Moody’s golpea a bancos mexicanos tras bajar la calificación de México; BBVA, Banorte y Santander, entre los afectados
La decisión de la calificadora internacional Moody’s Ratings de reducir la calificación soberana de México ya comenzó a generar ondas expansivas en el sistema financiero nacional. Apenas un día después de degradar la nota crediticia del país de Baa2 a Baa3, el último escalón antes de perder el llamado “grado de inversión”, la agencia anunció también el recorte de calificaciones para ocho instituciones financieras mexicanas, incluyendo bancos privados, organismos públicos y la propia Comisión Federal de Electricidad (CFE).
La medida vuelve a encender las alarmas sobre el estado de las finanzas públicas mexicanas y la creciente presión económica derivada del bajo crecimiento, la fragilidad fiscal y los rescates constantes a empresas del Estado como Pemex.
Entre las instituciones afectadas se encuentran BBVA México, Banorte, Santander México, Banamex, Banco del Bajío, Bancomext, Nacional Financiera (Nafin) y el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB). Moody’s explicó que todas estas entidades mantienen una relación estrecha con el gobierno federal, tanto por exposición financiera como por su dependencia del entorno macroeconómico mexicano.
La calificadora sostuvo que la reducción responde directamente al deterioro en la calidad crediticia del país y advirtió que el debilitamiento de las finanzas soberanas impacta inevitablemente en los bancos y organismos vinculados al Estado.
“La calidad crediticia soberana limita las calificaciones de emisores domiciliados en el país”, señaló Moody’s al justificar que las condiciones macroeconómicas, la incertidumbre jurídica y los riesgos institucionales afectan directamente la operación bancaria y financiera.
La decisión ocurre en un contexto especialmente delicado para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, pues la reducción coloca a México apenas un peldaño arriba de ser considerado un país con deuda especulativa o “bono basura”, una categoría que suele ahuyentar inversiones y elevar el costo del financiamiento internacional.
De acuerdo con Moody’s, entre los factores que motivaron la baja se encuentran:
- Menor flexibilidad fiscal
- Bajo crecimiento económico
- Debilidad del mercado laboral
- Limitada base tributaria
- Apoyos constantes del gobierno federal a Pemex
- Persistente incertidumbre comercial y jurídica
La agencia consideró que el deterioro fiscal de México se aceleró desde 2024 debido a la rigidez del gasto público y a la incapacidad del gobierno para estabilizar la deuda.
En términos financieros, el mensaje de Moody’s es contundente: si el gobierno mexicano se percibe más riesgoso para pagar sus compromisos, automáticamente también aumenta el riesgo para las instituciones que operan bajo el ecosistema económico nacional.
El golpe no quedó únicamente en los bancos. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) también sufrió una rebaja en su nota en moneda extranjera, pasando igualmente de Baa2 a Baa3.
Moody’s explicó que la CFE enfrenta riesgos adicionales por su fuerte dependencia del gas natural importado y por la volatilidad del tipo de cambio. Además, alertó sobre el ambicioso plan de inversión de aproximadamente 30 mil millones de dólares hasta 2030, el cual incrementará el endeudamiento de la empresa estatal.
La calificadora advirtió que aunque existen mecanismos de cobertura financiera, los flujos de efectivo de la CFE siguen expuestos a crisis energéticas internacionales y posibles disrupciones en el suministro de combustible.
En términos políticos, el ajuste representa un duro golpe narrativo para el oficialismo federal, que durante meses sostuvo que la economía mexicana mantenía estabilidad y fortaleza financiera pese a los retos globales.
Sin embargo, el recorte de Moody’s ocurre en medio de crecientes cuestionamientos internacionales sobre el rumbo económico del país, la incertidumbre regulatoria, la relación con Estados Unidos y la presión presupuestal derivada de los megaproyectos federales y rescates a empresas estatales.
Analistas financieros advierten que cuando una calificadora reduce la nota soberana de un país, el siguiente efecto natural es el ajuste de bancos, empresas públicas y organismos financieros que dependen del comportamiento económico nacional.
Aunque Moody’s modificó la perspectiva de México de “negativa” a “estable”, el hecho de quedar en el último nivel del grado de inversión implica que cualquier deterioro adicional podría empujar al país hacia una categoría especulativa.
Eso tendría consecuencias directas en tasas de interés, acceso al crédito, inversión extranjera y confianza financiera.
Mientras tanto, el gobierno federal insiste en que la economía mexicana mantiene estabilidad macroeconómica y que los fundamentos financieros siguen siendo sólidos.