La fe llena hoteles en Puebla, pero no vacía morgues.
Apenas había sonado el último “¡Aleluya!” del Domingo de Resurrección —ese día tan poético en el que Jesús, según el guion celestial, regresa triunfante al cielo— y pum: se confirma la muerte del santo padre. Fue como si el mismísimo Jesús le diera aventón a Francisco para que se regresaran