Historias de #SanValentín de por aquí cerquita.

 

El Escritor

Fue un 14 de febrero de hace años que el escritor buscó regalarse un exceso.

Había tenido de todo: Gordas, Flacas, frondosas, altas bajas, putas, mochas… Y un par de becarios que se había dado en unas vacaciones a Cuba.

Todo el día estuvo metido en su casa.

Sin bañarse, ni rasurarse.

Vio un par de películas de Sky y comió Costillitas Mazatepec.

Los mensajes de felicitaciones del 14 de febrero lo fastidiaron.

Un par de novias lo llamaron para verse.

-¡qué hueva- pensó.

Puso su celular en modo avión y releyó unas hojas de un libro de Paz.

Aburrido. Se vistió, se puso sus jeans que tenían cinco días de uso, una camisa scappino, arrugada y un suéter de lana.

Prendió su BMW y se dirigió a la zona de antros de Cholula.

Con Joaquín Sabina como cómplice, el escritor iba en busca de una presa.

Necesitaba festejar el día de #SanValentín con algo diferente, con algo que le hiciera sentir el pulso a mil.

Intentó seducir a dos universitarias.

Pero su aspecto era repugnante.

-Sáquese viejo cochino, rabo verde – le dijeron-

Después vio una cuarentona con aspecto de maestra.

-Necesito dinero, si me das 10 mil pesos hago lo que quieras. –

El escritor arrancó su auto ignorándola.

También intentó seducir a un joven que salía de un gimnasio.

-No eres mi tipo y soy activo –le dijo-

Al final vio 3 colegialas con uniforme de bachillerato.

Les ofreció 2 mil pesos a cada una, las mujeres se vieron entre si y cómplices dijeron va.

 

 

El Político

Ene, le ordenó a su chofer comprar tres ramos de flores con su respectiva caja de chocolate y un mega oso de Wall mart.

Se los envías a mi esposa, a la secre del partido y a la becaría que tengo en la oficina.

Había escuchado cantar al potrillo ‘que no hay mujer que pueda resistirse a los detalles’

También había leído ‘que para ocasiones especiales había que perfumarse’. Así que se fumigó con esa asquerosa lavanda. Gusto que había heredado de su abuelo.

Pensaba pasar la tarde con la becaria de la oficina.

Una patona con un par de nalgas operadas a costa del erario.

‘Las tengo que estrenar’ -pensó-

Ene, desayunó en el carrito de mariscos en Santa Barbara. –Tengo que estar ‘cabrón- para el rato.

Pidió un: vuelve a la vida, un caldo de camarón con un chingo de ostiones y dos docenas de ostiones con salsa valentina negra.

Dos coronitas y un eructo ayudaron para bajar lo comido.

Se dirigió al partido.

En el camino le llamó a su esposa.

Mi amor no llegaré a comer, el gobernador nos citó para celebrar el Día de San Valentín.

-No te preocupes mi vida, gracias por los regalitos. ¿Le puedo pedir al chofer me llevé de compras?

-Claro, ocúpalo desde ahorita.

A la mujer le cayó como perlas y es que desde hace unos meses el chofer se la andaba tirando.

Al llegar al partido saludó a todos y le pidió a Marthita –su secretaria- pasará a la oficina.

Solo trabajaremos medio día. Pero no podré estar contigo chiquita, comeré con el ógro´ de mi mujer.

Luego se besaron y Marthita le practicó un felatio –solo para cumplir-

Ene, no duró ni tres minutos.

Me vine rápido por qué me excitas demasiado

Sacó un sobre con 20 mil pesos y le dijo: cómprate lo que quieras.

Cuando Marthita salió, Ene espetó: Pinches mariscos, aun no hacen efecto.

Le marcó a la mujer que lo traía loco, la becaria.

Mi reina, te recojo en media hora en donde siempre.

Si mi tigre – le respondió.

En el camino, Ene, se tragó dos pastillas azules y medio paquete de chiclets.

Cuando vio a la becaria, su corazón latió a mil y su cuerpo se paralizó.

Ella subió a la camioneta.

Vamos a donde quieras- le dijo-

A mi casa –respondió-

-¡¿queeeeeeé?!

-Mi vida, mis padres quieren que este temprano, entiéndeme, mañana te quitaré todas esas ganas.

-pero…

-No hay pero que valga, entiéndeme.

Al tiempo que la becaria lo tocaba y lo empezaba a masturbar con la ropa puesta.

Ene, no pudo más, puso sus ojos en blanco y murmuró: HDP

-¡¿queeeeé?! –dijo la becaria de modo burlón-

-Es qué me excitas demasiado –dijo-

Ene, sacó un sobre con 20 mil pesos: cómprate lo que quieras.

La becaria bajo del auto fingiendo enojo. Mandó un mensaje a su novio: pasas por mí a donde siempre en 20 minutos.

Malditos mariscos, hoy no hicieron efecto –Ene-

Tomó su carro y se fue a  casa.

Al llegar vio a la sirvienta, la casa sola y se la tiró.

Por supuesto, los mariscos tampoco funcionaron.

 

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Periodismo ficción

 

 

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