Autoridades federales confirmaron presencia de agentes migratorios durante el evento deportivo; comunidades latinas expresan preocupación por posibles detenciones
El Super Bowl LX, programado para el 8 de febrero en el Levi’s Stadium, se desarrollará bajo un dispositivo de seguridad federal reforzado que incluye la participación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), una decisión que ha reactivado el debate sobre el uso de eventos masivos como espacios de control migratorio en Estados Unidos.
La confirmación fue realizada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que justificó la presencia de agentes migratorios como parte de los protocolos habituales para encuentros de alto perfil internacional. Sin embargo, el anuncio ocurre en un clima político particularmente sensible, marcado por el endurecimiento del discurso y las acciones migratorias desde el retorno de Donald Trump a la presidencia.
De acuerdo con autoridades federales, el despliegue de seguridad se realizará tanto al interior del estadio como en zonas aledañas, sin detallar el número de elementos ni el tipo de acciones que se llevarán a cabo. Aunque el gobierno federal aseguró que no se vulnerarán derechos constitucionales, organizaciones civiles y colectivos migrantes han advertido que la presencia del ICE genera un efecto disuasivo y de temor, particularmente entre personas en situación migratoria irregular.
California, estado anfitrión del evento, concentra millones de residentes latinos, muchos de ellos de origen mexicano y centroamericano. Para estos sectores, el anuncio no es menor: se produce tras una serie de incidentes recientes atribuidos a agentes migratorios, entre ellos los homicidios de Renee Good, ocurrido el 7 de enero, y de Pretti, registrado el 24 de enero, casos que han sido ampliamente cuestionados por organizaciones de derechos humanos.
La subsecretaria del DHS, Tricia McLaughlin Yoho, señaló que el operativo se ajustará a la legalidad y que no se revelarán detalles específicos “por razones de seguridad”. No obstante, subrayó que quienes se encuentren legalmente en el país “no tienen motivo de preocupación”, declaración que fue interpretada por activistas como una línea divisoria explícita entre migrantes con y sin estatus regular.
El ambiente de tensión se amplificó con el posicionamiento del propio presidente Donald Trump, quien anunció que no asistirá al Super Bowl LX y aprovechó el contexto para criticar públicamente a los artistas invitados al evento, entre ellos Bad Bunny y Green Day, a quienes acusó de promover discursos que, a su juicio, “polarizan” a la sociedad estadounidense.
Así, el máximo evento deportivo de la NFL se convierte en algo más que un espectáculo: un punto de cruce entre seguridad nacional, política migratoria y disputa cultural, donde el deporte sirve de telón de fondo para decisiones que impactan directamente a comunidades históricamente vulnerables.