Morena y aliados tenían un salón de belleza “clandestino” en el Senado: austeridad de discurso, glamour de realidad
Compañeros de la prensa destaparon la existencia de un salón de belleza que operaba desde hace casi un año dentro del Senado, discretamente instalado en el segundo piso de la torre del Hemiciclo, en un espacio que anteriormente ocupaba la Comisión Federal de Electricidad.
La escena que detonó el escándalo es, por decir lo menos, simbólica: la senadora del Partido Verde, Juanita Guerra Mena, fue sorprendida en plena sesión del Senado… mientras se aplicaba un tinte en el cabello, en horario laboral y dentro de un recinto público.
“¿Cuál servicio?”, respondió… con el tinte puesto
El video difundido por medios nacionales muestra el momento exacto en que la legisladora, visiblemente nerviosa, responde al cuestionamiento del reportero Jorge Monroy:
—¿Desde cuándo está el servicio?
—¿Cuál servicio?
Todo esto mientras tenía el cabello cubierto de tintura.
Minutos después, la propia senadora reconoció que el salón llevaba casi un año funcionando, que sí tenía costo, y que cada legisladora paga su servicio. El horario: de 7:00 de la mañana a 2:00 de la tarde, únicamente los días de sesión plenaria.
Una estética “invisible”, pero bien instalada
El salón no tenía rótulos ni señalamientos. A simple vista parecía una oficina más, aunque en su interior contaba con tocadores, sillones, espejos, equipo para peinado, maquillaje y tintes. Todo, dentro de un edificio público financiado con recursos del Estado.
Este no es un episodio aislado. El Senado ya había tenido una estética interna, pero fue cerrada en 2018, cuando Ricardo Monreal asumió la Junta de Coordinación Política, como parte del plan de austeridad impulsado tras la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia.
En aquel entonces, el argumento fue claro: era frívolo, innecesario y un privilegio.
Laura Itzel Castillo: “sí sabía… y sí soy clienta”
Tras estallar la polémica, la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, salió a justificar la existencia del salón. Primero confirmó que sí sabía del servicio. Luego admitió que ella misma lo ha utilizado.
Su explicación fue que muchas senadoras viajan desde otros estados, llegan de madrugada y deben estar “presentables” para las sesiones.
“Cada una de las senadoras paga el servicio que se hace. Es algo muy normal”, declaró.
También aseguró que no se utilizan recursos públicos para pagar los servicios, aunque el espacio, el inmueble y la operación dentro del recinto legislativo sí forman parte de la infraestructura del Senado.
Andrea Chávez niega haberlo impulsado
Versiones periodísticas señalaron que la reapertura del salón habría sido gestionada por la senadora morenista Andrea Chávez, lo que ella negó tajantemente en redes sociales:
“FALSO. Ni habilité ningún salón de belleza, ni soy la de la foto, ni me peino en el Senado… Tengo una Dyson, me peino en mi casa”.
FALSO.
Ni habilité ningún salón de belleza, ni soy la de la foto, ni me peino en el Senado, ni me peina nadie.
Tengo una Dyson, me peino en mi casa, y no tengo nada que ver con la película que se montaron.
Si tienen decencia, rectifiquen, @Reforma. pic.twitter.com/ikzm1AnWIz
— Andrea Chávez (@AndreaChavezTre) February 4, 2026
Pese al deslinde, el salón fue clausurado horas después, con sellos colocados por la Dirección General de Resguardo Parlamentario, fechados el 4 de febrero.
La pregunta inevitable quedó flotando:
si no había nada irregular, ¿por qué clausurarlo de inmediato?

El doble discurso de la austeridad
El escándalo no termina ahí. Una investigación de Libro Negro reveló que el Senado gastó más de 200 mil pesos en 2024 en maquillaje y artículos para el cabello, incluyendo productos de marcas como MAC, Maybelline y BaBylissPRO.
Entre las compras documentadas destacan:
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Polvos traslúcidos de 878 pesos por pieza
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Sprays, mousse y fijadores por más de 12 mil pesos
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Planchas profesionales para alaciar cabello
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Cepillos, geles y peines de uso profesional


Las adquisiciones fueron realizadas por la Dirección General de Recursos Materiales y Servicios Generales, y están debidamente registradas en órdenes de compra oficiales.
Análisis político: cuando la austeridad es solo narrativa
El problema de fondo no es el tinte, el peinado o el maquillaje. El problema es el discurso.
Morena cerró este mismo salón en 2018 llamándolo lujo innecesario. Hoy, el mismo Senado lo reabre, lo oculta, lo normaliza… y lo clausura solo cuando la prensa lo exhibe.
Es el mismo patrón que se ha visto con camionetas blindadas, viajes, oficinas remodeladas y privilegios que antes eran pecado y hoy son “normales”.
Este episodio demuestra dos cosas:
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La prensa sigue siendo incómoda, y necesaria.
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La austeridad, cuando no se vigila, se vuelve un concepto flexible.
Porque si todo era tan normal, tan transparente y tan pagado “de su bolsa”, nadie habría corrido a poner sellos en la puerta.
