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Ámbar mexicano: una ventana a la vida prehistórica

Por: Rocío Rios

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Los depósitos de Chiapas conservan organismos y ecosistemas de hace hasta 23 millones de años, convirtiéndose en uno de los tesoros científicos más valiosos del mundo

El ámbar mexicano es considerado uno de los registros naturales más extraordinarios para comprender la historia de la vida en la Tierra. Esta resina fósil, capaz de preservar organismos con un nivel de detalle excepcional, permite a los científicos reconstruir ecosistemas desaparecidos y conocer cómo era la biodiversidad hace millones de años.

México alberga algunos de los depósitos de ámbar más importantes del planeta, especialmente en el estado de Chiapas, donde se han encontrado muestras con una antigüedad que oscila entre los 23 y 15 millones de años, correspondientes al periodo Mioceno.

El ámbar se origina a partir de la resina producida por ciertas especies vegetales. Cuando esta sustancia viscosa fluye desde los árboles, puede atrapar pequeños organismos como insectos, hongos, fragmentos de plantas, microorganismos e incluso diminutos vertebrados.

Con el paso del tiempo, la exposición al oxígeno, la radiación solar y las variaciones de temperatura provoca cambios químicos que transforman la resina en copal. Posteriormente, tras permanecer enterrada durante millones de años y someterse a presión y temperatura elevadas, ocurre el proceso conocido como amberización, mediante el cual se convierte en ámbar.

Aunque las primeras plantas terrestres aparecieron hace aproximadamente 450 millones de años, el registro más antiguo de resina fósil data de hace unos 320 millones de años. Sin embargo, las bioinclusiones, es decir, organismos atrapados dentro de la resina, comenzaron a documentarse desde hace alrededor de 130 millones de años, durante el periodo Cretácico.

Los principales yacimientos mexicanos se localizan en la región de Simojovel de Allende, en Chiapas. Investigaciones científicas han determinado que este ámbar fue producido por especies extintas del género Hymenaea, perteneciente a la familia de las leguminosas.

Las inclusiones biológicas encontradas en estas piezas han permitido reconstruir un antiguo ecosistema tropical dominado por árboles de Hymenaea y rodeado por ambientes estuarinos similares a los manglares actuales.

Entre los organismos preservados destacan principalmente artrópodos, insectos, restos vegetales, polen y diversas especies de plantas con flores, ofreciendo información invaluable sobre la evolución de la biodiversidad en América.

Los estudios también revelan que durante el Mioceno esta región se encontraba prácticamente al nivel del mar. En contraste, actualmente los depósitos de ámbar se localizan entre los 721 y 2 mil 200 metros sobre el nivel del mar, evidencia de los importantes cambios geológicos y ambientales ocurridos durante millones de años.

Además de su relevancia científica, el ámbar representa una importante fuente de ingresos para numerosas comunidades chiapanecas que participan en su extracción, transformación y comercialización, convirtiéndolo en un recurso de valor cultural, turístico y económico.

Especialistas destacan que el ámbar funciona como una auténtica cápsula del tiempo, capaz de conservar momentos específicos de la historia natural del planeta y ofrecer información que difícilmente podría obtenerse por otros medios.

Por ello, investigadores y autoridades subrayan la importancia de proteger los depósitos de ámbar y los ecosistemas asociados, ya que constituyen un patrimonio natural irremplazable que contribuye al conocimiento de la evolución de la vida y al fortalecimiento de la conservación de la biodiversidad.

El ámbar mexicano no solo guarda organismos atrapados hace millones de años; también preserva fragmentos de la historia de la Tierra, convirtiéndose en una de las ventanas más fascinantes hacia el pasado de nuestro planeta.

Fuente: Revista Nuestra Tierra