Estudiante obtiene dos Premios Cubos de Oro por proyectos que acercan a niñas y niños al patrimonio arquitectónico
La estudiante del Doctorado en Procesos Territoriales de la Facultad de Arquitectura de la BUAP, Fabiola Bernardina Herrera Rivas, fue reconocida con dos Premios Cubos de Oro otorgados por la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), gracias a proyectos que promueven la participación de niñas y niños en la preservación de la arquitectura tradicional y el patrimonio cultural.
Herrera Rivas obtuvo los galardones en las categorías Medios Escritos, por el proyecto “La casita de tierra, tejiendo la arquitectura y el patrimonio”, y Medios Audiovisuales, por “Piecitos a la obra, semillero de investigación”. Con estos trabajos representó a México ante este organismo internacional.
Ambas propuestas forman parte de su investigación doctoral titulada “Procesos de aprendizaje de la arquitectura tradicional familiar Archiquitzin. Las niñas y niños como protagonistas en la continuidad de la Casa de Adobe: Metepec, Morelos”, dirigida por los doctores Adriana Hernández Sánchez y Christian Enrique De La Torre Sánchez, académicos de la Facultad de Arquitectura de la BUAP.
La universitaria destacó que la arquitectura suele ser relacionada principalmente con edificios y adultos, pero consideró fundamental integrar a las infancias en estos procesos para desarrollar sus capacidades y fortalecer su compromiso con la conservación de los espacios ambientales, culturales y patrimoniales.
“Las niñas y niños pueden convertirse en actores sociales desde edades tempranas, capaces de comprender, valorar, participar y transformar sus entornos arquitectónicos, patrimoniales, sustentables e inclusivos”, señaló Herrera Rivas.
El proyecto se enfocó en la arquitectura tradicional de Metepec, Morelos, particularmente en la construcción con adobe, una técnica vernácula basada en materiales como tierra, piedra, madera y teja, además del uso del cuezcomate, un granero tradicional elaborado con barro, piedra y paja que forma parte de la identidad de estas viviendas.
Para transmitir estos conocimientos, la investigación contó con la participación de habitantes de la comunidad, quienes compartieron sus saberes con niñas y niños mediante talleres y actividades prácticas. Durante aproximadamente un año se realizaron 13 talleres y 20 actividades, con grupos de entre 20 y 25 menores en cada sesión.
Las actividades permitieron que los participantes conocieran los elementos de una casa tradicional, así como la importancia del patio como un espacio fundamental de convivencia, aprendizaje y juego dentro de la arquitectura familiar.
Herrera Rivas expresó su satisfacción por recibir estos reconocimientos, al considerar que representan una oportunidad para visibilizar proyectos que vinculan a la niñez con la arquitectura y que impulsan nuevas formas de conservar el patrimonio.
Los Premios Cubos de Oro fueron entregados en su sexta edición durante la CXIX Asamblea Nacional de la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana (FCARM), realizada en Aguascalientes. La convocatoria en México fue impulsada por el Comité de Arquitectura y Niños de esta organización.
Estos premios se otorgan cada tres años con el objetivo de fomentar la educación arquitectónica entre niñas, niños y jóvenes, promoviendo la creación de espacios más sostenibles, inclusivos y con mayor participación social.