SE “VENDEN” NIÑAS A 10 MIL PESOS: EL MERCADO NEGRO QUE ABRIÓ LA PANDEMIA

Unos cuantos billetes, terrenos, animales y hasta consolas de videojuegos: familias en Tlaxcala venden a sus hijas y nietas en plena crisis sanitaria y económica por la Covid-19, según la ONG Ddeser, que sigue la pista del negocio de la explotación humana.

Por Óscar Balderas

La organización civil Ddeser (Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México) documenta este tipo de delitos. Foto: Archivo.

EMEEQUIS.– A los 14 años, Esmeralda –su nombre real no puede saberse por seguridad– conoce pocas cosas del mundo: no conoce el mar, las fiestas de cumpleaños ni los regalos de los Reyes Magos. Sí sabe, en cambio, del maltrato y el miedo de no encontrar paz en su propia casa. Y desde hace unos días ella sabe otra cosa: por la crisis económica, su cuerpo está a la venta.

El 16 de octubre pasado, su abuelo la vendió por 10 mil pesos a un hombre que recientemente había enviudado en el municipio de San Pablo del Monte, al sur de Tlaxcala, un pueblo en el que ser vecino de tratantes de personas ha normalizado la compra y venta de seres humanos.

La casa de Esmeralda está a solo 15 minutos de Tenancingo, un pueblo conocido internacionalmente como el semillero de los padrotes, la cuna de las más infames familias dedicadas al negocio de la explotación sexual en México, quienes secuestran, extorsionan, prostituyen, cobran y asesinan a mujeres desde Centroamérica hasta Nueva York, Estados Unidos.

Esmeralda no pudo oponerse a su venta. En una sociedad machista como la de San Pablo del Monte, que ve a las niñas y mujeres como objetos intercambiables, tampoco es posible contradecir las decisiones de un abuelo o un padre. Así que un día estaba en su casa y al otro día le anunciaron que se había convertido en la “esposa” de aquel señor que le triplicaba la edad y que dijo que la quería para hacer la limpieza de su casa.

Ni siquiera había tenido su primera menstruación. Menos había tenido novio o relaciones sexuales. Con esa inocencia a cuestas, la niña de 14 años pisó esa casa ajena que le pareció más una mazmorra que un hogar.

Ahí Esmeralda supo otra cosa más: aquel hombre mintió al decir que la había comprado únicamente para hacer el aseo.

UNA NIÑA POR UN TERRENO O POR UN XBOX

Rosario Texis, la directora de la organización civil Ddeser (Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México), se le escucha la rabia en la voz cuando narra la historia de Esmeralda, a quien conoce personalmente. Tiene años de experiencia lidiando con casos similares, pero el nuevo coronavirus ha cambiado todo lo que creía saber del mercado negro de personas.

“Acuérdate tú qué estabas haciendo a los 14 años, ¿cuáles eran tus prioridades y tus sueños en esa edad? Ahora piensa que a esa edad te avisan que alguien pagó por ti y que tu familia es la que te entrega, como si se deshicieran de una licuadora o un mueble”, dice Rosario Texis, cuya organización se dedica a dar información sobre derechos sexuales y reproductivos.

Desde que comenzó la pandemia, Ddeser ha atendido –hasta finales de octubre– 33 casos de embarazos de niñas de 10 a 14 años. De esos casos, siete han sido de niñas que fueron embarazadas tras tener relaciones sexuales con alguien que las había “comprado” en Tlaxcala. Estas cifras representan un aumento de un tercio respecto al año pasado.

“En una primera etapa, el confinamiento agudizó muchísimos problemas. Los abuelos dormían con las nietas, los tíos con las sobrinas. La sana distancia que se pedía afuera se volvió una cercanía poco sana en las casas y vinieron muchos problemas de violencia familiar, pero también de violencia sexual que impactaron a las niñas y adolescentes.

“Luego, la crisis económica que causó ese confinamiento trajo otro tipo de problemas: las familias empezaron a ‘vender’ a sus hijas, especialmente menores de edad, porque no tenían dinero para lo que ellos consideran indispensable. Se despedían de las niñas y las entregaban a los ‘compradores’ con la firme intención de no volver a saber de ellas, porque ya se habían vuelto propiedad de alguien”, dice Rosario Texis.

