El futbol mexicano llega al Mundial con un gran peso económico y cultural. De acuerdo con datos de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), la liga tiene un valor estimado de 13,000 millones de dólares.
Emilio Azcárraga Jean llevó al América de la televisión abierta a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). Jorge Hank Rhon convirtió al futbol en una plataforma para apuestas y patrocinios con Xolos. José Miguel Bejos pasó de ser contratista a dueño del Atlas como parte del reacomodo que busca poner fin a la multipropiedad en la Liga MX. Los tres representan distintas formas de entender el negocio del futbol mexicano: como activo financiero, como escaparate comercial y como instrumento de influencia empresarial.
Los ojos del mundo esperan con ansias el silbatazo inicial de la Copa del Mundo 2026 en el Estadio Ciudad de México y coloca al país frente a millones de aficionados, patrocinadores, televisoras, plataformas digitales, fondos de inversión y marcas globales. Pero mientras los reflectores apuntan a los estadios, a las selecciones y al espectáculo deportivo, la Liga MX atraviesa una disputa fuera de la cancha: la definición de su modelo de negocio.
El futbol mexicano llega al Mundial con un gran peso económico y cultural. De acuerdo con datos de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), la liga tiene un valor estimado de 13,000 millones de dólares (mdd); además, es la décima con más aficionados en el mundo y la sexta si se considera la asistencia promedio. Todo ello en un país de más de 130 millones de personas, donde 63.5% de la población disfruta ver, jugar o estar al tanto del balompié nacional.
Pero el tamaño del mercado contrasta con una estructura todavía marcada por la fragmentación. Cada club negocia sus derechos de transmisión: la propiedad de los equipos ha estado concentrada durante décadas en grandes empresarios con intereses en otros sectores y la eliminación gradual de la multipropiedad abrió una etapa de compraventas, reacomodos y nuevas alianzas.
El escritor Juan Villoro, gran aficionado al futbol, resumió hace años el potencial detrás de cada gol: “Estamos ante la forma más exitosa de vender zapatos y camisetas”. Ahora, la discusión ya no pasa solo por quién gana el campeonato, el futbol mexicano empieza a definir quién controlará los ingresos del futuro: los dueños tradicionales, los fondos de inversión o las plataformas que compiten por la audiencia.
En la cancha del balompié mexicano, Azcárraga, Hank y Miguel Bejos representan distintos ángulos del mismo partido: el futbol como activo financiero, como plataforma comercial y como espacio de influencia empresarial.
Los viejos dueños del balón
Durante décadas, la propiedad de los equipos profesionales de futbol mexicano se concentró en un grupo reducido de empresarios exitosos en otras industrias. Entre 1990 y principios de los años 2000, Grupo Televisa y TV Azteca, de Grupo Salinas, se consolidaron como dueñas de varios clubes de primera división. Después, entre 2018 y 2022, otros grupos empresariales aparecieron en la cancha profesional.
El punto de inflexión llegó después del Mundial de Qatar 2022. El fracaso de la Selección Mexicana y la presión de la FIFA llevaron a la Federación Mexicana de Futbol a presentar cambios estructurales, entre ellos el fin gradual de la multipropiedad, esa decisión abrió la puerta a una reestructura dentro del balompié nacional.
Sin embargo, los equipos más fuertes y populares siguen bajo el control de los mismos grupos empresariales, lo que dificulta el desarrollo de una liga más competitiva, de acuerdo con José Samuel Martínez, coordinador de la Maestría en Comunicación de la Universidad Iberoamericana.
Siguen siendo los mismos dueños (…) que tienen mucho dinero y los mejores equipos. Y como 10 o más dueños que poseen equipos de media tabla, malos, con poco dinero, visibilidad y consumidores. Y entonces se mantiene la misma liga mediocre sin un ascenso y un descenso comenta”, en entrevista con El CEO.
Más allá de su rentabilidad, algunos clubes funcionan como activos de influencia para sus propietarios, que les permiten acceder a beneficios políticos y sociales, considera el académico: “Al dueño le da visibilidad, capacidad de negociación a nivel político y presencia de marca gratis”, agrega el académico.
