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Llegó la hora de los avatares en las aulas: Harvard clona a sus docentes

Por: Admin

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La escuela de negocios de la universidad americana y el Imperial College de Londres crean réplicas digitales de IA de algunos profesores

 

David Shrier no siempre ha sido dueño de su imagen. Cuando este profesor universitario abandonó la antigua institución académica donde impartía clases, esta siguió usando su rostro para promocionar un curso de emprendimiento en línea, con vídeos que él había grabado y sin pagarle nada a cambio. Tuvo que contratar a un abogado para que los retirasen de internet. Pero la idea no se desvaneció tras el pleito. Hoy Shrier enseña en Imperial Business School, en Londres, y cuenta con una réplica digital que responde a sus alumnos a cualquier hora. La conocen como Davatar. “Lo que sé es que ahora mi nombre, mi imagen y mi apariencia me pertenecen”, afirma.

La inteligencia artificial (IA) ha facilitado a las universidades la creación de réplicas virtuales de sus profesores. Desde abril de este año, Harvard Business School ofrece HBS Foundry, un programa online de ocho semanas, con un precio de 699 dólares, dirigido a fundadores de empresas emergentes. La plataforma proyecta avatares en vídeo de siete profesores, creados por la empresa estadounidense HeyGen. Ante ellos, los emprendedores —estudiantes de posgrado y de doctorado— simulan presentaciones a inversores, llamadas de venta y reuniones de un consejo de administración. Según The New York Times, Harvard lo ha probado en más de 100 universidades hasta la fecha. El curso está abierto al público, aunque para inscribirse hay que solicitar acceso por escrito.

Katharina Rings, directora de la iniciativa, considera que la cercanía que pueden generar los avatares animados por IA es una de las claves del éxito del programa. “Escuchamos repetidamente que la IA puede parecer anónima, casi como una caja negra”, explica a EL PAÍS por correo electrónico. Con un avatar, el emprendedor sabe que hay una persona real detrás, lo que aumenta la interacción, añade Rings. Foteini Giannopoulou, diseñadora instruccional del programa, agrega que la IA abre un nuevo camino en las escuelas de negocios, donde la práctica es fundamental: “Con la IA podemos ir más allá del acceso a la información y avanzar hacia un acceso más amplio a la práctica”.

Harvard, sin embargo, todavía no tiene datos que demuestren que, con los avatares, se aprende más. “Foundry se lanzó hace poco, así que todavía no tenemos resultados longitudinales que comparen a los fundadores que ensayaron con los avatares con aquellos que no lo hicieron”, reconoce Rings. Aunque han detectado, a través de encuestas, que los estudiantes que usan el programa llegan más serenos a las reuniones de negocios y los inversores confirman haberlos visto más precisos en sus presentaciones.

Enrique Dans, profesor de innovación en IE University, tampoco da por hecho que estos programas mejoren el aprendizaje. “Podrían ofrecer resultados equivalentes a un menor coste o atender a quien ahora no recibe ayuda. Aunque sin evaluación independiente, solo tenemos una herramienta de marketing con apariencia de docente”.

Pioneros en el sector

La otra experiencia pionera se sitúa en el Imperial College, donde Shier es profesor. Este docente puso en marcha su avatar en enero de 2024 con sus alumnos de AI Ventures, una asignatura que, según sus cuentas, ha pasado de 78 a unos 200 estudiantes. La réplica se alimenta de más de medio millón de palabras procedentes de sus escritos y materiales, según el académico.

Uno de los mayores temores que despierta este tipo de iniciativas es que los avatares de IA puedan inventar contenido no autorizado previamente por cada docente. Los tutores de IA ya se han equivocado en el pasado. En febrero de 2024, The Wall Street Journal puso a prueba Khanmigo, el tutor de la organización educativa Khan Academy. El sistema falló en restas elementales y dio por buena una respuesta errónea a un problema del teorema de Pitágoras con un entusiasta “¡Excelente!”.

Rings sostiene que en Harvard cada profesor “puede revisar lo que dice su avatar y hacer cambios en cualquier momento”. Jeff Bussgang, profesor de la escuela y cofundador del fondo de capital riesgo Flybridge Capital, es el rostro más visible del programa. Al principio, Bussgang revisaba las conversaciones de su réplica a través de un portal. Aunque admite que ya no lo hace: “Simplemente confío en Katharina, en su equipo y en el algoritmo”, confiesa.

En cambio, Shikhar Ghosh, otro profesor con una réplica virtual en Harvard, actualiza su avatar a medida que cambia su forma de pensar y recibe un aviso cada vez que alguien intenta sacar a la simulación virtual de su ámbito de estudio. Un usuario llegó a pedirle que redactara su acuerdo prematrimonial. Shrier, por su parte, trabaja con Star Echo, una empresa fundada por un antiguo alumno suyo, con la que pudo establecer límites respecto del contenido que su clon digital puede generar. “No quiero que se le pueda forzar a decir cualquier cosa a mi avatar oficial de la universidad”, puntualiza.

Descontento

En los campus estadounidenses, parte del profesorado denuncia que la IA se está introduciendo sin su participación. En un informe de julio de 2025, basado en una encuesta a 500 docentes, la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios (AAUP) constató que el 71% percibe que la introducción de la IA está liderada de forma abrumadora por los gestores, con escasa participación del profesorado. El documento también advierte sobre sus implicaciones para la propiedad intelectual.

Las preocupaciones, en el caso del cuerpo docente del Imperial College, se centran principalmente en la propiedad intelectual y en el temor a que la IA les atribuya palabras con las que no estén de acuerdo, por ejemplo, información errónea u obsoleta, según O’Grady, diseñador jefe de aprendizaje en Idea Lab de esta universidad. Dans considera que la responsabilidad primaria debe recaer en la universidad que lo ofrece, sin perjuicio de la del proveedor tecnológico y del propio docente si ha cedido su identidad. “El riesgo es especialmente grave porque la cara y la voz de los catedráticos revisten cualquier respuesta de una autoridad prestada, es decir, el estudiante no percibe una alucinación algorítmica, sino una afirmación de un profesor”, comenta el docente.

Estados Unidos no cuenta con una ley federal sobre réplicas digitales, aunque algunos Estados, como California y Tennessee, ya regulan su uso. El proyecto de ley No Fakes, que sentaría las bases de una norma nacional, superó en junio la comisión judicial del Senado y sigue en tramitación. En la Unión Europea, desde el 2 de agosto de este año, el artículo 50 del Reglamento de Inteligencia Artificial obliga a las empresas a notificar a los usuarios que interactúan con una IA y a etiquetar los contenidos que imitan a personas reales. En España, el Consejo de Ministros aprobó el 7 de julio un proyecto de ley orgánica que considera ilegítimo el uso, sin autorización, de la voz o la imagen de alguien con fines publicitarios o comerciales mediante IA. Pese a todo, Bussgang no encuentra límites para el uso de los avatares en la universidad. El formato tiene “aplicabilidad universal”, asegura. “No se me ocurre ningún entorno en el que no pueda funcionar”.