Especialistas advierten que la obsolescencia tecnológica, el cambio climático y el deterioro de soportes analógicos ponen en riesgo una parte fundamental de la memoria histórica y cultural de la humanidad
La preservación de archivos sonoros y audiovisuales se ha convertido en uno de los mayores desafíos para la conservación del patrimonio documental en el siglo XXI. Especialistas alertan que miles de registros históricos, culturales, científicos y artísticos podrían perderse debido al deterioro de los soportes físicos, la rápida evolución tecnológica y los efectos del cambio climático.
Desde la segunda mitad del siglo XX, los formatos para almacenar audio e imagen experimentaron una transformación constante. Los discos de vinilo sustituyeron a los discos de 78 revoluciones por minuto, posteriormente aparecieron los casetes de audio y más tarde los discos compactos (CD), que durante años dominaron el mercado por su calidad de sonido y facilidad de almacenamiento.
En el ámbito audiovisual ocurrió un proceso similar. Las películas fotográficas, los videocasetes VHS, Betamax y Betacam fueron durante décadas los principales soportes para conservar imágenes y grabaciones. Sin embargo, la llegada de la tecnología digital modificó radicalmente la manera de registrar, almacenar y consumir contenidos.
La directora del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI) de la UNAM, Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, explicó que estos documentos constituyen una parte esencial de la memoria colectiva de las sociedades.
“Cuando hablamos de la preservación documental de archivos sonoros y audiovisuales nos referimos a una parte de nuestro patrimonio, donde se encuentra registrada la historia, las expresiones culturales, artísticas y científicas de la humanidad”, señaló la especialista.
Rodríguez Reséndiz destacó que los soportes analógicos poseen una vida útil limitada. Materiales como discos de vinilo, cintas magnéticas, casetes y videocasetes sufren un proceso de degradación natural conocido como degralescencia, que provoca el deterioro gradual de sus componentes físicos.
Para reducir estos daños, los materiales deben almacenarse en condiciones controladas, con temperaturas cercanas a los 18 grados centígrados y niveles de humedad relativa alrededor del 40 por ciento.
Sin embargo, el deterioro físico no es la única amenaza. La obsolescencia tecnológica representa otro desafío importante, ya que muchos de los dispositivos necesarios para reproducir estos formatos han dejado de fabricarse o son cada vez más difíciles de conseguir.
Ante este panorama, los especialistas consideran indispensable transferir los contenidos analógicos a formatos digitales que permitan garantizar su conservación y acceso a largo plazo.
No obstante, la digitalización también enfrenta retos significativos. De acuerdo con investigaciones recientes, apenas se preserva alrededor del 2 por ciento de los datos que se generan a nivel mundial, lo que evidencia la magnitud del problema.
La académica subrayó que existe una falsa percepción de que almacenar archivos en computadoras, discos duros o memorias USB garantiza automáticamente su conservación. En realidad, estos dispositivos también pueden deteriorarse, quedar obsoletos o perder información debido a fallas técnicas.
Por ello, la preservación digital requiere procesos especializados que incluyen la gestión de metadatos, sistemas de respaldo, actualización constante de hardware y software, así como estrategias de almacenamiento diseñadas para garantizar la permanencia de los documentos durante décadas.
La UNAM resguarda importantes colecciones sonoras y audiovisuales consideradas fundamentales para la historia cultural de México. Entre ellas destacan Voz Viva de México, los archivos de Radio UNAM, la Filmoteca de la UNAM y las producciones de TV UNAM.
Además de la preservación documental, los expertos advierten sobre la relación existente entre los archivos digitales y el cambio climático. La conservación de grandes volúmenes de información requiere centros de datos que consumen enormes cantidades de energía eléctrica y agua para mantener sus sistemas de enfriamiento.
Asimismo, la fabricación de equipos tecnológicos depende de recursos naturales como minerales estratégicos y combustibles fósiles, mientras que el desecho de dispositivos genera importantes cantidades de basura electrónica con impactos ambientales y sanitarios.
Paradójicamente, los efectos del cambio climático también amenazan directamente la conservación digital. Fenómenos como inundaciones, sequías, aumento del nivel del mar y eventos meteorológicos extremos pueden afectar centros de almacenamiento y archivos especializados.
Otro aspecto que llama la atención de los especialistas es la fragilidad de algunos formatos digitales considerados revolucionarios en su momento. Según Rodríguez Reséndiz, los CD y DVD se encuentran entre los soportes más vulnerables de la historia reciente, con una vida útil estimada de entre 10 y 20 años, dependiendo de su calidad y condiciones de almacenamiento.
En contraste, discos de vinilo conservados adecuadamente pueden mantenerse en buen estado durante casi un siglo, demostrando que la durabilidad de los soportes no siempre está ligada a su modernidad tecnológica.
Los especialistas coinciden en que preservar los archivos sonoros y audiovisuales significa proteger una parte fundamental de la memoria de las sociedades. En ellos se encuentran registradas las voces de escritores, científicos, artistas, líderes sociales y acontecimientos que han marcado la historia contemporánea.
Por ello, destacan la necesidad de fortalecer las políticas de conservación, digitalización y acceso a estos materiales, con el fin de garantizar que las futuras generaciones puedan conocer y comprender el patrimonio cultural, científico e histórico que hoy se encuentra almacenado en miles de registros sonoros y audiovisuales alrededor del mundo.
Fuente: Revista Global UNAM