Ese modelo explica por qué la discusión sobre el futbol mexicano rebasa lo deportivo. De acuerdo con datos del Inegi citados por la FMF y la Liga BBVA, el futbol aporta 0.6% del Producto Interno Bruto (PIB), representa 54% del PIB deportivo, genera más de 147,300 empleos directos e indirectos y una derrama salarial anual de 25,300 millones de pesos.
Azcárraga: el gran jugador
Si una figura resume la relación entre futbol, televisión, poder y negocios en México es Emilio Azcárraga Jean. El Club América es uno de los equipos de mayor afición en el país, fue adquirido en 1959 por Emilio Azcárraga Milmo, “El Tigre”, a Isaac Bessudo, propietario de la refresquera mexicana Jarritos. Sin embargo, bajo la gestión de Azcárraga Jean, el conjunto se consolidó como uno de los principales activos deportivos de México, con un grito como himno: “Ódiame más”.
En la cancha, las Águilas suman 41 títulos nacionales e internacionales –el último obtenido en el Torneo de Apertura 2024 contra los Rayados de Monterrey– resultado que lo convirtió en el único equipo en lograr un tricampeonato en torneos cortos. Además de una afición de alrededor de 45 millones de fanáticos, incluidos 15 millones en Estados Unidos, el mercado más relevante para el futbol mexicano fuera del país.
Fuera del terreno de juego, el América también se ubica entre los equipos más valiosos de la Liga MX. Su valor de mercado es de 119.4 millones de dólares, de acuerdo con un reporte de Indexity Ideas publicado en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).
Durante décadas, Grupo Televisa y los Azcárraga construyeron una relación directa entre futbol, televisión abierta y la publicidad. El América fue equipo, contenido, marca y plataforma comercial. Pero esa historia dio un giro con la creación de Grupo Ollamani, la empresa surgida de la escisión de los negocios no centrales de la televisora, el equipo de futbol profesional América, el Estadio Azteca y sus terrenos aledaños, la cadena de casinos PlayCity y el negocio editorial.
Televisa es quien se ha encargado de meternos a los mexicanos la idea de que el futbol es una gran pasión, que el futbol es una gran emoción porque fue su negocio durante mucho tiempo”, considera el académico de la Universidad Iberoamericana.
Ollamani significa “jugador de pelota” en náhuatl y la empresa llegó a la BMV en febrero de 2024 con una clave de pizarra que reflejaba el peso del futbol en su identidad: ‘AGUILAS’. Aunque su origen respondió a la intención de la compañía de concentrarse en su negocio principal, las telecomunicaciones, la nueva entidad abrió una ruta poco común en México: convertir un club de futbol en parte de un vehículo bursátil.
“Esta será una compañía más pequeña, pero una muy buena (compañía) de deportes y juegos”, dijo Alfonso de Angoitia, codirector general de Televisa, en octubre de 2022, luego de que los planes de escisión se hicieron públicos.
Sin embargo, ocho meses después del debut de Ollamani en la Bolsa, Azcárraga Jean tomó licencia indefinida como presidente ejecutivo del consejo de administración de Televisa, en medio de una investigación en Estados Unidos por presuntos actos de corrupción de funcionarios de la FIFA en los que estaría involucrado el grupo mexicano.
Las pesquisas iniciaron en 2018, cuando el empresario y Televisa fueron demandados en una corte de Nueva York por su supuesta participación en sobornos a funcionarios del organismo rector del futbol mundial, a cambio de los derechos de transmisión de las Copas del Mundo de Rusia 2018 y Qatar 2022, así como del torneo de 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá. Los supuestos sobornos también incluyeron los derechos del Mundial de 2030, que tendrá sedes intercontinentales.
A partir de ese momento, Azcárraga Jean marcó distancia con Televisa y aumentó su participación en Ollamani. A principios de este año adquirió una participación accionaria adicional que le permitió elevar su tenencia a 41.5%. Casi al mismo tiempo vendió acciones de Televisa a Bernardo Gómez y Alfonso de Angoitia, sus socios y actuales codirectores de la compañía. La operación no representó una pérdida de poder en el grupo mexicano, ya que conservó los derechos de voto asociados a las acciones vendidas.
