La senadora afirma que pagó el servicio (500 pesos) y que legisladoras de Morena la invitaron y después del escándalo la dejaron sola.
En el Senado de la República, un video que captó a la senadora del PVEM, Juanita Guerra, en plena sesión de tinte se convirtió en la chispa que reveló —otra vez— una historia incómoda para la narrativa de austeridad: la operación de un salón de belleza dentro del recinto legislativo, en un espacio discreto del segundo piso, sin señalética visible y con acceso que, según versiones periodísticas, era limitado.
El episodio no solo desató críticas públicas: también abrió un conflicto político dentro de la propia coalición oficialista, porque la senadora asegura que fue invitada por legisladoras de Morena y que, después del escándalo, la “dejaron sola” ante los cuestionamientos de la prensa.
En declaraciones posteriores, Juanita Guerra sostuvo que sí pagó el servicio (monto que, en su versión, fue de 500 pesos) y reclamó que otras legisladoras que —según ella— conocían el espacio no se pronunciaron cuando estalló la polémica.
📢 Juanita Guerra (@JuanitaGuerra_M) del PVEM 🟩 dice que fue por invitación de compañeras morenistas que llegó al salón de belleza en el @senadomexicano, y que la “pusieron” para exhibirla y abandonarla tras el escándalo. pic.twitter.com/X72Jhpm5vy
— Moviendo Ideas (@moviendoideas) February 11, 2026
En ese mismo tono, la senadora buscó encuadrar el episodio como parte de una persecución política ligada a sus denuncias públicas en Morelos (incluida la crisis de violencia contra las mujeres), y afirmó haber sido amenazada, aunque sin detallar nombres de quienes estarían detrás de esas agresiones.
Del otro lado, la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, sostuvo que el espacio estaba “adaptado” como apoyo para legisladoras y que no se trataba de un beneficio financiado con recursos públicos, sino de un servicio que cada usuaria paga. En su explicación, añadió un argumento práctico: muchas senadoras viajan desde sus estados y llegan temprano a sesiones, por lo que “tienen que estar presentables”.
Sin embargo, la discusión escaló por un detalle que detonó la sospecha pública: si “no hay nada irregular”, ¿por qué el lugar terminó con sellos y restricciones? En seguimiento al caso, se reportó movimiento en torno a los sellos de suspensión/clausura del sitio, lo que alimentó todavía más la conversación.
La polémica no nace de cero. El Senado ya había tenido servicios similares en el pasado y, en 2018, bajo el discurso de austeridad, se presumió la eliminación de privilegios y gastos superfluos. Por eso, el tema se volvió un símbolo: si la austeridad es bandera, la imagen de una legisladora a medio tinte en horario legislativo pega donde duele.
Y el debate se amplió: además de la estética, se difundió información sobre gastos y compras de productos de maquillaje y artículos para el cabello realizados por el Senado en 2024, lo que avivó la pregunta ciudadana sobre prioridades y transparencia en el uso de recursos.
Austeridad con tinte: el salón de belleza que Morena escondía en el Senado
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Tras el señalamiento mediático sobre quién habría impulsado la reapertura, figuras como Andrea Chávez y Cynthia López rechazaron cualquier vínculo con el salón, buscando cortar de tajo la asociación. En paralelo, desde el ala crítica se interpretó el episodio como una disputa interna: quién queda expuesta, quién se deslinda y quién carga con el costo político.
📢 Las senadoras @cynthialopezc1 y @AndreaChavezTre se deslindan completamente sobre el polémico salón de belleza en el @senadomexicano. Niegan haber sido quienes promovieron su apertura y quienes invitaron a la senadora del verde @JuanitaGuerra_M.pic.twitter.com/t6yJFG9vq6
— Moviendo Ideas (@moviendoideas) February 11, 2026
En ese marco, la frase que se repite en el pasillo legislativo es sencilla: lo que parecía un “servicio” terminó siendo un caso. Y como suele ocurrir en política, no se discute solo el tinte, sino el mensaje: control de narrativa, “austeridad” selectiva, y la tensión permanente entre imagen pública y credibilidad.