Especialistas señalan que la recuperación de la presa Manuel Ávila Camacho es viable, pero requerirá años de saneamiento, inversión y control permanente de la contaminación
La presa Manuel Ávila Camacho, mejor conocida como Valsequillo, enfrenta desde hace décadas una severa crisis ambiental provocada por la contaminación de los ríos Atoyac y Alseseca, así como por la proliferación del lirio acuático. Sin embargo, especialistas coinciden en que su recuperación es posible si se mantienen de manera permanente las acciones de saneamiento y restauración ecológica.
Construida en 1946 e iniciada durante el gobierno del expresidente Lázaro Cárdenas, la presa es el principal cuerpo de agua de la zona centro de Puebla y resulta fundamental para el riego agrícola de los distritos de Tecamachalco y Tehuacán, donde se produce gran parte de las hortalizas que abastecen al estado y a otras regiones del país.
Actualmente, el embalse enfrenta un deterioro ambiental derivado de las descargas de aguas residuales, metales pesados, nutrientes y materia orgánica que llegan a través de los ríos Atoyac y Alseseca. Esta contaminación, sumada al crecimiento descontrolado del lirio acuático, ha provocado una disminución crítica del oxígeno en el agua.
Como consecuencia, cada año se registran mortandades masivas de peces como mojarra, carpa, tilapia, trucha y sardina, además de afectaciones al plancton, algas y otros organismos que forman parte de la cadena alimenticia del ecosistema.
El lirio acuático, que durante los periodos más críticos llega a cubrir entre el 60 y el 70 por ciento de la superficie de la presa, bloquea el paso de la luz solar, reduce la oxigenación del agua y, al descomponerse, incrementa el consumo de oxígeno y acelera los procesos de eutrofización.
Aunque esta planta ayuda a absorber parte de los contaminantes, especialistas aclaran que no es el origen del problema, sino una consecuencia de la contaminación existente que, al multiplicarse, agrava aún más las condiciones ambientales.
El deterioro también afecta a aves migratorias y residentes que utilizan este humedal, considerado un sitio Ramsar, ya que disminuye la disponibilidad de alimento y aumenta el riesgo de bioacumulación de metales pesados en la fauna.
Además, la contaminación representa riesgos para la población, pues la descomposición de materia orgánica genera gases tóxicos, como el sulfuro de hidrógeno, además de afectar la calidad del agua utilizada para actividades agrícolas y pecuarias.
Frente a este panorama, autoridades estatales y federales desarrollan diversos proyectos para revertir el deterioro ambiental.
Entre las principales acciones destaca el programa FertiPue, mediante el cual el lirio acuático es transformado en fertilizantes, composta, mejoradores de suelo y materiales como adoquines ecológicos, aprovechando la biomasa retirada del embalse.
También se realizan trabajos de saneamiento en la cuenca del río Atoyac, con plantas de tratamiento, biodigestores y programas de reforestación que contemplan la siembra de más de un millón de árboles.
A ello se suma la utilización de embarcaciones equipadas con sistemas de inyección de ozono y oxígeno para mejorar la calidad del agua, así como obras de rehabilitación de compuertas, reparación de fugas e infraestructura hidráulica con inversiones superiores a los 100 millones de pesos durante 2026.
Estos esfuerzos cuentan con la participación de instituciones como la Conagua, la BUAP, el Instituto Politécnico Nacional y la Semarnat, con el objetivo de recuperar paulatinamente el equilibrio ecológico de la presa e impulsar su potencial turístico, ambiental y productivo.
No obstante, especialistas advierten que el mayor reto sigue siendo eliminar las fuentes permanentes de contaminación provenientes de descargas industriales, urbanas y agrícolas, ya que, de no controlarse, el lirio y los problemas ambientales continuarán reapareciendo.
Los estudios más recientes concluyen que una recuperación parcial importante podría lograrse en los próximos años si se mantienen las acciones actuales, mientras que una restauración integral requerirá continuidad gubernamental, inversión constante y participación social más allá de un solo periodo de gobierno.
De concretarse estas estrategias, Valsequillo podría recuperar su valor como fuente de riego, espacio para la pesca controlada, refugio de biodiversidad y destino ecoturístico para Puebla.