En la pandemia, una niña de 14 años, como Esmeralda, puede “valer” 10 mil pesos. Pero si el “comprador” no tiene efectivo, pueden ofrecer otras cosas a cambio de una niña o adolescente tlaxcalteca: un terreno pequeño, animales de granja o un automóvil. 

“Conocimos el caso de alguien que ofreció un Xbox (una consola de videojuegos). La mayoría dice que es para casarse con ellas –aunque el matrimonio infantil ya no está permitido en el país– pero la realidad es que muchas veces terminan vendidas, otra vez, a familias que buscan una empleada doméstica de planta o redes de explotación sexual a lo largo del país”.

Se trata de un mercado negro, y millonario, que empieza con alguna familia que piensa en su hija, nieta o sobrina como un objeto intercambiable por dinero y terminan con los cárteles de la droga, como Los Zetas o el Cártel Jalisco Nueva Generación, aprovechandose de esas transacciones y engrosando sus ganancias por venta de drogas y extorsión con el negocio de la prostitución forzada.

En los cálculos más conservadores, la explotación humana es un negocio que vale anualmente unos 32 mil millones de dólares, según la Organización Internacional del Trabajo. Esas ganancias son superiores al tráfico de armas y sólo las supera el tráfico de droga.

Es una maquinaria millonaria que se lubrica con el sufrimiento ajeno de niñas como Esmeralda.

LA VIDA VALE MENOS

Apuntes de reportero: en septiembre de 2013 escribí por primera vez de la venta de niñas en Tlaxcala. Era un mundo completamente desconocido para mí: ¿cómo era posible que, mientras madres y padres buscaban a sus hijos desaparecidos con desesperación, hubiera familias que “remataban” a sus seres queridos?

En aquel año escribí sobre un grupo de familias oaxaqueñas que, en medio de la crisis, vendían a sus hijas. Lo hacían, incluso, a meses sin intereses, usando un sistema de tandas.

Un diario de circulación nacional publicó esa historia: una niña de 12 años en el Istmo podría “valer” lo mismo que una vaca o cinco becerros. Incluso, había quienes incluían cajas de cerveza para ganar la subasta sobre niñas y adolescentes.

La chica que me contó su historia me dijo que se llamaba “Esther” y, entre sollozos, me narró que su papá la había “vendido” por 40 mil pesos a una familia que la “compró” para ser la empleada doméstica de una casona en Huixquilucan, Estado de México.

A cambio le daban un pedazo de piso donde taparse con toallas que usaba el perro de la casa, comida a punto de echarse a perder y un turno de 16 horas al día que incluía la violación diaria del hijo mayor de la familia, un tipo que encontraba placer en su sufrimiento.

Hace siete años eran 40 mil pesos. Hoy son 10 mil pesos. La vida cada vez vale menos.

LA TRATA QUE SE ALIMENTA DE LA CRISIS

La primera relación sexual de Esmeralda ocurrió la primera noche que pasó con el hombre que la “compró”. Fue humillante, indigna, terriblemente dolorosa. Solo ella sabe cuántas más violaciones soportó durante la semana que vivió con ese hombre que presumía ser compadre de su abuelo.

Al octavo día, Esmeralda supo que tenía que hacer algo, si quería evitar más agresiones. A escondidas entró a Internet para saber por qué sangraba tanto. Y de búsqueda en búsqueda llegó hasta la página de Facebook de la organización civil Ddeser, que lleva años trabajando en Tlaxcala por la interrupción del embarazo de manera legal y segura. Después de leer mucho en la web, Esmeralda temía que después de ser forzada a tener relaciones sexuales sin condón podría estar embarazada.

“Ella encuentra información sobre nosotras y acude con nosotras. Lo primero que nos dice es que empezó a sangrar y nos cuenta su situación: fue ‘vendida’ por el abuelo, quien le dijo que ‘venderla’ era lo único que podía hacer la familia para sobrevivir a la crisis.

“Nos dice que su familia recibía apoyos del gobierno –la pensión, la beca de adultos mayores– pero es insuficiente para el gasto familiar. Su mamá vende tortillas y su papá apenas aporta a la casa. También nos dijo que no quería vivir con ese hombre que la había ‘comprado’. Aún recuerdo sus palabras: me dijo ‘él (su ‘comprador’) me picó (tuvieron relaciones sexuales)’”, recuerda Rosario Texis.