La apuesta se refleja en los números. Desde su debut en el mercado local y hasta el cierre del primer trimestre de este año, el valor de capitalización de mercado de Ollamani aumentó 148.1%, al pasar de 3,525.1 a 8,744.2 millones de pesos. Durante 2025, los ingresos del segmento de futbol ascendieron a 2,795.6 millones de pesos, equivalentes a 44.3% del total y en los primeros tres meses del año suma 835.2 millones de pesos, casi 20% más en comparación interanual.
Para Francisco San José Cabestany, catedrático de Mercadotecnia Deportiva de la Escuela de Ciencias del Deporte de la Universidad Anáhuac México, la escisión del negocio deportivo colocó a la compañía en una posición distinta frente al resto de los clubes mexicanos: “No ha habido después otra salida a bolsa. Si acaso lo más parecido a eso fue lo que hizo Diablos Rojos”.
El deporte como activo financiero
La llegada de Ollamani al mercado de valores abrió una vía poco explorada en el deporte mexicano. El caso más cercano es el de Diablos Rojos, equipo de beisbol profesional propiedad de Alfredo Harp Helú, que llegó al mercado local en enero de 2025 sin una Oferta Pública Inicial (OPI).
Sin embargo, las dos historias son diferentes. Ollamani agrupa negocios deportivos, inmobiliarios, editoriales y de juego, mientras “Los Pingos” concentra la oferta deportiva del equipo, que además de beisbol incluye softbol femenil y basquetbol. A diferencia de lo que ocurre con el Estadio Banorte, el equipo de Harp Helú no integra el estadio que lleva su nombre en la Ciudad de México.
A nivel mundial, la salida a bolsa de clubes deportivos tampoco es una práctica extendida. Dentro de ese grupo se encuentran Manchester United, que desde 2012 cotiza en la New York Stock Exchange (NYSE); Juventus de Italia; Ajax de Países Bajos; Borussia Dortmund de Alemania; FC Porto de Portugal, y Olympique de Lyon en Francia, de acuerdo con S&P Capital IQ.
El salir a buscar capital a los mercados y compartir parte del capital social con los inversionistas en el deporte no es tan habitual, incluso más allá del futbol”, precisa el catedrático de la Universidad Anáhuac.
En Estados Unidos, los aficionados a ligas como la NBA y la NHL cuentan con empresas públicas propietarias de equipos, como Madison Square Garden Sports, dueña de los New York Knicks y de los New York Rangers. En beisbol destaca Atlanta Braves Holdings, matriz de los Bravos de Atlanta, que desde 2023 cotiza en el Nasdaq. También está Rogers Communications, una de las principales compañías de medios en Canadá, con presencia en el NYSE y el Toronto Stock Exchange, y propietaria de Toronto Blue Jays.
La incursión bursátil de Ollamani no fue el único movimiento relevante. Mientras se celebraban las fiestas decembrinas a finales de 2025, la empresa anunció una alianza estratégica con el gestor global de fondos General Atlantic para crear Grupo Águilas, una nueva entidad que concentra el negocio de futbol de Ollamani.
Aun así, la empresa de Azcárraga se mantiene como principal accionista, con una participación de 51%. Una operación que está valuada en 490 millones de dólares y forma parte de un plan estratégico para fortalecer la estructura de capital y liquidez, acelerar proyectos estratégicos y optimizar la creación de valor de los activos deportivos.
A nivel organizacional, la entrada General Atlantic permite incorporar mejores prácticas de gobierno corporativo y estrategias avanzadas de analítica de datos para decisiones comerciales y deportivas.
Esta nueva alianza estratégica nos posiciona para la siguiente fase de crecimiento mientras expandimos nuestro alcance y proporcionamos experiencias aún más inolvidables para los fans en México y en el extranjero”, dijo Emilio Azcárraga el día que anunció la alianza.
La incursión de una de las firmas de inversiones más importantes del mundo trajo también una asociación con Kraft Analytics Group, empresa perteneciente a Kraft Group, dueña de los New England Patriots de la NFL y del New England Revolution de la MLS.
Para General Atlantic, que gestionaba más de 123,000 millones de dólares en activos al cierre de 2025, la alianza con Ollamani representa una incursión en el deporte. Un movimiento que se inscribe en una tendencia global, dado a que 74 de los principales equipos deportivos de Estados Unidos, en todas sus ligas profesionales, cuentan con algún vínculo con firmas de capital privado, de acuerdo con PitchBook, grupo tiene una valoración conjunta de 274,000 millones de dólares, según la plataforma propiedad de Morningstar.
