Más resultados...

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

Nay Salvatori todavía puede llegar a la boleta de 2027

Columna de opinión Adriana Colchado (@tamalito_rosa)

COMPARTE:

Facebook
X
WhatsApp

Nay Salvatori todavía no está muerta… políticamente hablando

Hay políticos que construyen su carrera con discursos, estructura territorial, operación electoral y años de disciplina partidista. Y luego está Nayeli Salvatori Bojali.

La diputada local de Morena ha construido buena parte de su capital político con algo bastante menos ortodoxo: micrófonos, polémicas, ocurrencias, videos, frases incómodas y una capacidad casi sobrenatural para convertirse en noticia aunque nadie lo haya pedido.

Y precisamente por eso, aunque Morena haya decidido ponerle un alto, no necesariamente significa que Nay Salvatori esté fuera de la boleta de 2027.

Antes del escándalo de su podcast con Grace Palomares, Salvatori ya había levantado la mano para buscar la presidencia municipal de San Pedro Cholula o, en su defecto, mantenerse en el Congreso mediante la reelección. La propia diputada había reconocido que estaría sujeta a las encuestas y a la decisión de Morena.

Pero entonces llegó el famoso episodio del “baúl”.

El comentario sobre los hombres mayores provocó una tormenta política que terminó saliendo de Puebla y convirtiéndose en un asunto nacional que llegó hasta la presidenta Claudia Sheinbaum. La polémica creció todavía más porque la conversación ocurrió entre dos diputadas de Morena, Nay Salvatori y Grace Palomares, en un espacio que pretendía ser entretenimiento, pero que terminó recordándole a ambas una de las reglas más viejas de la política: la autocensura como mecanismo de supervivencia. ¿O de dónde creen que viene el dicho “políticamente correcto”?

Ahora bien, aquí quiero detenerme porque hay algo que se ha perdido entre tanto linchamiento digital. No creo que el comentario haya sido literalmente contra los adultos mayores.

La conversación estaba dirigida a ese espécimen masculino que estoy segura al menos todas las treintonas conocemos: el clásico viejo rabo verde que, teniendo edad para preocuparse por la presión arterial, todavía anda buscando jovencitas para sentirse de “chavo”.

El problema es que Nay parece no haber entendido que desde que tiene un curul, todo lo que dice tiene una dimensión pública.

Nay viene de la radio. De una comunicación mucho más libre, irreverente, provocadora y, digámoslo amablemente, bastante más “pelada”.

Su personaje público se construyó precisamente alrededor de eso.

La mujer que dice lo que otros no dicen, la que se burla, la que responde, la que hace bromas, la que provoca, la que no habla como política. Y ahí está precisamente su encanto para unos y su pesadilla para otros.

Porque mientras una parte de la clase política lleva años intentando parecer espontánea, Nay llegó a la política siendo espontánea… y después descubrió que la espontaneidad también puede costar elecciones. Pero esa popularidad es, al mismo tiempo, su mayor activo y su peor problema.

¿Y si Nay todavía llega a la boleta?

Aquí es donde la política se pone sabrosa. Porque una cosa es que Morena le cierre la puerta, y otra muy distinta es que se le cierre por completo la elección.

La sanción partidista no equivale automáticamente a desaparecer a una persona del mapa electoral. Mientras existan vías jurídicas y electorales abiertas, y mientras no haya una resolución definitiva que le impida competir, declarar que Nay Salvatori está políticamente muerta para 2027 sería, cuando menos, apresurado (sí, ya sé que yo escribí eso la semana pasada, pero ando acá reconociendo mi error).

En política, ya sabemos: nunca entierres a nadie antes de tiempo, porque puede aparecer en la boleta con otra camiseta.

San Pedro Cholula es precisamente el escenario donde esta historia puede ponerse interesante.

Sí, la metidota de pata de Nay prácticamente le aseguró la candidatura a Tonantzin Fernández quien hoy es alcaldesa, tiene gobierno, territorio, grupo político y conocimiento entre los electores. Pero no podemos creer la idea de que su re-elección será un paseo por el parque, porque del otro lado vuelve a aparecer Roxana Luna, está vez impulsada y financiada por una pareja poderosa de San Andrés que tiene el objetivo de apoderarse de Las Cholulas.

