En política hay una regla no escrita: cuando un nombre comienza a repetirse demasiado en los cafés, las sobremesas y los radiopasillos, es porque alguien ya empezó a mover las piezas… o porque los demás ya comenzaron a preocuparse. En Tehuacán, uno de esos nombres es el del empresario Rafa Tamer.
Curiosamente, no por haber levantado la mano para buscar una candidatura, sino porque más de uno asegura que su verdadera aspiración no sería ser candidato, sino llegar a ser alcalde. La diferencia parece mínima, pero en política es enorme: el candidato pide votos; el alcalde gobierna.
Y es ahí donde empieza el juego. Mientras otros actores siguen enfrascados en disputas internas, grupos, corrientes y egos partidistas, Rafa Tamer parece tener una ventaja que pocos pueden presumir: puede sentarse a tomar café con personajes de prácticamente todos los colores sin que eso provoque un terremoto político.
Rafa, tal parece ser que ya aprendió con el paso de los años, que él puede sentarse y escuchar a todas y todos pero no venderse, que cuando aparece o da una opinión genera conversación, y eso en la actualidad pesa porque muchos en la actualidad, se la pasan entregando alarmas vecinales, “construyendo ciudades” o peleando herencias. Y en una época donde abundan los puentes dinamitados, alguien que todavía conserva diálogo con distintos sectores vale más de lo que muchos imaginan. Quizá por eso, su nombre suena con más fuerza, y da peso contra los escándalos políticos de otros actores que se han dado recientemente.
Mientras algunos siguen intentando explicar polémicas que les cuestan credibilidad, el empresario continúa apareciendo en las conversaciones como una posibilidad que pocos descartan y muchos observan. Porque, guste o no, conoce a empresarios, liderazgos sociales, actores políticos y personajes de prácticamente todas las fuerzas. En un municipio donde la operación política suele definirse por la capacidad de construir acuerdos, ese activo pesa.
La verdadera incógnita no es si puede competir. La pregunta interesante es quién lo acompañaría, si algún día decide dar el paso, ya que necesitará perfiles con profesionalismo, dedicación, construidos en la sociedad civil y con vocación.
¿Encontraría el total respaldo ahora con su partido, Movimiento Ciudadano? ¿Contaría con el impulso de liderazgos como Fedrha Suriano? ¿De Néstor Camarillo?
Todo esto podría traducirse en una coincidencia política, o cada quien jugará su propia partida cuando llegue el momento. Por ahora, nadie tiene esas respuestas. Pero en política las candidaturas suelen comenzar mucho antes del registro oficial.
Empiezan cuando un nombre deja de ser una simple conversación y se convierte en una posibilidad que obliga a todos los demás a recalcular.
Y si los radiopasillos ya lo colocaron en el tablero, quizá la pregunta dejó de ser si Rafa Tamer quiere jugar… y empezó a ser quiénes estarán dispuestos a jugar con él.