Entre los fondos que participan en estas ligas se encuentran RLB Holdings, con inversión en los Yankees de Nueva York de la MLB; Sixth Street, con posiciones en San Francisco Giants, San Antonio Spurs, Boston Celtics y New England Patriots.
Otro caso es Arctos Partners, firma de capital privado creada en 2019 y especializada en participaciones minoritarias de equipos deportivos. Su presencia alcanza prácticamente todas las ligas profesionales de Estados Unidos, con inversiones en equipos como Los Angeles Dodgers, Chicago Cubs, Boston Red Sox, San Francisco Giants, Houston Astros y San Diego Padres. La cual fue adquirida en febrero pasado por KKR por 1,400 millones de dólares.
En un reporte, Guillermo Goñi, socio de Deal Advisory & Strategy de KPMG México, expone que el deporte se ha convertido en un espacio atractivo y “los fondos de PE (private equity, por sus siglas en inglés) han encontrado en el deporte profesional un terreno fértil para la inversión, gracias al aumento en la valoración de los equipos y los acuerdos de derechos multimedia, los cuales aseguran ingresos sostenibles a largo plazo”.
El incentivo para los PE está en activos con capacidad de generar ingresos por derechos multimedia, boletaje, patrocinios y comercio de artículos promocionales. Para las organizaciones deportivas, la entrada de estos inversionistas ofrece experiencia en finanzas, gestión, mercadotecnia y diversificación de fuentes de ingresos.
Hank Rhon: el apostador
La transformación del futbol mexicano no solo ocurre en la propiedad de los clubes, sino en los negocios que se desarrollan alrededor del balón. Uno de los casos más visibles es Jorge Hank Rhon, dueño de los Xolos de Tijuana y, hasta julio de 2025, propietario del Querétaro Futbol Club, conocido como Gallos Blancos.
La venta del Querétaro al empresario Marc Spiegel, a través de la firma de inversión Innovatio Capital, formó parte de los acuerdos para poner fin a la multipropiedad. Pero la presencia del exalcalde de Tijuana en el futbol mexicano no se limita a la tenencia de equipos. A través de Grupo Caliente, su imperio de casinos y apuestas deportivas, Hank Rhon es patrocinador oficial de 26 clubes, incluidos alrededor de 12 de los 18 equipos de primera división de la Liga MX.
Este patrocinio permite al grupo aparecer en las camisetas de equipos de gran afición, como América, Atlas y Chivas de Guadalajara. Además, su presencia también se extiende al campo, en las vallas que rodean el área de juego durante los partidos.
Para Alejandro Delgadillo Fabián, del departamento de Gestión y Liderazgo del Tecnológico de Monterrey Campus Guadalajara, tanto Azcárraga Jean como Hank Rhon ven sus clubes como una extensión de sus empresas principales: “En estos equipos en particular sí se ve un control más centralizado porque conviene a los intereses de los dueños de los equipos”, agrega el académico.
Además de la Liga MX, la presencia de Hank Rhon se extiende a la Liga BBVA Expansión, –la Femenil–, la Leagues Cup y la Concacaf Champions Cup. Fuera del futbol también participa como patrocinador del Abierto Mexicano de Tenis, el Abierto GNP Seguros y otros torneos deportivos.
Su caso muestra otra cara del negocio: el futbol como plataforma para apuestas, exposición de marca y presencia comercial permanente. El club es solo una parte de una estructura más amplia. La camiseta, las vallas, los torneos y las transmisiones se convierten en puntos de contacto con consumidores que siguen a sus equipos dentro y fuera del estadio.
José Miguel Bejos: el contratista
El proceso para poner fin a la multipropiedad también abrió espacio a nuevos compradores. En abril de 2026 se dio a conocer la venta del Atlas FC por parte de Grupo Orlegi, que también opera el Club Santos Laguna, a Grupo PRODI, empresa encabezada por José Miguel Bejos, cuyo nombre ha sido relacionado a la Cuarta Transformación por sus contratos millonarios obtenidos.
