caso de “Los Chapitos”, facción del Cártel de Sinaloa de los hijos de Joaquín, “El Chapo”, Guzmán, que serían representados con una pizza; o el CJNG, representado con un gallo, en referencia al líder del grupo, Nemesio Oseguera, también conocido como “El Señor de los Gallos”.
Basta con buscar los hashtags #maña y #trabajoparalamaña en redes como TikTok para encontrar supuestas ofertas de trabajo, muchas veces comentadas por usuarios que piden información.
Desde ese frente, el Gobierno federal ha tomado acciones: el pasado 23 de abril informó de la eliminación de al menos 200 cuentas de redes sociales que presuntamente reclutaban a niños y adolescentes para el crimen organizado.
También se han impuesto sanciones contra grupos musicales que cantan narcocorridos en sus presentaciones como sucedió con el conjunto Los Alegres del Barranco, quienes en mayo pasado fueron vinculados a proceso por presunta apología del delito tras proyectar imágenes de líderes del narcotráfico en conciertos en Jalisco.
Sin embargo, precisaron los expertos, los puntos fértiles para el narcorreclutamiento es una mezcla de presencia criminal, falta de ingresos, bajo nivel educativo y poco acceso a servicios de salud sumado a un abandono de los jóvenes en sus familias, mas no el uso de las redes sociales.
El documento Infancia Cuenta en Veracruz de REDIM, que indaga los métodos del crimen organizado para engrosar sus filas en esa entidad, precisa que el fenómeno tiene su principal origen en la desprotección de los jóvenes, quienes recurren al crimen organizado también para huir de un ambiente familiar marcado por negligencias, abusos e incluso agresiones sexuales.
“Estas experiencias (los abusos) tienen un impacto significativo en los derechos de las niñas, niños y adolescentes, creando un ambiente de indefensión que puede ser aprovechado por la delincuencia organizada”, precisa el documento.
Además de la negligencia de los hogares, el informe añade que muchas veces los jóvenes están en indefensión debido a que sus padres o tutores tuvieron que dejar sus hogares para ir a Estados Unidos en busca de una fuente de ingresos más estable.
La deserción escolar también es un factor clave, ya que además de que los jóvenes abandonaban sus estudios tras cometer un delito o haber sido detenidos en un centro reformatorio, un importante porcentaje había descartado desde un principio la escuela como un camino de movilidad social.
El 27.5 por ciento de los encuestados señaló falta de interés o gusto por los estudios; el 27.3 por ciento decidió abandonar la escuela para ingresar al mercado laboral.
Otros factores mencionados incluyeron problemas familiares (17.1 por ciento), consumo de drogas (15.1) y algunos descartaron completamente la educación como algo “útil” para su futuro (15.1 por ciento).
La manera en la que los medios de comunicación y algunas estrategias del Gobierno federal abordan el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por parte del crimen organizado dejan ver una “crisis civilizatoria”, señala Daniel Hernández Rossete, investigador del Cinvestav.
“Estoy hablando de una crisis civilizatoria muy cabrona, no es un tema moral, sino ético. La relación entre ética, poder político, y el poder periodístico se está adelgazando de manera alarmante”, alertó en entrevista.
Aspectos como la exposición de datos, imágenes e información sensible por parte de la prensa son prácticas que tanto el investigador como distintos colectivos han criticado respecto a este tema.
Casos como el mismo asesinato del Alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en el que el rostro del joven circuló tanto en medios tradicionales como en redes sociales, son ejemplos de un tipo de “comercialización del morbo” ante esta problemática.
“Estoy hablando de un morbo por la muerte violenta. Estamos frente a un espectáculo anónimo sobre la muerte violenta y se está convirtiendo en una mercancía. Es un producto que se vende y se compra”, crítica.
“Creo que requerimos de mucha reflexión sobre el fenómeno del narcotráfico y la violencia, pero no solamente desde el dato morboso, casi pornográfico. Sino desde la forma en cómo estamos planteando la relación con este fenómeno como objeto de estudio”.
