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BTS en Palacio Nacional desata debate por prioridades de Sheinbaum

Por: Adriana Colchado

@tamalito_rosa

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Sheinbaum lleva a BTS a Palacio Nacional mientras crece presión por narcopolítica, desaparecidos y amenazas de EU

Mientras México enfrenta una nueva escalada de tensión con Estados Unidos, acusaciones de narcopolítica contra figuras cercanas a Morena, reclamos de colectivos de desaparecidos y una creciente presión internacional por el combate al crimen organizado, Palacio Nacional abrió sus balcones… pero para BTS.

La escena fue inédita: los siete integrantes del grupo surcoreano BTS —RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jungkook— aparecieron en uno de los balcones presidenciales acompañados por la presidenta Claudia Sheinbaum para saludar a más de 50 mil seguidores congregados en el Zócalo capitalino.

El acto duró apenas entre 3 y 6 minutos, pero políticamente su dimensión fue mucho mayor.

No fue un evento espontáneo.

Desde horas antes de la aparición del grupo, seguidores conocidos como ARMY comenzaron a concentrarse desde temprana hora en el Centro Histórico bajo temperaturas elevadas, al grado que bomberos capitalinos rociaron agua sobre asistentes para mitigar el calor, mientras distintas dependencias acompañaban la logística.

El dato político más delicado es otro: la propia estructura gubernamental promovió el encuentro.

Hubo difusión institucional desde la Secretaría de Cultura y también desde la Secretaría de Educación Pública (SEP), convocando a jóvenes a seguir la visita de la agrupación. Es decir, parte del aparato público federal ayudó a amplificar un evento de entretenimiento en el corazón simbólico del poder presidencial.

Posteriormente, Claudia Sheinbaum compartió una fotografía con la banda y escribió:

“Recibo con gusto a uno de los grupos más queridos por las y los jóvenes de México: BTS. La música y los valores unen a México y Corea del Sur”.

Más tarde publicó nuevas imágenes de la concentración masiva en el Zócalo y remató:

“Me da mucha alegría haber podido darles este momento de júbilo”.

La frase no pasó desapercibida: la Presidencia defendió la visita como un acto cultural y emocional, como una apuesta por conectar con juventudes y abrir espacios de convivencia simbólica.

Pero el contexto político convirtió el momento en blanco de críticas.

Ese mismo día:

  • Donald Trump reiteró que si México no enfrenta a los cárteles, Estados Unidos actuará;
  • el fiscal estadounidense Todd Blanche adelantó que vendrán nuevas acusaciones contra políticos mexicanos ligados al narcotráfico;
  • el caso Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, mantiene a Morena bajo presión por señalamientos de presuntos vínculos criminales;
  • colectivos de búsqueda y organizaciones feministas mantienen reclamos de audiencia y atención presidencial.

En ese contexto, para sectores críticos, el gobierno pareció privilegiar un gran espectáculo mediático mientras el país atraviesa crisis estructurales de seguridad y derechos humanos.

La organización feminista IMAC reclamó públicamente que la presidenta sí tuvo tiempo para recibir a BTS, pero no para atender a familiares de desaparecidos, periodistas en riesgo y defensoras de derechos humanos, quienes —según denunciaron— han solicitado audiencia desde el 10 de diciembre de 2024 sin obtener respuesta.

A ello se sumó otro episodio incómodo: comenzó a circular un posicionamiento atribuido a Army México, en el que se expresa rechazo al uso político de la imagen del grupo, pidiendo evitar que artistas internacionales y eventos culturales sean utilizados con fines ajenos a la música o a la convivencia cultural.

Un comunicado atribuido a Army México pidió evitar el uso político de la imagen de BTS, subrayando que la cultura y la música no deberían instrumentalizarse.

Hay además un símbolo que en política comunica mucho: la cuenta oficial de BTS compartió imágenes de su paso por Palacio Nacional… pero omitió incluir a Claudia Sheinbaum en la fotografía oficial publicada a sus millones de seguidores. En la imagen aparecen únicamente los siete integrantes.

La Presidencia buscó capitalizar el momento.
BTS cuidó su marca.

Y todavía al día siguiente, la conferencia mañanera abrió con un video del grupo anunciando su regreso a México para 2027, reforzando la centralidad que el gobierno decidió darle al acontecimiento.

En términos políticos, el episodio deja una pregunta inevitable:

¿fue diplomacia cultural, acercamiento con juventudes o una monumental cortina mediática en medio de una crisis de Estado?