La operación convirtió a Bejos en uno de los nuevos nombres dentro del mapa de propietarios del futbol mexicano. Su llegada forma parte del reacomodo de clubes que busca separar estructuras de propiedad y responder a las presiones regulatorias y deportivas sobre la Liga MX.
Bejos preside Grupo Mota-Engil México, compañía que participó en la construcción de los tramos 1 y 5 del Tren Maya, una de las obras insignia del expresidente Andrés Manuel López Obrador. La empresa también tiene proyectos con Pemex, incluido un contrato de 2024 para construir una planta industrial de fertilizantes en Poza Rica, Veracruz, por 1,200 millones de dólares.
De acuerdo con una investigación publicada por EL CEO en septiembre de 2024, Mota-Engil incrementó sus ingresos cerca de 310% desde la llegada de la 4T. Mientras que su cartera de negocios en México pasó de 609 millones de euros al año a 2,500 millones de euros al cierre de ese año.
Pero Bejos ya tenía presencia en el deporte: también es propietario de los Pericos de Puebla de la Liga Mexicana de Beisbol. Ahora, con su entrada al futbol con Atlas refleja cómo el futbol mexicano sigue atrayendo a empresarios con intereses más amplios que la operación deportiva.
De FEMSA a ¿el regreso de Slim?
El caso de Bejos se suma a otros movimientos derivados del fin gradual de la multipropiedad. Hasta el cierre de esta edición sigue pendiente la posible venta del 51% de las acciones del Club León, que se mantiene bajo el paraguas de Grupo Pachuca, propietario también del club del mismo nombre, operación que podría abrir la puerta al regreso de Carlos Slim al futbol mexicano.
El magnate de las telecomunicaciones estaría interesado en comprar una participación del equipo guanajuatense, de acuerdo con reportes periodísticos de medios locales y deportivos. Negocio que ya es conocido por Slim, en 2012, a través de América Móvil, compró 30% de las acciones de Promotora del Club Pachuca, Fuerza Deportiva del Club León y Centro Universitario del Fútbol y Ciencias del Deporte, pertenecientes a Grupo Pachuca. Sin embargo, cinco años después se deshizo de esa participación mediante una venta a la misma empresa que preside Jesús Martínez Patiño.
Entre otros empresarios detrás del futbol mexicano se encuentra Amaury Vergara, presidente y director general de Grupo Omnilife-Chivas, propietaria del Club Deportivo Guadalajara. El “Rebaño Sagrado”, que por décadas se posicionó como rival histórico del Club América y mantiene la tradición de contar únicamente con jugadores mexicanos, forma parte desde 2002 del grupo construido por Jorge Vergara.
También figura Ricardo Salinas Pliego, dueño de Grupo Salinas –que agrupa Elektra, Banco Azteca y TV Azteca– y quien vendió el Mazatlán FC al empresario mexicano Emilio Escalante, presidente del Atlante.
Además, existen compañías que participan en el mercado bursátil local y mantienen presencia en el futbol. FEMSA, dueña de Oxxo y del embotellador más grande del Sistema Coca-Cola, es propietaria de Rayados de Monterrey, cuya compra cerró en 2006, después de años de problemas legales y financieros. Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León cuenta con el respaldo de Cemex a través de Sinergia Deportiva.
Apollo: la centralización que no llegó
Mientras a nivel global el capital institucional gana espacio en el deporte, en el futbol mexicano su avance ha sido limitado. El caso más claro fue el intento fallido de Apollo Global Management por invertir en la Liga MX.
Su interés comenzó a sonar en 2021, pero cobró fuerza tras el nombramiento de Juan Carlos “La Bomba” Rodríguez como comisionado de la FMF a mediados de 2023. La propuesta consistía en crear un fondo de inversión con una bolsa de 1,300 millones de dólares a cambio de una participación de entre 10 y 15% de las ganancias comerciales generadas por la liga durante 50 años. Esos recursos habrían representado menos de 2% de los 751,000 millones de dólares en activos bajo gestión de Apollo al cierre de 2024.
La propuesta implicaba centralizar derechos de transmisión multimedia, patrocinios y otros activos comerciales. Un giro al modelo actual, donde cada uno de los 18 clubes gestiona de manera individual la venta de sus derechos de transmisión. Aceptar el modelo de Apollo significaba trasladar esa gestión a la Liga MX.
