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Morena y sus morenistas de verdad: Karina Pérez Popoca y Claudia Rivera rumbo a 2027

Columna de opinión Adriana Colchado (@tamalito_rosa)

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Hay algo bastante curioso en Morena: mientras más crece, menos se parece a aquello que prometió ser.

Morena nació vendiendo una idea muy poderosa: no mentir, no robar, no traicionar. La austeridad republicana, la cercanía con el pueblo, el rechazo a los privilegios y esa promesa de que no podía haber pueblo pobre con gobierno rico. En papel, una utopía política.

El problema es que en la práctica esa utopía se ha ido diluyendo cada vez que Morena abre la puerta y recibe con los brazos abiertos a los desechos de otros partidos.

Porque hoy buena parte de los cuadros más importantes del morenismo llegaron ahí después de haber construido sus carreras con otros colores. Y sí, la mayoría trae el hermoso color tricolor del PRI tatuado en el expediente político. Por eso me da un poquito de risa —poquito, porque tampoco quiero morir de ironía— cuando algunos morenistas utilizan la palabra “PRIAN” como si fuera una enfermedad contagiosa que se cura poniéndose una playera guinda.

Los morenistas de hueso colorado, los que estuvieron cuando Morena todavía no era la maquinaria electoral que hoy conocemos, los que caminaron calles, organizaron asambleas, tocaron puertas y defendieron principios cuando no había puestos que repartir, cada vez reclaman con más fuerza que las posiciones importantes terminan en manos de quienes llegaron después. Y tienen un punto.

Y curiosamente, en Puebla hay dos mujeres que, desde mi lectura, todavía encarnan o por lo menos aparentan buena parte de esa esencia que vende Morena. Dos mujeres que seguramente veremos en la boleta de 2027.

Empecemos por Karina Pérez Popoca. 

La diputada federal y exalcaldesa de San Andrés Cholula tiene algo que en política vale muchísimo y que no se compra con publicidad: carácter.

Karina es una mujer de carácter firme. —Y créame, querido lector, que no hace falta levantar la voz para dejar claro que una mujer sabe perfectamente dónde está parada.— No necesita que nadie le diga qué pensar y tampoco parece dejarse conquistar por palabras bonitas. Tiene muy claro lo que quiere, cuáles son sus convicciones y, sobre todo, a quiénes representa.

Tuve la oportunidad de verla en una comida con integrantes de la prensa en el Congreso de la Unión.

Pero detrás de los 500 chiles en nogada que llevó directamente desde Calpan había algo mucho más interesante que una comida.

Karina llevó a cocineras tradicionales de su región y llevó la gastronomía poblana hasta el lugar donde se discuten leyes, reformas y presupuestos. Y puso mesas. No una mesa VIP para diputados y otra para los mortales, mesas para compartir. Ahí estaban auxiliares, reporteros, asistentes jurídicos, personal de intendencia, seguridad, diputados y quien quisiera sentarse. Y eso, aunque parezca una tontería, dice muchísimo de una persona. Porque Karina puede sentarse con los de abajo sin sentirse menos y puede enfrentarse a los de arriba sin sentirse menos tampoco, y esa es, para mí, su principal fortaleza política.

Y vaya que le han mandado señales.

En su informe, por ejemplo, esperaba la presencia de alrededor de diez funcionarios y terminaron llegando cinco. Ninguno de Morena. Ninguno en representación del gobierno estatal de Alejandro Armenta. En política todo es una señal y aquella pareció bastante clara: a Karina el grupo de poder, quiere hacerla a un lado.

Tal vez porque no es una mujer sencilla de acomodar a conveniencia. Tal vez porque tiene sus propias convicciones y no parece dispuesta a cambiarlas para caerle bien a quienes ocupan las sillas importantes.

Lo que puso a temblar al círculo de poder fue que Pérez Popoca también mandó sus señales: “la gente está aquí por mí, no por un partido”

Cabe recordar que en aquel informe estuvieron, entre otros, Fedrha Suriano Corrales, dirigente de Movimiento Ciudadano en Puebla, y Lupita Cuautle Torres, presidenta municipal de San Andrés Cholula emanada del PAN.