De inmediato, las integrantes de Ddeser se movilizaron. Contaban con pocas horas, si querían salvar a Esmeralda. Le llamaron por teléfono y le pidieron que venciera el miedo y se escapara de ese hogar que se había vuelto un burdel: la verían en una ubicación solo conocida por ella y por las mujeres de esa ONG en la capital de Tlaxcala.

Esmeralda dudó. Le parecía demasiado arriesgado. De un lado de la línea la niña de 14 años temblaba de miedo, mientras que del otro lado, Rosario Texis y su equipo temblaban de emoción por salvar a otra niña de un destino violento. Fue una negociación larga y tensa que duró un tiempo que pareció eterno.

Entonces, Esmeralda colgó el teléfono y el personal de Ddeser se hundió en una duda: ¿esa niña de 14 años sería tan valiente como para escapar e ir hasta ellos?

LAS NIÑAS TAMBIÉN SE VENDEN EN INTERNET

En mayo de este año, con dos meses viviendo el confinamiento al obligó la Covid-19 durante marzo y abril, Radamés Hernández Alemán, director del Centro de Respuesta de Incidentes Cibernéticos de la Guardia Nacional, reveló ante los medios una cifra espinosa que debería avergonzar a todo el país.

De acuerdo con los reportes que había recibido de usuarios mexicanos que navegan en la web, durante ese par de meses se registró un incremento histórico de 73 por ciento en búsqueda de pornografía infantil.

Aquel número incrementó exponencialmente entre enero y junio de este año, pues las denuncias por pornografía infantil en la red crecieron 157%, según los datos de la Guardia Nacional. Nunca, en la historia del país, se habían llegado a esos números.

El informe de la Guardia Nacional detallaba que la pandemia no sólo había impulsado las búsquedas de pornografía infantil en internet, sino que el confinamiento representaba un peligro latente para millones de niñas y niños que podrían ser presas de victimarios que usaran sus cuerpos para producir videos y fotografías con contenido erótico y así ganar dinero por internet.

Y entre esas niñas y niños más vulnerables estaban menores de edad como Esmeralda, expulsados de las familias a cambio de unos cuantos pesos.

ESMERALDA QUIERE EMPEZAR DE NUEVO

Para sorpresa del equipo de la organización civil Ddeser, Esmeralda emprendió el viaje desde San Pablo del Monte hasta la capital de Tlaxcala. En cuanto llegó le hicieron estudios médicos para descartar un embarazo y enfermedades de transmisión sexual. Hasta ahora, con los primeros resultados clínicos, Esmeralda parece estar sana.

“Cuando llegó con nosotros llevaba diez días de ‘casada’. Encontramos desgarres en los genitales, lo cual indicaba que en sus primeras relaciones sexuales ella se quiso defender, pero finalmente fue sometida y víctima de varias violaciones”, cuenta Rosario Texis.

Esmeralda sólo aceptó ser revisada por un médico. No quiso denunciar. Sólo aceptó ser albergada en un refugio especializado en víctimas de violencia sexual, a los 14 años, porque no quería volver con la familia que la había vendido a un desconocido.

“Ahora, como Ddeser, intentaremos poner una denuncia, que la justicia llegue hasta los responsables de ‘vender’ a una niña por el delito de trata de personas. Pero no es fácil: al gobierno de Tlaxcala no le gustan las carpetas de investigación por trata. Siempre intenta cambiar el tipo de delito –corrupción de menores, abuso sexual, estupro– para que no se afecte la imagen pública del estado”.

Para sorpresa de Rosario Texis, después de que Esmeralda huyó de la casa de aquel hombre que la “compró”, no ha habido un solo reporte de desaparición ante las autoridades. Ni su familia ni aquel viudo la buscan, acaso porque saben que preguntar por ella sería como incriminarse en el delito de trata de personas.

Pero Esmeralda existe. Hoy, a sus 14 años, vive en un lugar que no puede revelarse al público. Amanece y duerme en un albergue dedicado a niñas y mujeres, como ella, que necesitan un lugar seguro para empezar de nuevo.

Un lugar en el que Esmeralda sepa que no hay dinero suficiente en el mundo para comprarla.

 

 

@oscarbalmen

 

 

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