“La ventaja que esto suponía radica en el hecho de que, al tener a todos los equipos, podían obtener una cantidad de dinero mayor a la que obtienen de manera individual”, explica Cabestany.
Sin embargo, a finales de ese año, la Asamblea de Dueños de la Liga MX descartó la propuesta, lo que derivó en la renuncia de “La Bomba” Rodríguez. El rechazo dio como resultado la creación de una entidad responsable de centralizar derechos de transmisión, patrocinios y otros activos comerciales.
La institucionalización del negocio deportivo tiene como antecedente un modelo en México exitoso: la Liga Mexicana de Beisbol (LMB). Desde 2019, con Horacio de la Vega como presidente ejecutivo, implementó una serie de medidas para centralizar activos comerciales, contenidos audiovisuales y derechos de transmisión.
Los resultados de esta estrategia ya son visibles. En 2019, solo dos equipos tenían contratos de derechos de televisión, para el arranque de la temporada de este año, la LMB cuenta con 35 contratos de derechos en 30 países. En seis años, los ingresos por derechos televisivos aumentaron más de 10 veces y los ingresos por patrocinios crecieron 12 veces. Por ejemplo, en merchandising, el contrato entre la Liga y New Era alcanzó su meta de 1,000 millones de pesos en ventas en 2.5 años, la mitad del tiempo previsto originalmente.
Para Horacio de la Vega, estas medidas han sido clave para que el valor de las franquicias aumentara entre 2.5 y 3.0 veces en los últimos cinco años. “Nos hemos convertido realmente en una empresa de experiencias. Ya no vendemos beisbol, vendemos una experiencia colectiva y tenemos múltiples áreas de negocio y eso es lo que ha provocado realmente un cambio importante en esta industria”, dijo en una reciente entrevista con EL CEO.
Aunque el intento de Apollo por participar directamente en la Liga MX no se concretó, el fondo entró al futbol por otra vía. En noviembre de 2025 concretó la compra de una participación mayoritaria en el Atlético de Madrid, a través de Apollo Sport Capital. Esa operación también le dio una entrada indirecta al futbol mexicano, ya que el club español es propietario del Atlético de San Luis, uno de los 18 equipos de la Liga MX.
Para Cabestany, el rechazo al plan de Apollo cerró una posibilidad para elevar los ingresos de los clubes por derechos de transmisión: “Se esperaría que el tamaño de esa bolsa superara las 18 bolsas individuales que cada club genera al vender de manera individual”.
Del Canal de las Estrellas al streaming
El negocio de los derechos de transmisión atraviesa una transformación impulsada por la digitalización. Durante décadas, la televisión abierta fue la principal ventana del futbol mexicano. Televisa y TV Azteca construyeron audiencias masivas alrededor de los partidos. Ahora, las plataformas de streaming compiten por contenidos deportivos en vivo para atraer y retener suscriptores.
Al cambiar la forma de vivir y consumir que hoy tenemos, ya no dependemos de la televisión, de los medios masivos, de mensajes verticales y centralizados como los viejos medios masivos”, considera Samuel Martínez, catedrático de la Universidad Iberoamericana.
Netflix, Disney+ y Prime Video han modificado su estrategia en los últimos años. Los servicios que comenzaron enfocados en series y películas incorporaron transmisiones de deportes en vivo como parte de su apuesta por contenidos que mantengan en sus plataformas a sus usuarios.
En abril de este año, el gigante del streaming Netflix dio a conocer un acuerdo exclusivo de cuatro años para México con la Concacaf para transmitir las finales de la Liga de Naciones y la Copa Oro. Un movimiento que abrió una discusión sobre el impacto que estos acuerdos pueden tener en la televisión abierta.
Si plataformas como Netflix comienzan a quedarse con derechos deportivos relevantes, se debilita el principal motor de audiencia de la televisión abierta. Menos audiencia para la televisión abierta significa menor atractivo para los anunciantes y, por lo tanto, una presión en ingresos publicitarios”, apunta Julián Fernández, analista independiente.
El debate llegó hasta el Congreso. El diputado de Morena, Juan Guillermo Rendón Gómez, impulsa una iniciativa para que la transmisión de encuentros deportivos donde participen las selecciones nacionales de cualquier disciplina sea considerada de interés público y social. El proyecto plantea que los titulares de derechos celebren convenios de sublicenciamiento con concesionarios de televisión abierta públicos o privados interesados.
