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Sheinbaum exige pruebas a EU tras advertencia de Trump

Por: Adriana Colchado

@tamalito_rosa

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Sheinbaum exige pruebas a EU tras amenaza de Trump y anuncio de más expedientes contra narcopolíticos

La tensión entre Palacio Nacional y la Casa Blanca escaló este jueves a un nivel inédito en el arranque del nuevo gobierno estadounidense. En una combinación de amenaza operacional, presión diplomática y advertencia judicial, el presidente Donald Trump lanzó un mensaje directo a México: si el gobierno mexicano no enfrenta con contundencia a los cárteles, Estados Unidos lo hará.

No fue una insinuación.

Fue una declaración abierta emitida desde Washington, respaldada por datos militares de su administración, por una nueva estrategia de seguridad nacional y por el endurecimiento del discurso judicial estadounidense contra presuntos narcopolíticos mexicanos.

Trump aseguró que la ofensiva naval de Estados Unidos contra embarcaciones del crimen organizado en el Caribe y el Pacífico ha reducido en 97% el tráfico marítimo de drogas, operaciones que —según su versión— han dejado más de 190 muertos desde el año pasado.

Después vino el mensaje que encendió alertas diplomáticas.

“If they’re not gonna do the job, we’re gonna do the job”, lanzó.

Es decir: si México no actúa, Washington actuará unilateralmente.

El señalamiento llega en un contexto especialmente delicado para el gobierno mexicano, marcado por el expediente judicial abierto en Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, y otros nueve personajes de la élite política sinaloense, presuntamente ligados a estructuras criminales.

La presión aumentó todavía más cuando el fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, adelantó que habrá nuevas acusaciones, producto de testimonios y acuerdos de cooperación alcanzados con criminales extraditados o enviados por México.

El mensaje fue claro: los detenidos están hablando.

Y lo que digan podría comprometer a más políticos, más funcionarios y posiblemente más partidos.

En México, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a responder.

“Nosotros estamos actuando”, afirmó.

Como sustento, presentó cifras:

  • 50% menos homicidios dolosos,
  • 2,500 laboratorios clandestinos destruidos,
  • detenciones relevantes,
  • y reducción del paso de fentanilo.

Pero Sheinbaum también elevó el tono diplomático al exigir pruebas.

Sostuvo que Estados Unidos ha señalado, acusado y filtrado nombres, pero no ha entregado elementos probatorios suficientes que permitan procesar conforme a la legislación mexicana a quienes son señalados por Washington.

“Eso no protege a nadie… pero para detener a alguien tiene que cumplir con la ley mexicana; que se envíen pruebas”, reclamó.

Luego lanzó un argumento de reciprocidad internacional:
México ha entregado más de 90 objetivos criminales perseguidos por Estados Unidos, mientras Washington —acusó— no ha respondido igual en solicitudes mexicanas de cooperación, incluyendo personas vinculadas con Ayotzinapa.

Al mismo tiempo, el FBI reportó un nuevo golpe al narcotráfico en Kansas, con decomiso de 70 kilos de metanfetamina, 35 mil dólares y tres armas, en una operación ligada a estructuras criminales mexicanas.

Todo ocurre mientras Estados Unidos redefine su doctrina de seguridad y coloca a narcogobiernos y crimen transnacional en el centro de su estrategia antiterrorista.

En términos políticos, la advertencia es doble:
Washington está dispuesto a judicializar nombres… y a endurecer su margen operativo.

Y México responde con otra doble apuesta:
defender soberanía… pero exigir pruebas.

Lo que está en juego ya no es únicamente seguridad pública.
Es la arquitectura completa de la relación bilateral México–Estados Unidos frente al crimen organizado.