Por otra parte, el doctor especializado en sociología urbana lamentó que información más técnica y especializada sobre los contextos de los jóvenes muchas veces está sesgada por la misma naturaleza del crimen organizado.
“Tenemos más de 15 años sin poder entrar ya a comunidades de una forma más abierta. No solamente los antropólogos, sino los sociólogos, e incluso el Inegi tiene antecedentes de encuestadores que entran y que los desaparecen”, sostuvo.
Incluso este tipo de trabajos, señaló, se realizan con otro marco de respeto a los derechos de las niñas, niños y adolescentes, como el mismo resguardo de sus identidades.
“Las entrevistas (en investigaciones) tienen que ser anónimas y confidenciales. Y no solamente como un tema de derecho de las personas, o sea, las personas tienen derecho a la confidencialidad y al anonimato”, sostuvo.
La falta de un marco legal que castigue el reclutamiento infantil para actividades criminales es otro de los motivos por lo que los cárteles mexicanos buscan a jóvenes para el sicariato, el halconeo, las extorsiones y otras actividades delictivas, afirma Jaime Laines Potisek, director del Centro Juan Antonio Montesinos.
En entrevista, destaca que organizaciones civiles han llamado a la creación de un marco judicial que proteja a las niñas, niños y adolescentes que se ven involucrados en las redes de la delincuencia.
“El delito no es el que ejecuta el menor estando en situación de reclutamiento. Es decir, un menor que va y delinque, roba, maltrata o incluso mata a otra persona habiendo sido capturado por el crimen, en realidad está en situación de víctima. Como no hay delito de ‘reclutamiento’, no se le puede clasificar en ese sentido.
“Una forma de protegerlo sería decir: ‘todos los delitos que se cometan por esa persona están realizados en calidad de víctima'”, indica.
Además de la falta de un marco jurídico con esta perspectiva, el investigador advierte que la responsabilidad no sólo recae en las garantías que debe proporcionar el Estado a este sector, como seguridad y acceso a servicios educativos y médicos, sino también a la creación de tejido social que involucre a la población.
“No es que no sean mis hijos o hijas. Son nuestros hijos o hijas porque son socialmente generados, creados y cuidados o descuidados. Como sociedad civil es importante promover una ética del cuidado, de la atención y de la hospitalidad”.
El tener una perspectiva crítica ante la promoción de productos culturales aspiracionales de la delincuencia, como los narcocorridos y la admiración a personajes que impulsan estas expresiones, afirma, son un tema que corresponde como sociedad.
“Es responsabilidad de la sociedad no hacerle juego a este tipo de invitaciones de qué es lo bueno, qué es deseable, qué es aspirable. Etcétera. Es increíble si uno se pone a oír cierta música, cierta cultura, en lugares de muy alta incidencia de delictividad”, refiere.
Laines Potisek destaca la creación de programas sociales dirigidos a esta población; sin embargo, apercibe que el coincidir de la violencia y la pobreza orilla a las niñas, niños y adolescentes cada vez más a buscar “trabajos” en actividades criminales, pese a que sí existen casos en los que la escuela sí representa un camino de movilidad social para los jóvenes.
“El ofrecimiento que la delincuencia organizada puede dar a un joven, un salario mucho más alto por una actividad mucho más -voy a poner entre comillas- sencillas, menos complejas. Los programas son apoyos, pero no son la solución de fondo al problema”, comenta el investigador.
Aunque el tema es complejo, afirma, un plan para abordar el reclutamiento infantil incluiría programas de capacitación laboral, la creación de alternativas reales de trabajo, un fortalecimiento a la educación y un combate efectivo a la impunidad.
El experto cita un proverbio africano: “El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto, incendiará la aldea para sentir su calor”, y advierte que el crimen organizado tiende a tomar un rol paternalista en las comunidades con alta criminalidad.
“El crimen organizado muy hábilmente se ha visto y especializado en presentarse como un benefactor, un sustituto de padre, madre, de persona cuidadora, de persona que atiende.
“Se convierten en una persona de confianza, que da atención, que se preocupa por el otro. Es terrible, porque efectivamente es una de las razones por la que muchas personas menores de edad van a caer en esas redes”, alerta.