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Marcos Achar Levy: “Hacer negocios en México es complicado, pero no imposible”

Por: Admin

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El empresario mexicano, que encabezó Comex hasta 2018, publica un libro sobre liderazgo y empresa.

 

Marcos Achar Levy (Ciudad de México, 63 años) está convencido de que su mayor experiencia al frente de una empresa fue cuando dirigió Comex, la famosa marca mexicana de pinturas y recubrimientos. El empresario heredó en 2004 el timón de la firma familiar que después vendió a la estadounidense PPG Industries por 2.300 millones de dólares en 2018. “Fue una decisión familiar”, responde sobre las razones para cerrar aquel trato, sin profundizar mucho más. La resolución de los Achar, los acabó colocando hasta 2023 en el puesto 22 de la lista Forbes de las mayores fortunas de México. El antiguo director ejecutivo de Comex emprende ahora la promoción de su primer libro Pinta tu raya (Hachette, 2026), un texto sobre liderazgo en las empresas.

Cuando la mayoría de los empresarios mexicanos optan por la privacidad, Achar Levy ha elegido hablarle muy públicamente a los emprendedores en sus propios términos. El tono del libro es un relato en primera persona sobre los momentos clave del empresario al frente de Comex en su camino por la expansión a 17 países. “El foco principal del libro es cómo ser un buen empresario, pero además ser una buena persona”, cuenta en entrevista con EL PAÍS desde su despacho en Ciudad de México. El directivo no escatima en las casi 200 páginas de la publicación para poner ejemplos de éxitos y fracasos de otras marcas o en llamar a las crisis empresariales como “la ventaja de saber que todo está jodido”. El empresario cuenta que en los últimos meses trató de recolectar todos sus aprendizajes al frente de la firma y los vació de la forma más coloquial posible en el texto para evitar hacerlo solemne.

Comex nació en la década de los 50 como una pequeña empresa de pintura en Ciudad de México. Ese emprendimiento tomó vuelo décadas más tarde cuando la competencia empezó a bloquear los puntos de venta de la marca, la familia Achar decidió entonces que empezaría a abrir sus propias tiendas para vender el producto, después entregó esas tiendas a un grupo de emprendedores y terminó por convertirse en una franquicia ubicua en todo el país. “Nosotros decimos que más allá de que era una fábrica de pinturas y recubrimientos, era una fábrica de empresarios, porque todos los dueños de tiendas empezaron prácticamente de cero y se volvieron empresarios”, apunta Achar Levy. El directivo defiende que la pequeña y mediana empresa puede aspirar a alcanzar el siguiente nivel con una visión pragmática concentrada en buscar soluciones al conflicto más que en analizar el problema.

Entre los hitos de la firma está haber recuperado las ventas en dos años tras la crisis de 1994 en México. Achar Levy dedica una parte del libro a sincerarse sobre lo difícil que fue para su familia enfrentar ese momento y que requirió esfuerzos extraordinarios, como la venta de activos y aumentar la horas de trabajo para superarlo. “Creo que los empresarios mexicanos, a partir de esa crisis y un poquito antes, desde las altas devaluaciones en los finales de los ochentas, nos volvimos como de plastilina y muy ágiles para reaccionar. Sabíamos lo que teníamos que hacer: que tener nuestro dinero en inventario y no en el banco nos iba a dar resultados, que teníamos que estar cambiando nuestras listas de precios constantemente, que el valor del producto era lo más importante. Y eso nos ayudó a construir esa gimnasia mental”, señala.

Treinta años después, con una economía globalizada que pone a competir a las empresas mexicanas con opciones infinitas, el directivo propone los esfuerzos que llevan a hacer productos extraordinarios y la búsqueda constante de áreas de oportunidad. “Hacer negocios en México es complicado, pero no imposible. Vivimos en un momento y en un país donde no tienes las facilidades para hacerlo. No tenemos gobiernos facilitadores de la inversión. Estamos viviendo en un mundo al revés, en el que el que quiere estar establecido tiene cualquier cantidad de objeciones, mientras que el que quiere ser informal tiene todas las facilidades del mundo”, analiza. El estancamiento de la economía mexicana le preocupa, pero está convencido de que el sector empresarial superará esta fase, a pesar de su distanciamiento del poder político. “Podríamos estar mejor, por supuesto, pero hemos podido sobrevivir y navegar en un ambiente que está totalmente en contra de la empresa, el empresario y los negocios”, añade.

Achar Levy insiste en que Pinta tu raya no es un manual sobre cómo fundar una empresa y hacerla crecer, sino una serie de aprendizajes de su propia carrera que pueden servir a emprendedores y otros empresarios. En algunos capítulos, interpela al lector para que le envíe — a través de su correo electrónico— sus ideas o problemas sobre sus emprendimientos. Durante la entrevista, el empresario revisa su cuenta en el teléfono móvil para sorprenderse con alguna felicitación por la publicación. “Los empresarios tenemos que estar cerca del público. Deberíamos de provocar que muchos empresarios nos platiquen, nos aconsejen. Y estoy seguro que vamos a acortar tiempos, distancias y vamos a ser mejores todos”, apunta.

Tras su salida de Comex, el directivo ha encabezado diversos negocios familiares en industrias como la inmobiliaria, el transporte, el sector financiero y el de las materias primas. Incluso, incursionó en el fútbol mexicano con la adquisición del Club Celaya, cuando este pertenecía a la Liga de Ascenso de México. “En el fútbol el único que no se divierte es el dueño del equipo”, bromea para explicar su efímero paso por la industria deportiva. Achar Levy asegura que incluso allí, con jugadores como Roberto Piojo Alvarado y Guillermo Martínez, que ahora juegan en la selección mexicana pero que arrancaron su carrera en el club de Guanajuato, también pudo aportar su visión de liderazgo frontal. El empresario fue al Estadio Azteca en junio a apoyar orgulloso a los jugadores de esa cantera, que ahora están en la mira de todos por el Mundial.