El dispositivo utiliza carbono-14 para generar electricidad durante largos periodos y está diseñado para alimentar sensores e instrumentos de bajo consumo, no teléfonos o vehículos eléctricos
China presentó una nueva generación de baterías nucleares que podría transformar el suministro de energía para dispositivos de bajo consumo que requieren operar durante años sin mantenimiento. La tecnología aprovecha la desintegración radiactiva del carbono-14 para producir electricidad de forma continua durante un periodo potencialmente de miles de años.
El desarrollo fue dado a conocer por la Universidad Normal del Noroeste, en colaboración con empresas tecnológicas chinas, como parte de la nueva serie de baterías nucleares denominada “Qianjiyuan”.
El modelo presentado, llamado “Qianjiyuan Tianshu”, tiene un volumen de apenas 16.8 centímetros cúbicos y genera una potencia de salida de 1.13 microvatios, suficiente para alimentar dispositivos electrónicos que requieren cantidades mínimas de energía de manera constante.
De acuerdo con los desarrolladores, la nueva batería representa un importante avance respecto a su versión anterior, ya que utiliza únicamente el 22 por ciento del carbono-14 empleado previamente y aumenta 15.5 veces su densidad de potencia por volumen, mejorando significativamente su eficiencia.
El funcionamiento del dispositivo se basa en la desintegración natural del carbono-14, un isótopo radiactivo cuya vida media es de aproximadamente 5 mil 730 años. La energía liberada durante ese proceso es convertida gradualmente en electricidad mediante materiales semiconductores, entre ellos carburo de silicio, lo que permite un suministro energético continuo sin necesidad de recargas.
No obstante, los investigadores aclararon que la batería no está diseñada para sustituir las fuentes de energía utilizadas en teléfonos celulares, computadoras o vehículos eléctricos, ya que su capacidad de generación eléctrica resulta insuficiente para alimentar equipos de alto consumo.
En cambio, la tecnología está dirigida a aplicaciones especializadas donde la autonomía representa una prioridad, como sensores ambientales instalados en sitios de difícil acceso, instrumentos científicos, equipos utilizados en regiones polares o ambientes extremos, dispositivos espaciales de bajo consumo, sistemas de monitoreo permanente e incluso algunos equipos médicos, siempre bajo los estándares de seguridad y regulación correspondientes.
Entre sus características destaca también su capacidad para operar en temperaturas que van de -100 hasta 200 grados Celsius, lo que amplía las posibilidades de utilización en condiciones extremas donde las baterías convencionales presentan limitaciones.
El proyecto incorpora además mejoras en la adaptación de la fuente radiactiva, encapsulados tridimensionales, sistemas inteligentes de gestión energética y el desarrollo de sensores inalámbricos autoalimentados, tecnologías que buscan aumentar la confiabilidad y duración del dispositivo.
Aunque la batería aún no puede reemplazar las utilizadas en productos electrónicos de consumo cotidiano, sus desarrolladores consideran que representa un paso importante hacia nuevas soluciones energéticas para equipos que deben funcionar durante largos periodos sin mantenimiento, especialmente en sectores científicos, industriales, médicos y espaciales.