Y entonces apareció una posibilidad que seguramente a más de uno le provocó agruras: ¿Y si Karina no necesita a Morena para competir por la alcaldía de San Andrés?

Para muestra está el senador  Néstor Camarillo, antes priista, hoy emecista, quien recientemente repitió entrevista en Caja Negra, de Moviendo Ideas, con Tonny Soprano.

Ahí dejó ver que no parece estar demasiado cómodo con que su partido respalde a Pérez Popoca. ¿Por qué? Porque él tiene su propio proyecto para Cholula y busca impulsar al regidor José Luis Carranza, quien también anda caminando territorio y fortaleciendo relaciones políticas, incluida la cercanía con Lupita Cuautle.

Y es que si Karina puede resultar incómoda para diferentes grupos, no solo en Morena, es porque tiene capital político que nace de su propia esencia.

Y hablando de mujeres incómodas, tenemos a otra.

Claudia Rivera Vivanco.

Exalcaldesa de Puebla y actualmente diputada federal. Claudia cometió un pecado imperdonable en la política mexicana: le dijo que no a un gobernador; y así inició una campaña de desprestigio brutal durante su administración municipal, en medio de su enfrentamiento político con Miguel Barbosa Huerta.

Y sobrevivió políticamente.

Porque podrán gustarte o no sus formas, podrás cuestionar sus decisiones, podrás señalar sus errores —por supuesto que los tuvo—, pero hay algo que no podemos negar: Claudia sigue teniendo capital político.

Tiene grupo.

Tiene estructura.

Tiene reconocimiento.

Y, sobre todo, conoce perfectamente sus números.

Claudia tiene contemplado inscribirse para medirse y competir por Puebla capital en 2027. Lo interesante es que si gana la candidatura, muy probablemente gana la alcaldía y si no gana la oportunidad de competir, negocia otro espacio y gana.

A Claudia también la vi caminando ahí en la comida de los chiles en nogada.

Mientras otros políticos se sientan, sonríen para la foto y preguntan cuánto falta para que termine el evento, ella se acercó a las cocineras tradicionales, escuchó sus proyectos, intercambió teléfonos y habló de cómo impulsar la gastronomía poblana. Ese gesto es una muestra de cómo se comporta de manera generalizada en cualquier espacio en el que se para, y así de uno a uno va sumando afectos, adeptos y lealtades.

Claudia Rivera no carga, al menos hasta ahora, con varios de los escándalos que hoy golpean mediáticamente a Morena. No estamos hablando de visas canceladas, fiestas millonarias, vehículos de lujo, joyas de precios absurdos o acusaciones relacionadas con redes criminales.

Su mayor crimen político, para algunos, sigue siendo haber puesto bolardos en el Centro Histórico.

Por eso creo que Claudia puede hacer algo que hoy Morena necesita desesperadamente: representar a la 4T sin parecer contradictoria con ella. Porque el problema de Morena no es que haya gente nueva. El problema es que la marca se está llenando de personajes que contradicen aquello que hizo que millones de personas confiaran en ella.

Morena demostró que podía crecer como espuma. Pero también hay una ley bastante sencilla de la física política: lo que sube demasiado rápido también puede caer. Y Claudia Sheinbaum lo sabe, si Morena quiere conservar el poder, no puede depender únicamente de su marca, del recuerdo de López Obrador o de una maquinaria electoral. Necesita recuperar algo mucho más difícil:credibilidad.

Y para eso necesita cuadros que puedan mirar a los ojos a la gente y repetir los principios de la 4T sin que del otro lado alguien pueda contestar: “sí, pero tú vienes del PRI”. Porque quizá el futuro de Morena no está en seguir acumulando políticos de todos los partidos como estampitas de Panini.

Quizá está en volver a mirar a quienes estuvieron ahí desde el principio, a los que no llegaron cuando ya había oficinas, presupuestos y candidaturas, a los que le dicen “sí presidenta” y no de dientes para afuera.

Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas

Por Edith Adriana Colchado Jiménez

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