Después de la cerrada elección de 2024, en la que Tonantzin obtuvo la constancia de mayoría con una diferencia de alrededor de 300 votos y Luna impugnó los resultados, Roxana siguió políticamente activa.  Más recientemente, la propia Luna confirmó que buscará nuevamente la presidencia municipal de San Pedro Cholula rumbo a 2027 y que se registró en el proceso interno del PAN como aspirante ciudadana.

Y si Roxana vuelve a competir, no basta con que Tonantzin tenga estructura, Morena necesita impedir que Roxana concentre el voto anti-Morena.

Y ahí es donde Nay Salvatori puede convertirse en una pieza extraordinariamente útil, no necesariamente para ganar: para dividir.

En términos de personalidad política, Nay le quita votos a ambas candidatas. A Tonantzin le resta por desgaste, por inconformidad o por simple rechazo al oficialismo. A Roxana le resta por el mismo fenómeno: un electorado que no quiere ni a una ni a otra y encuentra en Nay una opción “distinta”, aunque no necesariamente competitiva.

Pero en el terreno narrativo ocurre algo más fino. Nay, por su propia identidad política y comunicativa, tiende a confrontar más naturalmente a la derecha que a la izquierda. Su discurso, su historia y su posicionamiento la colocan en un espacio donde el antagonismo con el PAN es más orgánico, más fácil y más rentable mediáticamente.

La candidatura que nadie quiere… pero todos podrían necesitar

Imaginemos el tablero.

Tonantzin por Morena.

Roxana por una oposición competitiva.

Y Nay Salvatori por algún partido pequeño, satélite, emergente o de esos que aparecen en cada elección con una bandera diferente, reciben prerrogativas y descubren mágicamente que su verdadera vocación es “representar a la ciudadanía”.  Y cabe recordar que ya ganó una elección federal bajo las siglas del Partido Encuentro Social, aliado con Morena, en 2018. Es decir, ya sabe lo que significa construir una candidatura fuera de la marca Morena pura.

Una Nay Salvatori en la boleta puede ser muy peligrosa para Roxana y -aunque irónicamente antes eran rivales- favorecer la re-elección de Tonantzin. 

Porque si la elección se divide en tres bloques, el candidato que llegue primero con 35, 36 o 37 por ciento puede terminar ganando aunque una mayoría del electorado haya votado por otras opciones.

Así funciona el perverso encanto de las candidaturas testimoniales: oficialmente compiten para ganar; estratégicamente, algunas sirven para quitarle votos al de enfrente.

La paradoja de Nay

Aquí viene lo divertido.

Morena puede considerar que Nay Salvatori es demasiado incómoda para ponerla en su boleta. Pero precisamente esa incomodidad puede hacerla atractiva para otro partido. Porque mientras para Morena representa riesgo reputacional, para una fuerza pequeña puede representar visibilidad, votos y reflector gratuito.

Y no olvidemos algo fundamental:

Nay tiene un distrito que conoce. No estamos hablando de una influencer que mañana aterriza en Cholula para descubrir dónde está el zócalo. Estamos hablando de una política que ya tiene presencia electoral en esa zona.

Eso no significa que vaya a ganar.

De hecho, personalmente veo mucho más complicado que Nay llegue a convertirse en alcaldesa si enfrenta a una Tonantzin con estructura y a una Roxana con experiencia y capacidad de operación. Pero sí veo perfectamente posible que sea factor.

La lengua que la hizo famosa puede ser ahora su capital político

Morena puede castigar a Nay por aquello que precisamente la hizo popular: su irreverencia, su capacidad de generar conversación, su manera de hablar sin filtro… el problema es que esas mismas características que incomodan a la estructura partidista son las que hacen que un segmento del electorado la identifique inmediatamente.

Es la vieja paradoja de la política moderna: lo que te destruye reputacionalmente también puede darte reconocimiento electoral.

Entonces, ¿Nay va a estar en la boleta?

No lo sabemos. Pero decir que está fuera sería, hoy, una conclusión demasiado cómoda.

La pregunta real no es solamente si Morena la quiere. La pregunta es: ¿qué partido puede necesitarla?

Morena puede haberle cerrado una puerta, pero en política siempre hay una ventana.

Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.

Por Adriana Colchado 

Mi cuenta en X: @Tamalito_Rosa

 

Cuando una mujer perdona violencia, todos la condenan