Especialistas alertan que estos insectos depositan sus huevos dentro de los granos y favorecen la aparición de toxinas que pueden permanecer incluso después de cocinar los alimentos
Aunque a simple vista un grano de arroz, maíz, trigo o frijol puede parecer en perfecto estado, especialistas advierten que podría albergar en su interior una plaga difícil de detectar: el gorgojo, un pequeño escarabajo que deposita sus huevos dentro de los granos y cuyo ciclo de vida puede pasar completamente desapercibido.
De acuerdo con investigadores del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), entre el 20 y el 30 por ciento de los granos almacenados en el mundo se pierde antes de llegar al consumidor debido, principalmente, a la acción de estos insectos, que afectan la calidad y el valor nutricional de los alimentos.
Un insecto que se desarrolla dentro del grano
Las especies más comunes que infestan los granos almacenados en México son el gorgojo del trigo (Sitophilus granarius), el gorgojo del arroz (Sitophilus oryzae) y el gorgojo del maíz (Sitophilus zeamais).
La hembra perfora el grano, deposita un huevo en su interior y posteriormente sella la abertura con una secreción que hace prácticamente invisible el orificio. De esta forma, la larva crece protegida dentro del alimento hasta completar su desarrollo.
Durante este proceso, el grano mantiene una apariencia normal, por lo que resulta casi imposible detectar la infestación sin una revisión detallada. Solo cuando el insecto adulto emerge deja un pequeño orificio visible que evidencia el daño interno.
El mayor riesgo no es el insecto
Los especialistas señalan que ingerir accidentalmente uno o varios gorgojos normalmente no representa un riesgo grave para la salud.
Sin embargo, el verdadero problema aparece cuando la actividad de estos insectos incrementa la humedad y la temperatura de los granos almacenados, condiciones ideales para el crecimiento de hongos.
Algunas de estas especies producen micotoxinas, sustancias tóxicas que pueden permanecer presentes incluso después de cocinar o procesar los alimentos, lo que representa un riesgo potencial para la salud.
Además, la infestación provoca una disminución del contenido de carbohidratos, reduce el valor energético de los granos y disminuye la disponibilidad de minerales esenciales como el calcio. También deja residuos como excrementos, restos de muda y fragmentos de insectos que afectan la calidad del producto.
La norma contempla fragmentos de insectos
La Norma Oficial Mexicana NOM-247-SSA1 establece límites permitidos para ciertos contaminantes inevitables durante el procesamiento de alimentos.
Entre ellos, permite que una harina destinada al consumo humano pueda contener hasta 50 fragmentos de insectos por cada 50 gramos, siempre que cumpla con los parámetros sanitarios establecidos.
Esto refleja que la presencia de pequeños restos de insectos puede ser prácticamente imposible de eliminar por completo durante los procesos industriales.
Cómo identificar una infestación
Los investigadores recomiendan revisar periódicamente los productos almacenados en casa y prestar atención a señales como:
- Granos huecos o quebradizos.
- Harina apelmazada.
- Polvo fino o residuos en el fondo del envase.
- Olor rancio o desagradable.
- Presencia de insectos vivos, muertos o larvas.
Cuando la infestación ya es visible, lo más recomendable es desechar el alimento para evitar riesgos sanitarios.
Cómo prevenir los gorgojos
Especialistas del CIAD sugieren almacenar arroz, frijol, maíz, trigo y otros granos en recipientes herméticos de vidrio o plástico rígido, ya que limitan el ingreso de humedad y oxígeno.
También recomiendan evitar conservar estos productos en envases de cartón o papel durante largos periodos, pues los gorgojos pueden perforarlos fácilmente.
En caso de detectar una infestación, es importante revisar todos los alimentos cercanos y limpiar a profundidad el área de almacenamiento, ya que los huevecillos pueden permanecer ocultos y originar nuevas plagas.
Conservar adecuadamente los granos y revisar periódicamente la despensa son medidas sencillas que ayudan a reducir el riesgo de contaminación y a proteger la calidad e inocuidad de los alimentos que llegan a la mesa.