Si esta regulación obliga a que ciertos eventos se transmitan en señal abierta, las televisoras podrían beneficiarse indirectamente al poder recuperar contenido clave sin asumir todo el costo de los derechos”, precisa Fernández.
Televisa también modificó su estrategia. En 2022 reestructuró su negocio mediante la fusión de sus activos de medios, contenidos y producción con Univision. En esa nueva estructura, Vix se convirtió en una pieza relevante de su apuesta digital. Durante el primer trimestre de 2026, los ingresos totales de TelevisaUnivision aumentaron 5% frente al mismo periodo del año anterior, impulsados en parte por Vix.
Durante el trimestre, los resultados se vieron impulsados por el crecimiento de Vix, que sigue siendo un motor clave de expansión tanto en nuestro negocio de publicidad como en el de suscripciones”, dijo Alfonso de Angoitia Noriega, codirector de Televisa, en la más reciente llamada con analistas e inversionistas.
Para el Mundial, Televisa contempla streaming, medios digitales y transmisiones por televisión, con el objetivo de “ofrecer una cobertura integral con una ejecución impecable, mientras maximizamos el impacto comercial en todas las plataformas”, añadió de Angoitia previamente.
En México, Vix transmitirá los 104 juegos del evento deportivo, que Televisa ofrecerá a precio preferencial para clientes de Izzi y Sky. Pero la disputa por las transmisiones toca el centro del modelo de la Liga MX. Mientras cada club mantenga la negociación individual de sus derechos, el negocio dependerá de acuerdos separados, con valores distintos y estrategias comerciales dispersas. En cambio, una negociación centralizada permitiría vender una oferta integrada de contenidos, audiencias y patrocinios. Ese fue el corazón del modelo que Apollo no logró concretar.
Liga MX: un modelo en transición
La Liga MX llega al Mundial 2026 con una combinación de fortalezas y desafíos. Tiene afición, mercado, valor económico y presencia en Estados Unidos, pero opera con una estructura en la que cada club defiende sus propios ingresos y negocia sus derechos de manera individual.
La eliminación gradual de la multipropiedad abrió una etapa de reacomodo. La salida a bolsa de Ollamani mostró una ruta para convertir activos deportivos en vehículos financieros. La entrada de General Atlantic a Grupo Águilas confirmó el interés de capital institucional por el futbol mexicano. El rechazo a Apollo evidenció la resistencia de los propietarios a centralizar derechos y ceder parte del control comercial. La experiencia de la Liga Mexicana de Beisbol mostró que una estrategia integrada puede multiplicar ingresos por derechos, patrocinios y mercancía. El avance del streaming añadió una nueva disputa por la audiencia.
“El futbol mexicano tiene muchas asignaturas pendientes, a diferencia de otros futboles que han sabido entender mejor la situación”, apunta Cabestany, de la Universidad Anáhuac. La expansión a mercados más allá de Estados Unidos es una de ellas, también persisten áreas de oportunidad en transparencia financiera, pago de impuestos y prácticas relacionadas con la valuación de jugadores.
Como en México hay una especie de capitalismo de compadres, lamentablemente hay mucha corrupción…Y muchos equipos, los más chicos, terminan siempre perdiendo”, lamenta Martínez.
El entorno económico también incide en el consumo deportivo. De enero a marzo de 2026, el PIB de México disminuyó 0.8% en términos reales frente al trimestre inmediato anterior, con cifras ajustadas por estacionalidad, de acuerdo con la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto Trimestral publicada por el Inegi el 30 de abril.
El Mundial 2026 puede ampliar la exposición internacional del futbol mexicano, pero el desarrollo del negocio dependerá de decisiones sobre propiedad, derechos de transmisión, capital institucional, transparencia, gobierno corporativo y monetización de audiencias.
En esa cancha, Azcárraga representa la transición del futbol como contenido televisivo al futbol como activo financiero; Hank Rhon, el negocio que se construye alrededor de la cancha a través de apuestas, patrocinios y exposición de marca, y Bejos, la llegada de nuevos empresarios a una liga obligada a reordenar su propiedad.
Vía EL CEO